Investigador
Estimada
compañera, doctora Araceli:
Estimados
compañeras y compañeros:
Para
el Ministerio de Cultura y para el Centro de Investigación
y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, constituye un
verdadero honor, que nos llena de regocijo, el merecido otorgamiento
del Premio Nacional de Investigación Cultural a la destacada
bibliotecaria y bibliógrafa, doctora. Araceli García
Carranza Bassetti, quien se ha desempeñado en el ejercicio
de su profesión, de forma continua, durante cuarenta y tres
años, en la Biblioteca Nacional José Martí.
Tengo
la plena convicción que los bibliotecarios, bibliógrafos,
profesores, investigadores, intelectuales y estudiantes de nuestro
país, beneficiarios todos de la obra extraordinaria de Araceli,
sienten, saludan y disfrutan, con la misma satisfacción nuestra,
la justeza de este noble reconocimiento a la obra intelectual y
científica de toda una vida, que ha sido otorgado a la querida
compañera Araceli García Carranza.
A los
que de un modo u otro hemos tenido o tenemos que ver con el entrañable
universo del libro cubano, nos resulta excepcional y como propio
este premio que recibe una destacadísima compañera
de nuestro ámbito, que por extensión deviene también
en reconocimiento a una institución y una profesión
que constituyen agentes claves, esenciales, de nuestra cultura.
La
Biblioteca Nacional José Martí, cuyo centenario celebramos
hace unos pocos años, es una de las instituciones más
honorables con que cuenta la nación cubana, por la digna
y heroica jornada cultural rendida a esta altura de su existencia
histórica, en la delicadísima gestión de atesorar,
conservar, proteger y promover la cultura patria y universal.
Araceli
ha tenido el privilegio, junto con otros compañeros, de haber
permanecido en la Biblioteca Nacional durante los últimos
cuarenta y tres años, institución que ha sido caja
de resonancia de las grandes, inmensas realizaciones culturales
de la Revolución en todas las esferas, y en especial en el
ámbito del libro y la expansión de la red de bibliotecas
en toda Cuba, y también de grises momentos que por fortuna
quedaron atrás.
Los
frutos que aporta cada día la Biblioteca Nacional José
Martí, son sobrado motivo de agradecimiento y veneración
por parte de todas las instituciones de nuestra cultura que la admiran,
junto a la Universidad de La Habana, como a hermana mayor.
Las
bibliotecas y los bibliotecarios forman parte indisoluble del complejo
cultural que integra la larga cadena de comunicación que
va desde el escritor hasta el lector, difundiendo a escala social
los mensajes de información y de cultura.
El
bibliotecario es uno de los principales conductos que propician
que el hecho cultural del libro se someta a la opinión del
público y, al propio tiempo, constituye el canal de retroalimentación,
mediante el cual el editor y el autor reciben estas opiniones con
la consecuente interacción que este sistema supone. Es una
antena sensible; personaje del mundo del libro que se halla en contacto
directo y sistemático con el lector; por ello, es promotor,
animador y agente de acción cultural constante en su contexto,
cuya responsabilidad no termina con el simple préstamo del
libro, ya que lo que está promoviendo es la lectura y leer,
además de aprender, es reflexionar, trabajar, pensar, disfrutar,
sensibilizar y sobre todo humanizar. Recordemos a Borges cuando
dijo: "De los diversos instrumentos del hombre, el más
asombroso es, sin duda alguna, el libro". Para agregar: "El
libro es una extensión de la memoria".
El
bibliógrafo, cuya labor es bastante poco conocida, es el
especialista de la información que en delicadas y agotadoras
jornadas y mediante largas y sistemáticas investigaciones
dirigidas a la recopilación, búsqueda y ordenamiento
científico de la información dispersa, conforma una
obra de consulta de inapreciable valor para el investigador, el
profesor, el estudioso o el simple lector que necesite ilustrarse
sobre una materia o la obra de una personalidad. La cultura impresa
halla en el bibliógrafo a su colaborador natural, a quien
compacta, ordena y lega a las generaciones actuales y futuras, compendios,
catálogos y listados imprescindibles para la conservación
y uso racionales del patrimonio literario de la nación.
Los
bibliógrafos están unidos por un denominador común:
son ejemplo de respeto a la cultura, de abnegación y entrega
a un trabajo minucioso y anónimo, que requiere esfuerzos
intelectuales muy
serios e intensos, y muy bien orientados. Al honrarlos, reconocemos
uno de los aportes fundamentales para la transmisión de la
memoria cultural de nuestra patria. La cultura impresa es la tesorera,
por antonomasia, de nuestra identidad como nación, en ella
se fijan y aquilatan nuestras esencias como cultura original e irrepetible,
así como nuestros nexos más sólidos con el
patrimonio universal; ponerla al alcance del investigador, en catálogos
cuya consulta es fácil y precisa, supone la capacidad creativa
del bibliógrafo para encontrar la estructura adecuada, y
aplicar con acierto al caso particular, las leyes generales de la
ciencia de la bibliografía. No faltan gentes ingenuas que
ejercen un tipo de terrorismo telemático, según el
cual el bibliógrafo es una especie que se extingue ante el
avance de ese matrimonio maravilloso de la computación con
las telecomunicaciones en el servicio informativo; y lo cierto es
que de lo que se trata es de una transformación espectacular
del concepto tradicional de bibliógrafo, especialista que
en lo adelante contará con un ejército automatizado
que le alivie la tarea y le acorte los tiempos de trabajo de manera
fenomenal; lo que sí no podrá de ningún modo
sustituirse es la inteligencia y la pasión del especialista
de la información, cuya experiencia, capacidad y cultura
constituyen los ingredientes indispensables para obtener una respuesta
verdaderamente eficaz de la computación.
Araceli
García Carranza, es nuestra bibliógrafa mayor en el
tema de humanidades y de grandes personalidades de nuestra cultura.
Ella es también la especialista que compila anualmente la
bibliografía del Apóstol, desde 1968, primero para
los Anuarios Martianos y después para el Anuario del Centro
de Estudios Martianos, la que atiende a decenas de investigadores
cubanos y extranjeros, por el profundo conocimiento que tiene de
los fondos atesorados por la Biblioteca Nacional José Martí,
así como por el dominio de los temas de la cultura cubana,
que le permite orientarse con maestría y pericia en el universo
de la erudición bibliotecaria.
Basta
una simple hojeada a su currículum y allí veremos
obras capitales de la bibliografía nacional:
·
Bibliografía de Eliseo Diego.
·
Biobliografía de don Fernando Ortiz.
·
De la Guerra de Independencia.
·
De Alejo Carpentier.
·
De Emilio Roig.
·
De Ramiro Guerra
·
Bibliografía cubana del Comandante Ernesto Che Guevara.
·
De Carlos Rafael Rodríguez.
·
De Lezama Lima.
·
De Eusebio Leal.
·
De arte cubano.
·
De Cintio Vitier, con su hermana Josefina García Carranza,
colaboradora imprescindible en varios de sus repertorios bibliográficos.
·
De Roberto Fernández Retamar.
·
De Lisandro Otero, entre otros muchos.
·
CD ROM de la Cultura Cubana (Selección Bibliográfica
1723-1998).
·
Índices analíticos de importantes revistas cubanas
de los siglos xix y xx.
·
Cronologías de figuras y hechos capitales de nuestra historia
y cultura.
·
Numerosos catálogos de exposiciones.
·
Múltiples colaboraciones especializadas en revistas cubanas
y extranjeras.
·
Participación como ponente en innumerables eventos científicos
y en misiones técnicas de su especialidad en Cuba y el exterior.
·
Tutora de tesis de grado, orientadora sin par de especialistas,
investigadores y estudiantes.
·
Jefa del Departamento de Bibliografía Cubana, desde 1989.
·
Curadora de la colección Alejo Carpentier, desde 1971.
·
Asesora de la red de bibliotecas públicas de todo el país.
·
Investigadora titular.
·
Profesora adjunta de la Universidad de La Habana.
·
Jefa de redacción de la Revista de la Biblioteca Nacional,
desde 1999.
·
Presidenta del Consejo asesor, también de la Biblioteca,
desde 2001.
·
Miembro del Tribunal de Categorías Científicas del
Ministerio de Cultura.
·
Ostenta, además, múltiples reconocimientos, distinciones
y medallas por su obra.
Resulta
monumental la obra de esta científica cubana, que sin embargo,
por su elocuente modestia, acaba de afirmar en una entrevista, que
su mayor inconformidad es no tener otra vida para continuar y no
haber hecho mucho más en esta.
El
Premio Nacional de Investigación Cultural no se le otorga
sólo a la investigadora y científica que representa
lo más laborioso, abnegado y culto de nuestro sistema bibliotecario
y bibliográfico. Se le otorga también a una compañera
inteligente, delicada, servicial, toda constancia, finura, cortesía
y elevación de espíritu, cuyo amor por la biblioteca,
el libro y la lectura, son un ejemplo inconmensurable para todos
nosotros y para los que después de nosotros vendrán.
Felicidades,
Araceli por tu vida ejemplar, por tu bondad, por tu obra notable,
por tu experiencia y plenitud creadora y sobre todo por tu ejemplo.
Muchas
gracias.
*
Acto celebrado el 29 de diciembre de 2004 en el Centro de Investigaciones
Culturales Juan Marinello. Muchas felicidades a nuestra bibliógrafa
mayor.
regresar |