Palabras en el acto de entrega del Premio Nacional de Investigación Cultural 2003 a la doctora Araceli García Carranza Bassetti*

Pablo Pacheco

Investigador


Estimada compañera, doctora Araceli:

Estimados compañeras y compañeros:

Para el Ministerio de Cultura y para el Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, constituye un verdadero honor, que nos llena de regocijo, el merecido otorgamiento del Premio Nacional de Investigación Cultural a la destacada bibliotecaria y bibliógrafa, doctora. Araceli García Carranza Bassetti, quien se ha desempeñado en el ejercicio de su profesión, de forma continua, durante cuarenta y tres años, en la Biblioteca Nacional José Martí.

Tengo la plena convicción que los bibliotecarios, bibliógrafos, profesores, investigadores, intelectuales y estudiantes de nuestro país, beneficiarios todos de la obra extraordinaria de Araceli, sienten, saludan y disfrutan, con la misma satisfacción nuestra, la justeza de este noble reconocimiento a la obra intelectual y científica de toda una vida, que ha sido otorgado a la querida compañera Araceli García Carranza.

A los que de un modo u otro hemos tenido o tenemos que ver con el entrañable universo del libro cubano, nos resulta excepcional y como propio este premio que recibe una destacadísima compañera de nuestro ámbito, que por extensión deviene también en reconocimiento a una institución y una profesión que constituyen agentes claves, esenciales, de nuestra cultura.

La Biblioteca Nacional José Martí, cuyo centenario celebramos hace unos pocos años, es una de las instituciones más honorables con que cuenta la nación cubana, por la digna y heroica jornada cultural rendida a esta altura de su existencia histórica, en la delicadísima gestión de atesorar, conservar, proteger y promover la cultura patria y universal.

Araceli ha tenido el privilegio, junto con otros compañeros, de haber permanecido en la Biblioteca Nacional durante los últimos cuarenta y tres años, institución que ha sido caja de resonancia de las grandes, inmensas realizaciones culturales de la Revolución en todas las esferas, y en especial en el ámbito del libro y la expansión de la red de bibliotecas en toda Cuba, y también de grises momentos que por fortuna quedaron atrás.

Los frutos que aporta cada día la Biblioteca Nacional José Martí, son sobrado motivo de agradecimiento y veneración por parte de todas las instituciones de nuestra cultura que la admiran, junto a la Universidad de La Habana, como a hermana mayor.

Las bibliotecas y los bibliotecarios forman parte indisoluble del complejo cultural que integra la larga cadena de comunicación que va desde el escritor hasta el lector, difundiendo a escala social los mensajes de información y de cultura.

El bibliotecario es uno de los principales conductos que propician que el hecho cultural del libro se someta a la opinión del público y, al propio tiempo, constituye el canal de retroalimentación, mediante el cual el editor y el autor reciben estas opiniones con la consecuente interacción que este sistema supone. Es una antena sensible; personaje del mundo del libro que se halla en contacto directo y sistemático con el lector; por ello, es promotor, animador y agente de acción cultural constante en su contexto, cuya responsabilidad no termina con el simple préstamo del libro, ya que lo que está promoviendo es la lectura y leer, además de aprender, es reflexionar, trabajar, pensar, disfrutar, sensibilizar y sobre todo humanizar. Recordemos a Borges cuando dijo: "De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda alguna, el libro". Para agregar: "El libro es una extensión de la memoria".

El bibliógrafo, cuya labor es bastante poco conocida, es el especialista de la información que en delicadas y agotadoras jornadas y mediante largas y sistemáticas investigaciones dirigidas a la recopilación, búsqueda y ordenamiento científico de la información dispersa, conforma una obra de consulta de inapreciable valor para el investigador, el profesor, el estudioso o el simple lector que necesite ilustrarse sobre una materia o la obra de una personalidad. La cultura impresa halla en el bibliógrafo a su colaborador natural, a quien compacta, ordena y lega a las generaciones actuales y futuras, compendios, catálogos y listados imprescindibles para la conservación y uso racionales del patrimonio literario de la nación.

Los bibliógrafos están unidos por un denominador común: son ejemplo de respeto a la cultura, de abnegación y entrega a un trabajo minucioso y anónimo, que requiere esfuerzos intelectuales muy serios e intensos, y muy bien orientados. Al honrarlos, reconocemos uno de los aportes fundamentales para la transmisión de la memoria cultural de nuestra patria. La cultura impresa es la tesorera, por antonomasia, de nuestra identidad como nación, en ella se fijan y aquilatan nuestras esencias como cultura original e irrepetible, así como nuestros nexos más sólidos con el patrimonio universal; ponerla al alcance del investigador, en catálogos cuya consulta es fácil y precisa, supone la capacidad creativa del bibliógrafo para encontrar la estructura adecuada, y aplicar con acierto al caso particular, las leyes generales de la ciencia de la bibliografía. No faltan gentes ingenuas que ejercen un tipo de terrorismo telemático, según el cual el bibliógrafo es una especie que se extingue ante el avance de ese matrimonio maravilloso de la computación con las telecomunicaciones en el servicio informativo; y lo cierto es que de lo que se trata es de una transformación espectacular del concepto tradicional de bibliógrafo, especialista que en lo adelante contará con un ejército automatizado que le alivie la tarea y le acorte los tiempos de trabajo de manera fenomenal; lo que sí no podrá de ningún modo sustituirse es la inteligencia y la pasión del especialista de la información, cuya experiencia, capacidad y cultura constituyen los ingredientes indispensables para obtener una respuesta verdaderamente eficaz de la computación.

Araceli García Carranza, es nuestra bibliógrafa mayor en el tema de humanidades y de grandes personalidades de nuestra cultura. Ella es también la especialista que compila anualmente la bibliografía del Apóstol, desde 1968, primero para los Anuarios Martianos y después para el Anuario del Centro de Estudios Martianos, la que atiende a decenas de investigadores cubanos y extranjeros, por el profundo conocimiento que tiene de los fondos atesorados por la Biblioteca Nacional José Martí, así como por el dominio de los temas de la cultura cubana, que le permite orientarse con maestría y pericia en el universo de la erudición bibliotecaria.

Basta una simple hojeada a su currículum y allí veremos obras capitales de la bibliografía nacional:

· Bibliografía de Eliseo Diego.

· Biobliografía de don Fernando Ortiz.

· De la Guerra de Independencia.

· De Alejo Carpentier.

· De Emilio Roig.

· De Ramiro Guerra

· Bibliografía cubana del Comandante Ernesto Che Guevara.

· De Carlos Rafael Rodríguez.

· De Lezama Lima.

· De Eusebio Leal.

· De arte cubano.

· De Cintio Vitier, con su hermana Josefina García Carranza, colaboradora imprescindible en varios de sus repertorios bibliográficos.

· De Roberto Fernández Retamar.

· De Lisandro Otero, entre otros muchos.

· CD ROM de la Cultura Cubana (Selección Bibliográfica 1723-1998).

· Índices analíticos de importantes revistas cubanas de los siglos xix y xx.

· Cronologías de figuras y hechos capitales de nuestra historia y cultura.

· Numerosos catálogos de exposiciones.

· Múltiples colaboraciones especializadas en revistas cubanas y extranjeras.

· Participación como ponente en innumerables eventos científicos y en misiones técnicas de su especialidad en Cuba y el exterior.

· Tutora de tesis de grado, orientadora sin par de especialistas, investigadores y estudiantes.

· Jefa del Departamento de Bibliografía Cubana, desde 1989.

· Curadora de la colección Alejo Carpentier, desde 1971.

· Asesora de la red de bibliotecas públicas de todo el país.

· Investigadora titular.

· Profesora adjunta de la Universidad de La Habana.

· Jefa de redacción de la Revista de la Biblioteca Nacional, desde 1999.

· Presidenta del Consejo asesor, también de la Biblioteca, desde 2001.

· Miembro del Tribunal de Categorías Científicas del Ministerio de Cultura.

· Ostenta, además, múltiples reconocimientos, distinciones y medallas por su obra.

Resulta monumental la obra de esta científica cubana, que sin embargo, por su elocuente modestia, acaba de afirmar en una entrevista, que su mayor inconformidad es no tener otra vida para continuar y no haber hecho mucho más en esta.

El Premio Nacional de Investigación Cultural no se le otorga sólo a la investigadora y científica que representa lo más laborioso, abnegado y culto de nuestro sistema bibliotecario y bibliográfico. Se le otorga también a una compañera inteligente, delicada, servicial, toda constancia, finura, cortesía y elevación de espíritu, cuyo amor por la biblioteca, el libro y la lectura, son un ejemplo inconmensurable para todos nosotros y para los que después de nosotros vendrán.

Felicidades, Araceli por tu vida ejemplar, por tu bondad, por tu obra notable, por tu experiencia y plenitud creadora y sobre todo por tu ejemplo.

Muchas gracias.

* Acto celebrado el 29 de diciembre de 2004 en el Centro de Investigaciones Culturales Juan Marinello. Muchas felicidades a nuestra bibliógrafa mayor.

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Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Año 96, No. 1-2 ENERO-JUNIO 2005