Investigador
de la Biblioteca Nacional José Martí
El
presente trabajo surge a partir del hallazgo de una singular carta
de Fernando Ortiz en el conjunto de escritos suyos que se conserva
en el fondo de documentos de la Biblioteca Nacional José
Martí. El hecho ocurrió cuando al rastrear en la tupida
fronda de papeles de don Fernando, tuve la suerte de hallar una
carta del sabio cubano _inédita como todas las de ese fondo
documentario_ cuya importancia se reveló al instante. Se
trata de lo que, en cierto modo, pudiera calificarse como un raro
ejemplar, tanto por su inusual extensión de dos páginas
muy apretadas (Ortiz solía ser breve y sintético en
su correspondencia), como por el año en que la escribió,
1932, estando exiliado en Washington a causa de la dictadura de
Machado, etapa de la cual en la Biblioteca Nacional hay relativamente
pocos documentos escritos por Ortiz.
Algunos
de los aspectos de dicha carta que resultan más interesantes
para el investigador histórico, se presentaban al inicio
como interrogantes, entre otras razones, porque no se contaba con
la supuesta carta que había motivado como respuesta la presente,
ni tampoco aparecieron las que suponemos habrían de sucederse
entre Ortiz y su interlocutor. De manera que estábamos en
ese momento (y lo estamos aún) ante un fragmento de diálogo
interrumpido, en el que sólo conocemos unas frases intermedias
de uno de los hablantes. Sin embargo, a pesar de esas incógnitas,
en conjunto la carta resultaba de gran interés, sobre todo
por la revelación que nos brinda Ortiz en ella, al expresar
a un amigo sus criterios sobre la gravísima crisis política
cubana de ese penúltimo año de la dictadura machadista.
Se
sabe que Fernando Ortiz continuaba políticamente muy activo
durante su exilio en los Estados Unidos, pero muchos detalles de
esa actividad se desconocen aún; algunos se atisban en esta
carta reveladora. Se sabe también cuál era la opinión
que Ortiz tenía sobre la política norteamericana hacia
Cuba durante las primeras décadas de la "seudorrepública",
como él le llamara a aquellas décadas iniciales del
siglo xx en Cuba; pero esta carta nos permite, tal vez, ir un poco
más allá: aquí confiesa a un amigo íntimo
cuál es en su opinión la táctica y la estrategia
que
deben seguir los cubanos para salvar la patria.
Algunas
facetas de la carta comenzaron a esclarecerse al principio consultando
textos auxiliares, pero sobre todo después, gracias a la
generosa colaboración del historiador Carlos del Toro y de
la investigadora Ana Cairo, ambos entusiastas estudiosos de la vida
y de la obra de Fernando Ortiz. Otros aspectos y detalles esperan
para ser dilucidados por el tiempo y la dedicación que ellos
y otros investigadores pueden continuar entregándole a la
papelería apasionante de Ortiz.
Dice
así la misiva:
Washington,
noviembre 19, 1932.
Sr. Dr. Carlos E. Finlay
S Clenside Road,
South Orange, N. J.
Muy estimado amigo:
Muchas gracias por su carta del 17. No he recibido aún la
respuesta del Dr. Cruz con la modificación al programa de
que Ud. me habla.
Con
mucho gusto le remito a Ud. en este mismo sobre dos copias de mi
carta al Dr. Cruz y del proyecto de programa mínimo común,
para su remisión al Directorio Estudiantil como Ud. me indica.
Creo
que los momentos son de gran valor si la oposición sabe aprovecharlos
con una atinada acción en este país, desde donde tiran
de los cordelitos de las marionettes cubanas, de las gubernamentales
y de algunas de la oposición. Sin contar con la enorme masa
de intereses económicos controladores de nuestra economía
nacional. Ante estas realidades sólo quedan los caminos bien
sabidos: o combatirlos, o someterse, o canalizarlas en lo que cabe.
La estrategia del momento aconseja lo último, con lo primero
como ideal de independencia. Lo que nadie puede aconsejar, salvo
por ignorancia montuna, es ignorar el problema y las fuerzas actuantes
en todos sentidos y encerrarse en una torre de marfil.
Todo
lo que no sea restablecer los conceptos realistas de nuestra política
atormentada será seguir en vida de mentira, o como servidores
del extranjero, con librea de repujado nacionalismo patriotero y
falsedad traidora, o en lo alto de la ingenuidad provincianesca
cantando las glorias de Alá y esperando de él el cielo
como odaliscas. Lo más importante que debe hacer el cubano
es obligar al extranjero y al propio paisano a poner todas las cartas
al descubierto, ¡fuera bluffs, de la politiquería apicarada
y de los financieros de fullería! Cartas viradas, ¡los
buenos triunfos de todos y los malos naipes de cada uno! Esto es
hacedero con una publicidad inteligente, serena y tenaz, en este
país. Los cubanos no se dan cuenta de la gran cantidad de
americanos decentes, cultos y acometedores con que podemos contar
como aliados contra los bribones de allá y de acá
que a unos y otros nos explotan de acuerdo con esa compenetración
y solidaridad internacional que siempre une a los hampones de todos
los países. Me dicen que los estudiantes, algunos por lo
menos, sostenían la excomunión de todo contacto con
los americanos. ¡Craso error, de espíritu poco alzado!
¡Hoy, cuando todos los problemas se han internaciona-lizado!
Prejuicio, arteramente alimentado por la politiquería de
varios lustros, disculpable en mente aguajirada, insostenible en
un ambiente de frescor espiritual, plenitud de confianza y consciente
de las realidades internacionales, más allá del Morro
y de los guiños de su farola. De entre los americanos puedo
decirle, más cada día, que los que más alardean
de realizar la soberanía cubana, los que más gritan
contra toda interferencia en sus asuntos "internos", son
aquellos que más internados están en Cuba y más
explotan a su pueblo, caído bajo sus tentáculos, y
más seguros se sienten con un "hombre fuerte" a
su servicio, con un Arsenio [Comandante Arsenio Ortiz Cabrera, militar
machadista que se hizo muy conocido por su condición de asesino.
N. del A.] a sus órdenes. El "Tío Sam" es
una abstracción; el "americano" un tipo sintético
inexistente; los "americanos" son, como todos los pueblos
un agregado complejísimo, donde bullen por igual los buenos
y los malvados, los inteligentes y los brutos. Acometer y realizar
la magna obra de la "discriminación", oponiendo
la realidad de unos y otros; aliarse a unos, vigilar a los otros,
y combatir y vencer al mísero puñado de parásitos
audaces que succionan la savia de uno y otro pueblo, y hasta la
sustancia de las propias corporaciones que representan..., esa sería
la tarea de la minoría cubana inteligente y preparada. Claro
está que esto es difícil; pero ahí está
el único camino. Todos los atajos que se proponen no son
sino derriscaderos que nos harán caer una y otra vez en el
caudillaje, engañosos meandros que nos mantendrán
en el humillante coloniaje material y espiritual en que vivimos:
con bandera, himno, escudo y diplomáticos engalonados, pero
con la delincuencia subida a gobierno, al servicio de rapaces y
aventureros que mandan sin responsabilidad exigible y descubierta.
Confío
en que la juventud madura se está ya dando cuenta de estas
realidades. Pero ¡cuánta sangre le cuesta! Y cuántas
derrotas habrá de costar aún ese infantil prurito
de querer a la fuerza convencerse de que la contienda cubana es
un simple forcejeo "entre cubanos". Y ¡cuánta
responsabilidad habrá de caer pronto _la historia también
vuela en estos tiempos, como sus hacedores_ sobre aquellos cubanos
que sabedores de esta realidad y, hasta a veces aprovechadores de
la misma a hurtadillas o sin rebozo, todavía mantienen actitudes
de encubrimiento o disimulo, cuando no de irritado desdén
contra los que no concebimos otra posibilidad realmente independizadora
de Cuba que la plena restauración de la verdad nacional
y
la adecuada actuación cívica de acuerdo con esa realidad
misma! ¡Malos son los doctores que engañan al enfermo
ocultándole su mal, cuando es indispensable despertar en
él el horror a su caída como medio de obtener su cooperación
a la cura! Curanderismos quizás...
Perdóneme
estos párrafos, salidos al tecleo de esta carta para Ud.
A veces, en esta sabana donde vengo viviendo hace ya dos años,
poniendo piedrecitas en el fangal cubano para hacer el camino pasadero
algún día, necesito desahogarme con alguien... Y no
siempre me cae la oportunidad de tener "una víctima"
tan buena y comprensiva como Ud. Excúseme este soliloquio,
este "blue". Hoy caen las últimas hojas del otoño
y el ánimo se atrista un poco y se va con más emoción
que de ordinario hacia nuestra tierra de sol y sangre...
Sus
cartas me confortan. Y espero alguna otra, cuando tenga un ratico
poco distraido. Sigo en la tarea de la preparación, con eminentes
americanos, del forum cubano, bajo los auspicios de la Women´s
International League for Freedom and Peace. Esperamos una gran publicidad...
gratuita. Si el "pueblo cubano" tuviese aquí una
"embajada" con una modestísima organización...
¡cuánto se lograría! Los gastos no pasarían
de $200 a $300 al mes, con oficina, personal, impresos, etc. Y aseguro
que sus embates serían más efectivos que las fantasmagóricas
cargas de los filibusteros "Siglo xx" con que algunos
se entretienen, con santa ingenuidad... Cuánto heroísmo
se pierde, cuánta juventud desviada hacia la muerte... Si
yo estuviese como en años pasados, ya esto estaría
más encaminado. Ahora no puedo hacer más que vivir
recogido y alargar de cuando en cuando la mano mendigando un poco
de auxilio a nuestra libertad y civilización.
En
fin.....
Le
doy un apretón de manos. ¡Sincero!
Suyo,
devoto,
Fernando
Ortiz.
Ante
todo, la fecha y la procedencia del documento nos declara que fue
escrito por Ortiz durante la corta etapa de su vida en que residió
como asilado político en los Estados Unidos (1931-1933).
Pero para explicarnos algunos aspectos que aparecen en esta misiva,
es necesario recordar cuál era su situación (y la
de Cuba) al tomar esa decisión concreta.
En
1930, en Cuba la dictadura de Gerardo Machado (1925-1933) continuaba
aferrada al poder contra la voluntad popular e incluso la de algunos
sectores de la burguesía; y para lograr esa continuidad ilegal
el gobierno acudía a la represión en todas sus manifestaciones,
incluida la fuerza bruta de las armas, con harta frecuencia. La
histórica huelga general obrera del 20 de marzo de ese año,
dirigida por Rubén Martínez Villena, que logró
la participación de cerca de doscientos mil obreros, fue
respondida por el régimen con el asalto armado al Centro
Obrero y la consiguiente represión ante toda señal
de organización en su contra. Como resultado
de la persecución, Villena se vio obligado a exiliarse.
Los
estudiantes universitarios, otra de las fuerzas de oposición
más importantes, protagonizaron una masiva huelga de protesta
antimachadista el 30 de septiembre, la cual fue también violentamente
reprimida por el ejército y la policía, y cuyo saldo
de víctimas fue de numerosos heridos y la muerte, días
más tarde, del estudiante Rafael Trejo. Recordemos que Julio
Antonio Mella había sido asesinado el año anterior
por orden de Machado, y que más tarde lo serían Miguel
Ángel Aguiar, Mariano González Rubiera, los hermanos
Freyre de Andrade, Valdés Daussá y tantos más.
Por
último, el otro sector de la oposición, el de los
políticos conocidos (Menocal, Mendieta y otros), ejecutaba
acciones que demostraban su rechazo a la continuación de
Machado; acciones que comenzaron con intentos de convencimiento
verbal primero (como el conciliatorio diálogo de Menocal
con Machado al comenzar 1931), y que después en algunos casos
tomarían un carácter insurgente, como la sublevación
frustrada de Río Verde en Pinar del Río (1931). Tal
vez a estos se refería Ortiz en el último párrafo
de su carta al decir "las fantasmagóricas cargas de
filibusteros ´Siglo xx´ con que algunos se entretienen,
con santa ingenuidad". Junto a estos políticos oficiales,
otros hombres honestos de variada orientación ideológica
tomaron las armas y protagonizaron valientes acciones como la del
general Peraza, veterano de la última Guerra de Independencia,
alzado también en Pinar del Río y muerto junto a su
grupo por el ejército de Machado en esa región; o
como la de Emilio Laurent en el puerto de Gibara, donde con sus
compañeros expedicionarios resistió combatiendo durante
tres días a las tropas del gobierno.
De
manera que ya en 1930, último año de la dictadura
que vivió Ortiz en Cuba, la represión era y seguiría
siendo hasta 1933 la palabra de orden del gobierno. Antes de irse,
Ortiz había fundado en agosto la revista Surco, que duraría
sólo hasta el año siguiente, pero sabía ya
con seguridad que los caminos para la lucha política contra
Machado dentro de la patria estaban cerrados, y decide continuar
esos esfuerzos fuera del país y del alcance inmediato de
las garras del tirano. Vislumbra en el territorio norteamericano
entonces _donde ya existía numerosa población de cubanos
exiliados_ y en sus relaciones personales con algunas instituciones
y personalidades de allá, la posibilidad de realizar un serio
trabajo para contribuir al derrocamiento de la dictadura. Sin embargo,
no partiría de Cuba sin dar antes un último aldabonazo
a los sectores de la oposición interna y a la conciencia
pública en general: el 10 de diciembre de ese año
1930 firma un manifiesto denominado "Base para una efectiva
solución cubana", en el que exige la renuncia de Machado
y sus allegados al gobierno (entre otras medidas), y lo distribuye
por correo a los principales periódicos nacionales, los cuales
al final no lo publican muy posiblemente por temor a la represalia
de cierre que con frecuencia se les aplicaba.
Si
tenemos en cuenta que diecinueve días después (29
de diciembre) Fernando Ortiz
pronuncia un discurso en Boston, en la sesión anual de la
American Historical Association y otras academias de estudios históricos
de los Estados Unidos, puede presumirse que su salida de Cuba debió
de ser en la segunda quincena de dicho mes y año (diciembre
de 1930). Y partiendo de ese cálculo, llegamos a la conclusión
de que al escribir la carta que nos ocupa, Ortiz llevaba ya dos
años casi exactos de residencia en ese país, detalle
al cual nos referiremos más adelante.
El
destinatario de la carta, doctor Carlos E. Finlay, es precisamente
el médico y profesor universitario Carlos E. Finlay Shine,
hijo mayor de nuestro célebre Carlos J. Finlay. Deducimos
que esta amistad estrecha pudo tener origen en una de tres causas,
o en las tres, pues Carlos E. Finlay era también oculista
prestigioso, como lo había sido su padre, y esa razón
por sí sola pudo ser puente de la amistad con Ortiz, de quien
conocemos su temprano padecimiento óptico. Por otro lado,
Finlay era profesor universitario, ambiente también muy familiar
para Ortiz; y por último, existe el posible vínculo
de la filiación partidista de Finlay, aún no identificada
para nuestros fines, pero tal vez coincidente con la de don Fernando
en su momento. Por supuesto que una indagación, seguramente
larga, sobre la persona de Finlay (de quien no tenemos documentos
al alcance en estos momentos) podría decirnos la última
palabra al respecto. Tampoco han aparecido otras cartas cruzadas
entre él y Ortiz, de esa época o de cualquiera otra,
entre las revisadas. Por el momento, sólo podemos presumir
que Finlay se hallaba tal vez exiliado en los Estados Unidos como
Ortiz, a juzgar por la dirección (South Orange, New Jersey)
y por el poco tiempo transcurrido entre la respuesta de Ortiz (19
de noviembre) a la de aquel (Ortiz menciona "su carta del 17"),
lo cual nos indica que fue escrita también desde el territorio
norteamericano.
Otro
aspecto interesante en la carta de don Fernando es el referido al
"programa mínimo común" del cual habla,
y a su envío al Directorio Estudiantil, que entre otros hechos
nos revela tan interesante vínculo entre la oposición
estudiantil y este sector de la oposición en el exilio. No
sería osado suponer que dicho programa tenía como
antecedente el manifiesto "Base para una efectiva solución
cubana" (1930) antes mencionado, documento de mucho peso en
su contenido y que a la vez era el resultado de un largo proceso
de elaboración, como veremos. Los puntos expuestos en su
contenido conservaban la mayor vigencia: "renuncia del presidente
y de todo su Gobierno", "renuncia de todo el Congreso",
formación de un "Gobierno Provisional" y "sanciones
a todos aquellos ¡aun cuando sean cubanos!, que desde el poder
hubieren delinquido". En él aparece también el
escabroso tema de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, del
cual expresa: "[...] que cese de una vez el intolerable estado
de simulación republicana en que nos venimos arrastrando
desde 1916, por una eslabonada serie de usurpaciones de la diplomacia
norteamericana en Cuba, a espaldas de su propio pueblo y de los
deberes que la Enmienda Platt le impone".(1)
Si
rastreamos un poco los antecedentes de ese importante documento,
lo más inmediato que hallamos (y recomendamos su lectura)
es el discurso pronunciado por Ortiz en Washington sobre las relaciones
entre Cuba y Estados Unidos (1927), publicado con el título
"Las relaciones económicas entre los Estados Unidos
y Cuba" en la Revista Bimestre Cubana,(2)
posteriormente, el trabajo "La responsabilidad de los Estados
Unidos; una circular cubanófila del First National Bank of
Boston", publicado en la misma revista,(3)
y por último el discurso pronunciado en inglés en
el Committee on Cultural Relations with Latin America (Town May,
New York, 8 de noviembre de 1931),(4) en todos
los cuales observamos la atención al mismo asunto.
Finalmente
encontramos que el mencionado "programa mínimo común"
aparece con el nombre de "Programa mínimo de la oposición
cubana" y con fecha 17 de noviembre de 1932 (¡dos días
antes de la carta!), incluido como apéndice en el discurso
"Lo que Cuba desea de los Estados Unidos", que pronunciaría
Ortiz en la inauguración del Instituto de Asuntos Cubano-Americanos.(5)
De acuerdo con las fechas, puede asegurarse que es el del "fórum
cubano" al cual se refiere en el último párrafo
de la carta, donde dice que sigue "[...] en la tarea de preparación,
con eminentes americanos, del fórum cubano, bajo los auspicios
de la Women´s International League [...]", pues se sabe
que el Instituto de Asuntos Cubano-Americanos se hallaba bajo los
auspicios de dicha Liga. De esta forma, si leemos todos los documentos
mencionados observamos la evolución y la coherencia de los
postulados orticianos respecto de la política interna de
Cuba sus vínculos con la política norteamericana y
la propuesta de solución posible para sus males.
Hasta
aquí nuestro rastreo de pistas para aclarar algunas incógnitas
que ofrecía la carta en su primer momento. Quizás
mucho se pueda discutir ahora acerca de lo que habría sido
más acertado hacer entonces por parte de los cubanos en materia
de política exterior, pero no cabe dudas de que, en medio
de tan compleja situación, la postura de Ortiz fue _como
siempre lo sería_ sabia y prudente, de gran civismo y honradez.
Hoy,
transcurridos más de setenta años, su figura _como
dijera Martínez Villena_ "[...] con toda la solidez
de su talento y su carácter",(6) ha
quedado en pie sobre los viejos escombros.
Notas
1 Ortiz,
Fernando. Base para una efectiva solución cubana. En: Órbita
de Fernando Ortiz. La Habana : UNEAC, 1973. p. 137.
2 Revista Bimestre Cubana (La Habana) 22(4):574-584; jul.-ag. 1927.
pp. 574-584.
3 Ibídem,
vol. 24, número 4, julio-agosto de 1929, pp. 484-490.
4 Publicado
primero con el título "La responsabilidad de los Estados
Unidos en los males de Cuba", en el periódico La Traducción,
Tampa, Florida, 3 de abril de 1932, pp. 1-4; y después con
el mismo nombre en la Revista Bimestre Cubana, en español,
La Habana, vol. 33, número 2, marzo-abril de 1934, pp. 250-284.
5
Ver folleto con ese título, de fecha 10 de diciembre de 1932,
impreso en Washington, DC.
6 Martínez Villena, Rubén. En la tribuna; discursos
cubanos (recopilación). La Habana : Imprenta El Siglo XX,
1923. 2 t.
Bibliografía
García
Carranza, Araceli. Biobliografía de don Fernando Ortiz. La
Habana : Biblioteca Nacional José Martí, Instituto
del Libro, 1970.
Le Riverend, Julio. La república. Dependencia y revolución.
La Habana : Instituto del Libro, 1969.
Ortiz
Fernández, Fernando. Carta a Carlos E. Finlay, Washington,
19 de noviembre de 1932. En: Colección de cartas cruzadas
de Fernando Ortiz. Fondo de Documentos de la Biblioteca Nacional
José Martí.
_______.
Lo que Cuba desea de los Estados Unidos. Washington D.C., 1932.
(Folleto)
_______.
Órbita de Fernando Ortiz / selección y prólogo
de Julio Le Riverend. La Habana : UNEAC, 1973.
Revista
Bimestre Cubana (La Habana) volúmenes XXII, no. 4 de julio-agosto
de 1929; XXXIII, no. 2 de marzo-abril de 1934; XXIV, no. 4 de julio-agosto
de 1929.
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