| Historiador
y profesor universitario
Para tratar el tema del encarcelamiento del generalísimo
Máximo Gómez en la ciudad de Santo Domingo en los
primeros días del mes de enero de 1886, obligatoriamente
tendré que referirme a las causas que motivaron su viaje
al país en el otoño del año anterior. Necesario
es, pues, recordar que en 1884 Gómez y Antonio Maceo acordaron
en Honduras el Programa Revolucionario San Pedro Sula, también
conocido con el nombre de Plan Insurreccional Gómez-Maceo,
que tenía el propósito de reiniciar la guerra de independencia
de Cuba. El objetivo táctico consistía en desembarcar
simultáneamente cinco expediciones militares en igual número
de regiones de la isla; expediciones que saldrían de México,
Filadelfia, Cayo Hueso, Jamaica y República Dominicana y
que coincidirían con cinco alzamientos armados en Cuba.(1)
El
1 de septiembre de 1884, Francisco Gregorio Billini Aristy, un intelectual
y político liberal, primo de Máximo Gómez,
ascendió a la presidencia de República Dominicana
en un turbio proceso electoral y con él Alejandro Woss y
Gil a la vicepresidencia, quien era un fiel aliado y títere
del caudillo militar y mandamás del país, general
Ulises Heureaux (Lilís). Su hermano Hipólito Billini
Aristy era cónsul dominicano en New York y ante él
acudió Máximo Gómez con el objetivo de solicitar
su colaboración para adquirir en dicha ciudad, a nombre del
Gobierno Dominicano, las armas, cartuchos, machetes y demás
equipos militares que emplearían los expedicionarios que
planeaban partir del territorio dominicano, posiblemente desde La
Isabela, ubicada a corta distancia hacia el oeste de Puerto Plata,
en la costa norte del país.
El
12 de diciembre de ese mismo año, Máximo Gómez
llegó a New York desde New Orleans y el día 16 se
reunió con su primo el cónsul Hipólito Billini,
encuentro que este relató a su hermano "Gollito"
(apodo del presidente Francisco Gregorio con el cual lo trataba
Hipólito y redactaba con doble "l", a quien el
presidente se dirigía también por su apodo Polito)
en un párrafo de la carta que le dirigió el día
siguiente:
Ayer
vi a Máximo, está aquí otra vez. Le entregué
tu carta y le leí los párrafos de tu carta a mí
en que te refieres a él, se conmovió mucho y hasta
se le saltaron las lágrimas. Dice que te diga que ya sabe
lo que deseaba saber; que tu corazón está con la
causa; que él tiene grandes proyectos que te comunicará
a su tiempo; que todo lo quiere hacer de manera que ni te comprometas
tú ni se comprometa Santo Domingo.(2)
Sin tener en ese momento el monto del costo del equipo bélico
que se necesitaba para realizar las expediciones cuyos puntos
de partida serían Santo Domingo y Jamaica, Máximo
Gómez le pidió a su primo Hipólito que adquiriera
150 carabinas Remington,(3) abundantes
cápsulas, machetes marca Collins, brújulas y otros
materiales militares. Como en febrero de 1885 Gómez no
había podido enviarle el dinero para cubrir el costo de
los equipos militares, parece que Hipólito Billini procuró
obtener, infructuosamente, dinero prestado con la sucursal de
la Casa Jimenes(4) en New York para
poder satisfacer el pedimento del Generalísimo. Por tales
motivos escribió a su hermano el 12 de febrero de 1885:
"Dice Jimenes, Hanstead & Co. que no tienen oro ninguno
para 150 rifles […]".(5)
Según
el historiador e investigador cubano Francisco Pérez Guzmán,
en esos mismos momentos Máximo Gómez, quien estaba
en New York sin dinero para pagar su hospedaje, fue llamado a Cayo
Hueso, Florida, donde se entrevistó con los patriotas cubanos
exiliados que le prometieron "recolectar 25,000 pesos".(6)
Seguramente el Generalísimo le avisó a Hipólito
que podría contar con recursos, y este presionó a
Jimenes, Hanstead & Co., empresa que según le informó
a Francisco Gregorio el 16 de febrero de 1885, le había expresado
que las carabinas y cápsulas no eran
[...]
posible mandarlas en este vapor; no están listas, irán
con el "Santo Domingo" que sale de aquí el 10
de marzo. El socio de Jimenes dice que no tiene orden de embarcar
los 150 Remingtons.
Dime si quieres que le mande á Benito(7)
esos brogoses.
Las
cien remúas(9) de Benito irán
por el "Santo Domingo" que según me dicen tocará
en Monte Cristi […] Creo que sería conveniente mandarle
también los 150 Remingtons y correspondientes cápsulas.
No sé qué hacer sobre este último envío.
Tal vez a última hora me decida a mandárselos. ¡Qué
Diablo! De todas maneras, conviene por la propaganda haytiana.(10)
Al
día siguiente, 17 de febrero, Hipólito volvió
a escribir a su hermano asegurándole que: "Los rifles
y cápsulas se están fabricando y prometen entregarlos
á tiempo para embarcarse por el mismo vapor [el "Santo
Domingo. E. C. M.]".(11)
Cuatro
días después, el 21 de febrero, Hipólito le
reiteró a su hermano que "Los rifles, carabinas y cápsulas
irán, por el Santo Domingo. También haré que
Wananeker & Brown le manden a Benito las 100 remúas de
ropa y yo le mandaré los 150 rifles, 75,000 cápsulas
y la bandera de seda".(12)
A pesar
de las promesas de la rápida entrega de las armas y los proyectiles
por la empresa The Remington Arms Company, en la primera quincena
de marzo estas no habían sido cumplidas, ello obligó
a Máximo Gómez a trasladarse a New York, ciudad adonde
llegó el día 12 con $15 000.00 en efectivo y $5 000.00
en un giro a largo plazo.(13) Al finalizar
dicho mes, el día 27, Hipólito le informó a
Francisco Gregorio que "Máximo está aquí,
nos hemos visto varias
veces (pero no en mi oficina ni en público). Se irá
hoy ó mañana".(14)
Para
mediados de abril ya The Remington Arms Company había entregado
el pedido de carabinas y cartuchos, aunque con defectos, por esto
Hipólito le participó a Francisco Gregorio: "Hoy
he tenido que rechazar unas 10 carabinas, otros tantos Remingtons
y 75,000 cápsulas. Mi inspector los consideró de mala
calidad, así es que no irá completo el pedido y se
lo comunico al Ministro de Guerra. El resto irá con el "Clyde
[…]".(15)
Informó
el 5 de mayo Hipólito a Francisco Gregorio lo siguiente:
"Pedidos: No les mando ahora ni una hilacha, queda todo pendiente.
Entre ello tus 50 brogoses, y de la orden pasada 75,000 cápsulas,
10 carabinas y 90 brogoses".(16)
El
Generalísimo, como previendo lo que podría pasar en
Santo Domingo con el gobierno de su primo Francisco Gregorio Billini,
el 6 de mayo de 1885 le escribió una comunicación,
conservada en el Archivo Nacional de Cuba, por medio de la cual
le manifestó el envío de un comisionado fiel para
el transporte del material de guerra que mandaría a través
del cónsul Hipólito y González (Mr. Wilson)
y le recomendaba a este último.(17)
Estas
fueron las últimas comunicaciones que he encontrado relacionadas
con este tema que Máximo Gómez o el cónsul
Hipólito Billini dirigieron a Francisco Gregorio Billini
mientras se desempeñó como presidente de la República
Dominicana, porque diez días después el Ministro de
Guerra y Marina, general Ulises Heureaux (Lilís), deseoso
de gobernar, presionó tanto al presidente Billini que lo
obligó a renunciar a su cargo el 16 de mayo de 1885. En consecuencia,
el vicepresidente, general Alejandro Woss y Gil, ascendió
a la primera magistratura, dejando a Hipólito Billini como
cónsul dominicano en New York.
Desde
que se enteró de lo acontecido en Santo Domingo, el Generalísimo
escribió al nuevo presidente Alejandro Woss y Gil pidiéndole
su ayuda para la independencia de Cuba en los siguientes términos:
No
puedo menos que echar de vista a mi patria, Santo Domingo, pensando
que nadie mejor que mis compatriotas debían protegerme
[…] en la difícil empresa cuyo ideal bien cuadra
al sentimiento del Pueblo Dominicano.
[…]
No me amedrenta ningún temor de que Ud. me niegue su protección
y no detenga el envío de algunos materiales de guerra que
tengo necesidad de situar en ese país y que ya tenía
preparados con ese fin.
[…]
Mi corazón me dice que aparte de que no puede usted sustraerse
de la influencia de la hermosa idea que defiendo, le será
fácil favorecer a un hermano comprometido en una empresa
de tamaña magnitud […](18)
Concomitantemente
con la renuncia del presidente Billini, el Generalísimo gestionaba
en New York el despacho del material de guerra hacia Santo Domingo
y al finalizar mayo de 1885, según sus propias palabras,
viajó a New
Orleans
luego de dejar "[...] en New York todo el material de guerra
a cargo del Cónsul Dominicano Hipólito Billini _que
se ha comprometido a ponerlo en el Arsenal de Santo Domingo".(19)
Ciertamente,
las armas, cápsulas y el material bélico fueron trasladados
personalmente por Hipólito Billini a República Dominicana
y guardadas en los depósitos del Ministerio de Guerra y Marina
en Santo Domingo, según le expresó el Generalísimo
a monseñor Fernando Arturo de Meriño, en comunicación
redactada estando preso en la Torre del Homenaje o Fortaleza Ozama,
en Santo Domingo, en fecha 4 de enero de 1886.(20)
Cuando
Máximo Gómez se enteró de lo ocurrido en Santo
Domingo con el gobierno de su primo Francisco Gregorio Billini,
le escribió desde Kingston, Jamaica, el 15 de agosto de dicho
año:
[…]
empiezo a sentirme algo agradecido o cosa así, por lo que
te has interesado en mi negocio, y digo esto, porque los favores
para que lo sean, deben ser completos, y tú no has acabado
aún de servirme […] De nuevo le escribo a Serafín
(21) dándole nuevas órdenes
para ver si logra lo más pronto y lo mejor que se pueda
el rescate de las prendas. Al mismo le indico que se comunique
contigo para que tú le ayudes en cuanto puedas a quitar
ese obstáculo de su camino.(22)
Temiendo
que la nueva situación política surgida en Republica
Dominicana pudiera hacer fracasar la expedición que partiría
de República Dominicana, Gómez le escribió
a los generales Serafín Sánchez y Francisco Carrillo,
ambos residentes en Puerto Plata, pero en ese momento en la ciudad
de Santo Domingo, señalándoles:
Los
elementos para nosotros tres (pues yo pertenezco a Uds. dos) están
ahí. Sacarlos de donde se encuentran es lo que hay que
hacer ahora, y si Uds. hacen eso está salvada la situación.
Les diré: […] no necesitando nosotros más
que cincuenta carabinas, con doce mil cápsulas poco más
o menos, y cincuenta machetes, debemos negociar todo lo restante.
Para
negociar eso, no hay más que irse derecho al Magistrado
[el presidente Alejandro Woss y Gil. E. C. M.] y a Lilís
y proponerles el negocio de que nos den el material arriba indicado
con más, dos o tres mil pesos con lo que yo creo podemos
comprar una goletita o fletar otra clase de embarcación
con que lanzarnos a la mar.
[…]
La expedición no debe de pasar de cincuenta hombres sin
armamento de repuesto, sino que cada uno saltemos a tierra con
una carabina en la mano, un machete en la cintura y doscientos
tiros en la canana. Nada más, no se admitirá equipaje
de ninguna clase, pues vamos para nuestra casa y allí lo
tenemos todo.
El
reclutamiento de esos hombres debe ser escogidísimo […]
Una
vez preparado todo […] se me avisa inmediatamente, para
ganando tiempo salir yo de aquí, solo, pues yo sabré
como lo haré, y me reuniré con Uds. en esa ciudad
sin que nadie me conozca. Para entonces me reservo comunicarles
cómo y por dónde debemos entrar a Cuba.(23)
Ante
el hecho de que a mediados de septiembre "las prendas"
depositadas en Santo Domingo no habían sido entregadas a
los generales Sánchez y Carrillo, el Generalísimo
resolvió trasladarse a República Dominicana para resolver
directa y personalmente los inconvenientes presentados por el gobierno
del presidente Woss y Gil. Anotó en su Diario de campaña:
Las
noticias que me llegan de los asuntos de Santo Domingo son malas.
_El armamento que hice ir allí_ con la subida al Poder
de otro por renuncia de Billini _me ofrece ahora serias dificultades
para que venga a poder nuestro_.Por ese motivo tampoco ha podido
organizarse la expedición al mando del General Francisco
Borrero. […] En vista de esas dificultades, me resuelvo
a pasar a Santo Domingo lo más sigilosamente posible.(24)
Para
tales efectos, el 17 de septiembre escribió a los brigadieres
Sánchez y Carrillo avisándoles que:
[…]
después de pensarlo bien me resuelvo pasar a ese país
para ver si logro arreglarlo todo personalmente. Para lograrlo
procuraré escoger los medios más hábiles
y prudentes: principiaré por guardar la más rigurosa
incógnita.
[…]
Solamente los dos Billini y Uds. deben saber mis propósitos.
Es urgentísimo que volando y por una vía segura
llegue a manos del Gral. B. Monción la carta que les adjunto
[…] Es necesario que el Gral. Monción lo sepa todo
_por mí mismo y que Goyito25 le escriba una carta, solicitando
su protección para mí, es decir la de Monción.
Consignen Uds. esa carta y despáchenla.(26)
El
2 de octubre, Gómez abordó el vapor Alpha y dos días
después llegó a Islas Turcas. El 5, la pequeña
goleta inglesa Dorcas lo condujo a Monte Cristi, donde desembarcó
de incógnito, según sus palabras "cual un fugitivo,
ocultando mi nombre y mi verdadera nacionalidad" con documentos
falsos en los que figuraba como Manuel Pacheco,27 con el propósito
de
[…]
evitar a mi Patria complicaciones; y como mi principal objetivo
es hablar con los Generales Benito Monción y Gregorio Luperón,
para ver cómo, no solamente consigo algunos recursos con
ellos, sino que por su medio pueda conseguir también, más
de ocho mil pesos en fusiles y cápsulas que mandé
desde New York, estando mi primo Billini de presidente. Al dejar
él el poder, el asunto como es natural, ofrece ahora algunas
dificultades.(28)
Viajó
a Guayubín el 13 de octubre para entrevistarse con el restaurador
Benito Monción, el cual solamente pudo ofrecerle
apoyo moral y a quien Gómez no se atrevió a solicitarle
ayuda económica porque, según pudo apreciar, "no
es hombre que pueda dar gran cosa".(29)
De allí salió el día 21 hacia Puerto Plata
y al amanecer del 23 llegó a la ciudad norteña donde
fue "[...] muy bien recibido con particularidad por el General
Gregorio Luperón que me ha hecho grandes demostraciones de
aprecio. Hemos hablado detenidamente sobre el asunto que me ha traído
aquí y me ofrece que todo será conseguido; […]".(30)
El
27 de octubre el Generalísimo envió a la ciudad de
Santo Domingo al coronel Miguel Barnet y a su secretario, teniente
Alejandro González, con varias cartas para amigos influyentes
y una para el presidente Woss y Gil, y en el puertoplateño
semanario sabatino El Porvenir publicó su opúsculo
"La vuelta a la Patria".(31)
Tanto el coronel Barnet como el teniente González regresaron
a Puerto Plata el 2 de noviembre y Gómez apuntó en
su Diario:
Las
noticias que me traen como resultado de las gestiones que estamos
haciendo para conseguir el armamento son fatales _pues el Presidente
contesta en términos muy dudosos_ y con tal motivo me resuelvo
a pasar a la Capital y personalmente entendérmelas con
los hombres del Gobierno, para ver si logro, salvando mi reputación,
poner a cubierto el honor de los dominicanos; comprometidos en
un infame acto de usurpación de elementos para la defensa
de una causa tan justa como simpática para la libre y generosa
República Dominicana.(32)
Gregorio
Luperón escribió a Alejandro Woss y Gil demandándole
ayudar al Generalísimo a recuperar el material de guerra
para poner en ejecución el Plan Gómez-Maceo, comunicación
que desconozco pero cuya existencia queda evidenciada con la respuesta
que le dirigió el Presidente al héroe restaurador
en la cual le expresó que "[...] los compromisos internacionales
le impiden brindarle a Gómez el apoyo necesario para la causa
de Cuba." (33)
El
8 de noviembre, desde Puerto Plata, el Generalísimo le envió
una comunicación a su primo Francisco Gregorio Billini significándole:
Si
tú crees, oye bien, que se gane tiempo si yo voy a entenderme
personalmente con Lilís, porque el Padre Meriño
y Alejandrito no pueden hacer nada, entonces me pones un expreso
diciéndome lo que debo hacer, […].
Todo
esto espero que lo harás volando. Yo creo que tú
no me dejarás solo y que me ayudarás hasta el último
momento, pues la confianza que tú inspiraras a todo el
mundo, y la nobleza con que la voz pública te bautiza,
fue más que me atreví a entrar en tratos contigo
cuando tenías la batuta en la mano.(34)
Para
tales efectos, pidió a Luperón que le hiciera una
carta de presentación para el general Ulises Heureaux donde,
en términos enérgicos, el viejo caudillo restaurador
le manifestó a su antiguo lugarteniente:
El
portador de esta carta puramente confidencial, es el Gral. D.
Máximo Gómez, amigo mío, a quien recomiendo
como un amigo, hermano y compañero en la lucha de un pueblo,
que como nuestra patria ayer, lucha hoy por conquistarse su independencia
y la cual tú y yo y todos los dominicanos que no hayan
perdido el valor y el sentimiento de amor a la independencia de
los pueblos oprimidos por dominaciones extranjeras, le debemos
socorros, cooperación y decidida ayuda.
El
General Gómez, a más de ser nuestro amigo, es dominicano
y te exijo que lo ayudes resueltamente en todo lo que él
te comunicará, sin nada de rodeos, ni de subterfugios,
ni dilatorias serviles, y ayúdale a un hombre de valor
y de corazón en todos sus apuros […].
Quiero
que tú recibas y veas a Máximo Gómez como
mi propia persona, y que Dios te guarde de decirme que no puedes
nada, pues yo en esta súplica, no admito excusas.(35)
Con
esta carta, Máximo Gómez se trasladó a la ciudad
de Santo Domingo, adonde llegó el 23 de noviembre, allí
se alojó en el hogar de la señora Josefa Castillo
de Vidal, ubicada en la entonces común de San Carlos, hoy
barriada de la ciudad capital. Al día siguiente, la juventud
capitaleña le demostró sus simpatías en una
manifestación de carácter popular en la cual habló
el patriota y educador puertorriqueño Eugenio María
de Hostos. Según una crónica de la época, publicada
en la revista El Quisqueyano, "A las conmo
vedoras palabras del Señor Hostos, contestó el General
Gómez con elocuentes frases que merecieron el aplauso general".(36)
De
inmediato el Generalísimo inició las gestiones para
recuperar las armas y el material bélico y el 24 de noviembre
apuntó en su Diario:
Me
he ocupado asiduamente del asunto del armamento depositado aquí,
y, en malas condiciones de reclamo por la caída del Presidente
Billini.
Me
he ido derecho donde el General Ulises Heureaux, pues este hombre
predomina en las esferas oficiales, y después de varias
conferencias privadas tratando del asunto, me ha ofrecido ocuparse
de él para que me abonen en todo caso en dinero, pues no
solamente ya se ha dispuesto de parte del material de guerra,
sino que sería peligroso y comprometido extraer todo eso
de aquí.
Además,
descubro malas tendencias respecto a mi personalidad política
en los hombres del Gobierno o por lo menos buenos deseos de ayudarme
en la empresa.
Es
muy posible que todo eso tenga su causa en el temor de una complicación
con España _no obstante que yo me he propuesto observar
en todo una exquisita discreción.
Todo
este mes lo he pasado en las luchas de esas gestiones, y no se
extrañe que no haga aquí mención del Presidente
Alejandro Woss y Gil, pues desairado al principio por este
señor, no me atrevo a acercarme a él en demanda
de justicia y mucho menos de favores.(37)
Con
esas expresiones, el Generalísimo dio a entender que había
descubierto el origen de la actitud del gobierno de Woss y Gil para
negarse a entregarle las armas y el material bélico adquiridos
en New York para poder llevar a cabo el Plan Gómez-Maceo;
que bien pudo haber sido motivado por una de las siguientes causas,
pero que en la ocasión se conjugaron todas:
1.-
Haber dispuesto de ese equipo bélico ajeno como le informó
Ulises Heureaux;
2.-
No tener disponibles diez mil dólares para resarcir los gastos
en que había incurrido Gómez para adquirir esos materiales
de guerra;
3.-
La injerencia del gobierno español que conocía al
dedillo todos los pasos de los exiliados cubanos en República
Dominicana y el Caribe y, particularmente, "los compromisos
internacionales" a los cuales se refirió Woss y Gil
en su carta a Luperón;
4.-
Los celos provocados por la presencia de Gómez, quien había
sido recibido en la ciudad de Santo Domingo con manifestaciones
de simpatía y solidaridad por un grupo de jóvenes
hostosianos, y por eso le llegó a considerar un agitador
político;
5.-
Los temores del general Ulises Heureaux y de Alejandro Woss y Gil
así como de funcionarios gubernamentales de que Gómez,
por su carisma político-militar y pensamiento revolucionario,
utilizara el armamento que reclamaba para participar en la política
dominicana e intentara restablecer el gobierno liberal de su primo
Francisco Gregorio Billini.
Ciertamente
hubo una absurda intriga política contra el Generalísimo
promovida por Ulises Heureaux, autor de su prisión, alentada,
además, por el cónsul español en Santo Domingo,
por el grupo lilisista gobernante y por altos burócratas
de mentalidad colonialista hispanófila, y quizás también,como
sugirió el historiador Vetilio Alfau Durán, "[...]
hubo algo secreto, misterioso, que despedía olor a cobre".38
No es de extrañar, por tanto, que el presidente Alejandro
Woss y Gil dictara orden de prisión contra el Generalísimo,
que este fuera arbitraria y violentamente detenido y que se intentara
eliminarlo cuando era conducido a la cárcel mediante el conocido
procedimiento de aplicarle "la ley de fuga".
En
efecto, a las seis de la mañana del 2 de enero de 1886, mientras
el Generalísimo estaba acompañado de sus familiares
Telésforo Martínez Gómez, Jesús Gómez
y Luis Felipe Pimentel Gómez conversando con la señora
Anita Lugo, con quien tenía vieja amistad y frecuentemente
la visitaba en la calle Eugenio Perdomo de San Carlos, se presentó
el general Isidro Pereyra, comandante de armas de dicha común,
en compañía de un cabo y dos rasos y personalmente
hizo preso a Gómez y a sus familiares, ordenando a la escolta
que lo acompañaba trasladarlos a la Fortaleza Ozama, después
de lo cual se retiró y dejó a los detenidos en manos
del cabo y los soldados.
Conforme
a la tradición oral contada a Manuel Ángel González
Rodríguez por
la señora Leonor Pimentel, viuda de Valdez, hija de Luis
Felipe Pimentel Gómez, sobrino del Generalísimo y
apresado junto a este, tradición que publicó en su
trabajo Apuntes y recuerdos de San Carlos:
La
escolta que hizo preso al Generalísimo Gómez, partió
con él hacia la Fortaleza Ozama. Tras ella siguieron los
dos parientes del Generalísimo. En su recorrido la escolta
avanzó por la calle adelante hasta la Peña y Reynoso;
pasó por detrás de la iglesia y bajó por
el Camino de la Fajina, hoy calle Emilio Prud'homme.
Al
llegar al solitario y agreste Camino del Río, hoy Avenida
Mella, el jefe de la escolta, indicándole con el fusil
la dirección que debía seguir, se dirigió
al Generalísimo Gómez y le dijo: "Por aquí,
por aquí, que vamos a entrar por la Puertecita de Santa
Bárbara". El Generalísimo altivo, ceñudo,
con voz varonil y sin rodeos le respondió: "¡No,
por aquí!". Le dio la espalda y sobre la marcha dobló
a la derecha, después a la izquierda, prosiguió
hacia el Sur y entró por la Puerta del Conde en la ciudad
de Santo Domingo.
En
presencia del hecho realizado por el Generalísimo Gómez,
los soldados que componían la escolta, admirados, turbados,
vencidos, le siguieron detrás; no ya como sus opresores
y conductores, sino como subalternos comedidos y obedientes. El
don y la voz de mando, la presencia de ánimo y la actitud
resuelta del que fue después Libertador de Cuba, los había
anonadado y vueltos al revés.
Por
lo demás, agrega la tradición que al tiempo en que
el Generalísimo Gómez fue encerrado en uno de los
calabozos de la Torre del Homenaje, le refirió a uno de
los carceleros el hecho que le ocurrió en el trayecto con
el jefe de la escolta que lo hizo preso y añadió:
"Creo que eso de quererme llevar sin razón por el
Camino del Río, teniendo a dos pasos la Puerta del Conde,
era con el fin de aplicarme la ley de fuga.(39)
El
mismo día 2 de enero y en los subsiguientes desde la cárcel,
el Generalísimo escribió "La manifestación
de Máximo Gómez", denunciando su violenta e injustificada
prisión(40) y varias cartas: a
su hija Ignacia Gómez Castillo, quien estaba muy preocupada
por la sorpresiva prisión de su padre;(41)
al arzobispo Fernando Arturo de Meriño; al general Ulises
Heureaux, y a Eugenio María de Hostos.
En
su misiva al arzobispo Meriño le señaló:
Se
me supone interesado en la política interior del país
en apoyo de maquinaciones en contra del Gobierno constituido,
y no acierto a explicarme cómo el Gobierno haya podido
dar oído y crédito a intrigas de ese género
contra mi humilde personalidad que, de seguro, deben ser de origen
español; pues todo el mundo sabe, y lo saben bien los dominicanos,
que yo
ando persiguiendo un ideal más bello, en pos de cosa más
verdadera y positiva cual es la Independencia de Cuba.
[…]
Sabe bien el Gobierno, lo sabe usted y lo saben también
otros hombres serios y honrados, que yo he venido aquí
a reclamar diez mil pesos que me adeuda el Gobierno, cuya suma
apronté con mucho gusto el año pasado en New York,
al Cónsul Dominicano, para compra de armamentos, que él
mismo condujo a los arsenales de esta plaza, al llegarnos allí
la noticia de que sería fácil rompiese la guerra
con la República de Haití, cuya deuda se me pagaría
oportunamente.(42)
En
su misiva del 8 de enero de 1886 a Ulises Heureaux, quien se encontraba
en Puerto Plata, le solicitó trasladarse junto a Luperón
a Santo Domingo para que ambos lo sacaran de la prisión.
También le informó que había suplicado, por
medio de sus amigos, al presidente Woss y Gil que le concediera
[...]
cambiar el lugar de mi prisión actual por el de una casa
particular de persona respetable y de la confianza del Gobierno,
donde, aunque preso pueda yo mientras tanto, despachar los asuntos
a mi cargo.
Después
de repetidas instancias y todas ellas desechadas, al fin se me
ha concedido pasar a la casa de la señora Josefa Castillo
de Vidal donde permaneceré hasta tanto se resuelva todo
lo pendiente en mis dichos asuntos.(43)
Las
gestiones del arzobispo Meriño, de Luperón y, particularmente,
las de Hostos frente al presidente Woss y Gil, surtieron efecto
y este le manifestó al independentista puertorriqueño
el 8 de enero:
Al
fin hemos convenido para conciliar todos los extremos que el General
Gómez sea puesto en libertad a la llegada del vapor americano.
Esta reposición me hace faltar, en cierto modo, a lo prometido,
pero me compensa del desagrado que esto me hace sentir, la seguridad
que tengo de que usted sabrá benévolamente esperar
un poco más lo que ayer debió recibir. De usted
S.S. y amigo, A. Woss y Gil.(44)
Con
relación a su puesta en libertad, el 9 de enero el Generalísimo
apuntó en su Diario:
Por
fin de mucho empeño de varios amigos que se interesaron
por mí _obtuve la libertad_ pero bajo las condiciones de
salir para el extranjero en un vapor americano que se encuentra
en puerto; mandándome al efecto, el pasaporte despachado
en términos, como si fuera a un hombre perturbador del
orden público.
Reiterando
por medio de mis amigos las súplicas que me dejaran desembarcar
en Puerto Plata; pude conseguir eso, y bajo el apoyo y protección
del General Luperón.(45)
La
prensa de la ciudad de Santo Domingo prestó poca atención
al drama que le tocó vivir al Generalísimo. Solamente
pude encontrar en la hemeroteca
del
Archivo General de la Nación una sola referencia a su prisión,
publicada en El Eco de la Opinión y redactada por su director,
César Nicolás Penson, el 14 de enero de 1886, con
el siguiente tenor:
CRONICA.-
El General Máximo Gómez.
Acaba
de ser puesto en libertad el Quisqueyano ilustre, el grande Antillano,
el noble hijo de América, Gral. Máximo Gómez.
Por una de esas causas inexplicables que afligen hondamente el
corazón de los pueblos, fue encarcelado este hombre que
goza de fama universal, cuyo ilustre nombre e ilustres hechos
son glorias de América i blasón de alto nombre para
Quisqueya.
El
sentimiento general i la afluencia continua de todo lo más
selecto de esta sociedad al lugar de su detención i las
innumerables tarjetas i cartas que recibía, han dado testimonio
de que los hijos de este suelo estiman en lo que vale a este abnegado
compatriota nuestro […].
Enviamos,
pues, al General Máximo Gómez, nuestra más
cumplida enhorabuena.(46)
El
15 de enero de 1886, el Generalísimo dirigió al presidente
Alejandro Woss y Gil una carta que me fue localizada en el Archivo
Nacional de Cuba por el historiador Francisco Pérez Guzmán,
misiva que se encuentra en muy mal estado y en la que se lee en
el párrafo más completo lo siguiente: "Mas como
hoy se me hace salir violentamente del país, suplico a Ud.
se sirva dar la orden de que se suspendieran los efectos de mi pasaporte
y al mismo tiempo con su valiosísima mediación privada
para que de una manera digna se arregle el asunto de la sagrada
deuda [roto en el documento original] infeliz Cuba".(47)
Ese
mismo día, Máximo Gómez salió de la
ciudad de Santo Domingo "[...] en medio de un lucido acompañamiento
que le siguió hasta el muelle"(48)
y se embarcó en el vapor G. W. Clyde, buque que hizo escalas
en San Pedro de Macorís y Santa Bárbara de Samaná
y el 18 arribó a Puerto Plata donde descendió a tierra.
Puesto
que previamente sus protectores, el arzobispo Meriño y Eugenio
María de Hostos, habían logrado del presidente Woss
y Gil que Máximo Gómez pudiera permanecer en Puerto
Plata bajo la protección de Luperón, este pasó
todo el resto del mes de enero esperando un "[...] pagaré
endosado al señor Diego Loynaz, por la suma de ocho mil pesos
_para ver si se logra descontarlo en esta plaza".(49)
El
general Ulises Heureaux se presentó en Puerto Plata en la
primera semana de marzo de ese año(50)
y el Generalísimo, apuntó en su Diario el 8 de marzo
de 1886: "Llega Lilís, célebre por sus picardías
_me entregan el pagaré. Los términos en que está
redactado no ofrecen las mejores ventajas para negociarlo _y paso
todo este mes en inútiles diligencias para hacerlo dinero
efectivo _sin poderlo lograr".(51)
Máximo
Gómez y Lilís se entrevistaron varias veces sin que
este pudiera negociar el pagaré por lo que tuvo que recurrir
a Maximiliano Grullón, Casimiro Nemesio
de Moya y a Gregorio Luperón para lograr reunir $2 500.00
que quedaron reducidos a $1 125.00 los cuales fueron repartidos
entre el general Francisco Carrillo, el doctor Eduardo Hernández
con el objetivo de cubrir sus gastos de viaje y comprar armas en
New York y para él sufragar los suyos para viajar a Jamaica
donde esperaría noticias. El día 14 de marzo, el Generalísimo
abandonó Puerto Plata, por vía de Islas Turcas, y
el 18 desembarcó en Kingston, Jamaica.(52)
Al
embarcarse en Puerto Plata. Máximo Gómez abandonó
el país, según sus palabras, "[…] con el
corazón triste _porque el fracaso ha sido más doloroso
cuanto que ha acontecido entre los míos".(53)
Y este
doloroso fracaso por recuperar vanamente las armas y el material
bélico que Ulises Heureaux y Alejandro Woss y Gil se negaron
a entregarle, significó también que abortara todo
el Plan Insurreccional Gómez-Maceo para reanudar la guerra
de independencia de Cuba. El Generalísimo, además
de vaticinar lo negativo que resultaría Lilís para
el desarrollo del proceso histórico del pueblo dominicano,(54)
escribió con un cierto humor negro que en su caso, muy bien
se le podría aplicar "[…] lo de aquel adagio vulgar
`vine por lana y salí trasquilado'".(55)
A pesar
de ese descalabro, el Generalísimo no desmayó en sus
intentos insurreccionales durante ese período que Martí,
con gran acierto, denominó "La tregua fecunda",
ni tampoco se desanimó cuando ya unidos ambos igualmente
vio malograrse el Plan de la Fernandina, en enero de 1895. Por el
contrario, después de firmar juntos, el 25 de marzo de 1895,
el manifiesto "El Partido Revolucionario Cubano a Cuba",
conocido históricamente como "El Manifiesto de Monte
Cristi", integró "la mano de valientes" que
con el Apóstol desembarcó por Playitas de Cajobabo
y reinició la "guerra necesaria" que culminó
con la mediatizada independencia del pueblo cubano y la república
neocolonial.
Notas
1 Cuba.
Instituto de Historia de Cuba. Las luchas por la independencia nacional
y las transformaciones estructurales, 1868-1898. La Habana : Editora
Política, 1996. p. 354.
2 "Comunicación de Hipólito Billini Aristy a
su hermano Francisco Gregorio, sin número, New York, 17 de
diciembre de 1884", p. 4. Ambos hermanos se carteaban con mucha
frecuencia, siempre de manera confidencial, empleando como mensajeros
a amigos y personas de confianza que viajaban entre New York y Santo
Domingo, en los vapores de bandera norteamericana Santo Domingo
y G . W. Clyde, que hacían escalas en Islas Turcas, Cabo
Haitiano, Puerto Plata, San Pedro de Macorís y Samaná,
sin enviar copias al Ministerio de Relaciones Exteriores, por lo
que no existen duplicados en Copiadores de Oficios en la Cancillería
ni en el Archivo General de la Nación de Santo Domingo. Esta
comunicación y otras citadas más adelante, constituyen
originales inéditos del archivo del amigo y profesor universitario
José Antinoe Fiallo Billini, descendiente de los hermanos
Billini Aristy, quien tuvo la gentileza de facilitármelas
para este trabajo, por lo que le estoy muy agradecido. En lo adelante,
citaré esta correspondencia inédita como AJAFB (Archivo
José Antinoe Fiallo Billini).
3 El
arma de fuego portátil de mayor aceptación y más
generalizada en la época por cubanos y españoles fue
la carabina Remington que, a pesar de tener un origen norteamericano,
fue fabricada por el gobierno español y adoptada por su ejército
en 1871. La carabina Remington calibres 41 y 43
y el machete fueron "la delectación del patriota cubano".
Véase Ramos Zúñiga, Antonio. Las armas del
ejército mambí. La Habana : Editora Política,
1984. pp. 88, 98.
4 La
Casa Jimenes fue una conocida empresa comercial de Juan Isidro Jimenes
Pereyra ubicada en Monte Cristi que explotaba los recursos forestales
de la Línea Noroeste y zonas aledañas. En cierto momento
fue la que tuvo mayor volumen de negocios en el país, pues
exportaba maderas tintóreas y preciosas, cueros de res y
de chivo, miel de abejas y cera a varios países europeos
y los Estados Unidos de América, a la vez que importaba,
comestibles y bienes de uso y consumo. Mantuvo oficinas en Hamburgo,
Bremen, Amsterdam, Londres, Bristol, Liverpool, París, New
York y Boston. Jimenes fue protector de Máximo Gómez
y cuando este se radicó en el país a inicios de 1889,
le facilitó tierras fértiles y dinero para que en
Laguna Salada, Guayacanes, cual Cincinato, infructuosamente intentara
ser productor agropecuario en su finca La Reforma. Después,
Jimenes se convirtió en un caudillo nacional y fue presidente
de la república durante los años 1899-1902 y 1914-1916.
5 "Comunicación
de Hipólito Billini a su hermano Francisco Gregorio, Nº
2 637, New York, 12 de febrero de 1885". p. 4. (AJAFB)
6 Pérez
Guzmán, Francisco y Violeta Serrano Rubio. Máximo
Gómez. Aproximación a su cronología, 1836-1905.
La Habana : Editora de la Academia de Ciencias de Cuba, 1986. p.
51.
7 Se
refiere al patriota y restaurador general Benito Monción,
caudillo de la Línea Noroeste y gobernador del Distrito Marítimo
de Monte Cristi, quien residía en Guayubín.
8 A
partir de la segunda mitad del siglo xix en República Dominicana
popularmente se llamó "brogó" a la carabina
Remington de cañón corto y grueso calibre, a la tercerola
que usaba la caballería española.
Véase:
Rodríguez Demorizi, Emilio. Del vocabulario dominicano. Santo
Domingo : Editora Taller, 1983. p. 41. (Fundación Rodríguez
Demorizi, Vol. XVII) y Esteban Deive, Carlos. Diccionario de dominicanismos.
2ª ed. corregida y aumentada. Santo Domingo : Editora Manatí,
2002. p. 41. (Ediciones Librería La Trinitaria)
9 Remúa:
Dominicanismo que designa a la ropa campesina compuesta por pantalones
y chamarra de algodón o "fuerte azul". En: Emilio
Rodríguez Demorizi, E. Ibídem, p. 225.
Esteban
Deive, C. Ibídem, p. 181.
10
"Comunicación de Hipólito Billini a su hermano
Francisco Gregorio, Nº 2 654, New York, 16 de febrero de 1885".
pp. 4-5. (AJAFB)
Cuando
Hipólito menciona que "conviene por la propaganda haitiana"
se refiere a problemas fronterizos que hubo con el gobierno haitiano
presidido por el general Lysius Salomon, en noviembre de 1884, por
sus pretensiones en la delimitación de la línea divisoria
domínico-haitiana, conforme al Tratado de Paz, Amistad, Comercio,
Navegación y Extradición entre la República
Dominicana y la República de Haití, del 9 de noviembre
de 1874, particularmente por la crisis provocada por el incidente
fronterizo cuando los haitianos ocuparon militarmente la población
de Gurabo, al sur de Dajabón, en la Línea Noroeste.
Este hecho causó una movilización de tropas a ambos
lados de la frontera y que Máximo Gómez lo tomara
como excusa para justificar la compra de las armas que se utilizarían
en el Plan Gómez-Maceo. Para más información
relativa a este suceso que estuvo a punto de generar en un conflicto
bélico, véase: Peña Battle, Arturo Manuel.
Historia de la cuestión fronteriza domínico-haitiana,
I. 1ª ed. Ciudad Trujillo : Editora de Luis Sánchez
Andújar,1946. t. 1, pp. 211-212.
11
"Comunicación de Hipólito Billini a su hermano
Francisco Gregorio, Nº 2 661, New York, 21 de febrero de 1885".
p. 2. (AJAFB)
12
"Comunicación de Hipólito Billini a su hermano
Francisco Gregorio, Nº 2 663, New York, 21 de febrero de 1885".
p. 4. (AJAFB)
13
Pérez Guzmán, F. y V. Serrano Rubio. Op. cit. (6).
p. 51.
14
"Comunicación de Hipólito Billini a su hermano
Francisco Gregorio, sin número, New York, 27 de marzo de
1885". p. 2. (AJAFB)
15
"Comunicación de Hipólito Billini a su hermano
Francisco Gregorio, Nº 2 720, New York, 21 de abril de 1885".
pp. 1-2. (AJAFB)
16 "Comunicación de Hipólito Billini a su hermano
Francisco Gregorio, sin número, New York, 5 de mayo de 1885".
pp. 15-16. (AJAFB)
17
"Comunicación de Máximo Gómez a Francisco
Gregorio Billini, New York, 6 de mayo de 1885". Archivo Nacional
de Cuba, Fondo Máximo Gómez, Legajo 1, Nº 38.
Documento
que gentilmente me localizó y envió el historiador
cubano Francisco Pérez Guzmán.
18
Esta comunicación del Generalísimo al presidente Alejandro
Woss y Gil fue localizada por la historiadora e investigadora cubana
Mercedes García Rodríguez, quien la citó en
un trabajo inédito que escribió en ocasión
de la conmemoración del sesquicentenario del nacimiento de
Máximo Gómez en noviembre de 1986, titulado "Máximo
Gómez. Antillanismo y revolución nacional", del
cual tuvo la gentileza de obsequiarme una copia. En esa época,
el Fondo Máximo Gómez no tenía la organización
que se le dio a partir de 1991 y el documento tenía por referencia
la Caja Nº 81, referencia inexistente hoy. Ante mi solicitud,
el historiador Francisco Pérez Guzmán trató
de ubicarlo para poderlo citar con su referencia actual, pero por
la falta de tiempo y la prisa, su esfuerzo resultó infructuoso.
19
Gómez, Máximo. Diario de Campaña. 15 y 30 de
mayo de 1885. Ceiba de Agua, La Habana : Talleres del Centro Superior
Tecnológico, 1941. pp. 194-195. (Comisión de Archivo
de Máximo Gómez. Edición Homenaje 104 Aniversario
del Natalicio del General Máximo Gómez)
20
"Comunicación de Máximo Gómez a monseñor
Fernando Arturo de Meriño, Cárcel de Santo Domingo,
4 de enero de 1886". En: Rodríguez Demorizi, E. Papeles
dominicanos de Máximo Gómez. 2ª ed. Santo Domingo
: Editora Corripio, 1985. p. 131. (Fundación Rodríguez
Demorizi, Vol. XXIII)
21
El Generalísimo se refería al mayor general Serafín
Sánchez, que vivió once años en Puerto Plata
y a quien debían ser entregadas las armas llamadas por Gómez
"las prendas".
22
"Comunicación de Máximo Gómez a Francisco
Gregorio Billini, Kingston, Jamaica, 15 de agosto de 1885".
En: Rodríguez Demorizi, E. Op. cit. (20). pp. 421-422.
23
"Comunicación de Máximo Gómez a los brigadieres
Sánchez y Carrillo, Kingston, Jamaica, 16 de agosto de 1885".
En: Pichardo, Hortensia. Máximo Gómez. Cartas a Francisco
Carrillo. La Habana : Editorial de Ciencias Sociales, 1971. pp.
44-45.
24
Gómez, M. Op. cit. (19). p. 198.
25
Apodo con el que familiarmente se conocía al general Gregorio
Luperón.
26
"Comunicación de Máximo Gómez a los brigadieres
Sánchez y Carrillo, Kingston, Jamaica, 17 de septiembre de
1885". En: Pichardo, H. Op. cit. (23). p. 46.
27
Gómez, M. Op. cit. (19). pp. 198-199.
28
Ibídem, p. 199.
29
Ibídem, p. 200.
30
Ídem.
31
Véase El Porvenir (Puerto Plata) 14(632):2-3; 31 oct. 1885.
El
opúsculo "La vuelta a la Patria" fue reproducido
por Emilio Rodríguez Demorizi en las dos ediciones de su
obra Papeles dominicanos de Máximo Gómez, años
1954 y 1985.
32
Gómez, M. Op. cit. (19). p. 201.
33
"Comunicación del presidente Alejandro Woss y Gil al
General Gregorio Luperón, Santo Domingo, 4 de noviembre de
1885." Archivo Nacional de Cuba, Fondo Máximo Gómez,
Legajo 5, Nº 719.
Información
cortesía del historiador Francisco Pérez Guzmán.
34
"Comunicación de Máximo Gómez a Francisco
Gregorio Billini, Puerto Plata, 8 de noviembre de 1885". En:
Rodríguez Demorizi, E. Op. cit. (20). p. 424.
35
"Comunicación de Gregorio Luperón a Ulises Heureaux,
Puerto Plata, 16 de noviembre de 1885". Archivo Nacional de
Cuba, Fondo Máximo Gómez, Legajo 5, Nº 652.
Copia
de este documento gentilmente me la hizo llegar el historiador cubano
Francisco Pérez Guzmán.
36
"Revista El Quisqueyano, Nº 1, p. 1. Santo Domingo, 27
de noviembre de 1885": En: Rodríguez Demorizi, Emilio.
Hostos en Santo Domingo. 1ª ed. Ciudad Trujillo : Imprenta
J. R. Vda. García, Sucs., 1942. t. 2, p. XXXIX. (Centenario
de Eugenio María de Hostos, 1839-1939, Homenaje de la República
Dominicana)
El el año 2004, la Sociedad Dominicana de Bibliófilos,
Inc. reeditó los dos tomos de esta obra dentro de su Colección
Bibliófilos 2000, con el Nº 11)
37
Gómez, M. Op. cit. (19). p. 202.
38
Alfau Durán, Vetilio. Nota al trabajo de Manuel Ángel
González Rodríguez "Apuntes y recuerdos de San
Carlos, VII". Clio (Ciudad Trujillo) 25(110):176; abr.-jun.
1957.
La
publicación es el Órgano de la Academia Dominicana
de la Historia.
39
González Rodríguez, Manuel Ángel. Apuntes y
recuerdos de San Carlos, IV. Clio (Ciudad Trujillo) 24 (107):94;
abr.-jun. 1936.
Véase
también: Herrera Cabral, César. "Máximo
entre los libertadores de América". Divulgaciones históricas.
Santo Domingo : Editora Taller, 1989. p. 122. (Biblioteca Taller
Nº 261) y a Incháustegui, Sergio Joaquín. Reseña
histórica de Baní. 3ª ed. Santo Domingo : Editora
Búho, 2001. pp. 71-72 (Alianza Banileja y Asociación
Peravia)
40
Gómez, Máximo. Revoluciones… Cuba y hogar (Recopilación
de su hijo Bernardo Gómez Toro). La Habana : Imprenta y Papelería
Rambla, Bouza y Cía., 1927. p. 229.
41
"Comunicaciones de Máximo Gómez a su hija Ignacia
Gómez Castillo, Cárcel de Santo Domingo, inicios de
enero de 1886". En: Rodríguez Demorizi, E. Op. cit.
(20). pp. 21-23.
42
"Comunicación de Máximo Gómez al arzobispo
Fernando Arturo de Meriño, Cárcel de Santo Domingo,
4 de enero de 1886". En: Gómez, M. Op. cit. (40). pp.
231-232.
43
"Comunicación de Máximo Gómez al general
Ulises Heureaux, Cárcel de Santo Domingo, 8 de enero de 1886".
Ibídem, p. 235.
44
"Comunicación del presidente Alejandro Woss y Gil a
Eugenio María de Hostos, Santo Domingo,
8 de enero de 1886". En: Rodríguez Demorizi, E. Op.
cit. (20). p. 339.
45
Gómez, M. Op. cit. (19). p. 204.
46
El Eco de la Opinión (Santo Domingo) (340):1; 14 en. 1886.
Hemeroteca
del Archivo General de la Nación, Santo Domingo.
47
"Comunicación de Máximo Gómez al presidente
Alejandro Woss y Gil, Santo Domingo, 15 de enero de 1886".
Archivo Nacional de Cuba, Fondo Máximo Gómez, Legajo
5, Nº 738.
Gentileza
del historiador Francisco Pérez Guzmán.
48
Gómez, M. Op. cit. (19). p. 204.
49
Ídem.
50
El semanario El Porvenir (año XIV, Nº 649, p. 2, Puerto
Plata, 6 de marzo de 1986), anunció que: "Entre los
pasajeros que vinieron de la Capital en el vapor Santo Domingo,
se encontraba el general Heureaux […]".
Hemeroteca
del Archivo General de la Nación, Santo Domingo.
51
Gómez, M. Op. cit. (19). pp. 204-205.
52
Ibídem, p. 205.
53
Ídem.
54
Véase la opinión del Generalísimo sobre el
general Ulises Heureaux:
[...]
hombre de aviesas intenciones para todo lo que no le redunde en
su propio bien. Se deja conocer en él, una desmedida ambición
de dinero, y sacrifica lo más sagrado a sus intereses. […]
Si
los dominicanos no tratan de quitarse la influencia maléfica
de ese hombre, el país va derecho a la ruina y al salvajismo.
La fuerza no es Gobierno, y este es el único medio que conoce
Lilís para gobernar.
En:
Gómez, M. Op. cit. (19) pp. 205-206.
55
"Comunicación de Máximo Gómez al general
Ulises Heureaux, Puerto Plata, 8 de enero de 1886". En: Rodríguez
Demorizi, E. Op. cit. (20). p. 135.
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