| Profesor
de la Universidad de La Habana
Aunque
el empleo del latín como lengua oficial de comunicación
académica había dado paso a la enseñanza en
español en 1842 en la secularizada Real y Pontificia Universidad
de La Habana, su estudio se mantenía, pero con el carácter
de asignatura de formación cultural básica, no sólo
en la propia Universidad denominada entonces Real y Literaria, sino
también en colegios y clases particulares, y desde 1863 en
los institutos provinciales de Segunda Enseñanza y otros
centros. Disminuye por ello a partir de ese momento el número
de obras neolatinas, si bien el latín sigue usándose
como lengua de la Iglesia católica y su liturgia, y de algunas
ramas científicas como la Biología. De esa época
posterior al empleo del latín como lengua viva con preferencia
sobre la española, es el poema en hexámetros dactílicos
"Prima hostia", publicado en 1892 sin indicación
del autor en la Corona poética que a la eterna memoria del
gran Cristóbal Colón ofrecen en el IV Centenario del
descubrimiento de América los alumnos del Real Colegio de
Belén,(1) que puede consultarse en la Sala
Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí; en la
Francisco de Paula Coronado de la Universidad Central "Marta
Abreu", de Las Villas; en la Biblioteca Nacional de México,
y en la de Madrid.
Sobre
el posible autor de este texto, cabe suponer que se trata del español
radicado en Cuba Eustasio Urra y Mazquiarán, natural de Estella,
Navarra, quien era por entonces profesor y sacerdote con residencia
en el afamado colegio regido por los jesuitas. Para ello se tienen
en cuenta básicamente las menciones y los calificativos que
el eminente lingüista cubano y amigo suyo Juan M. Dihigo y
Mestre, graduado de aquel centro, le dedica en varias oportunidades
en sus estudios relacionados con el desenvolvimiento del latín
y el griego en Cuba: "muy esclarecido literato",(2)
"poeta y literato",(3) "ilustre
literato
y cultísimo latinista".(4) Por supuesto,
que es esta una mera conjetura, apoyada también en el dominio
del latín demostrado por Urra en su disertación en
esa lengua titulada en español "El Pro corona de Demóstenes",(5)
y en el hecho de que Dihigo no citara a ningún otro latinista
del Colegio de Belén. Mayor certeza ofrece _y debe darse
como argumento conclusivo_ la afirmación, al pasar, del profesor
de lenguas clásicas Juan Francisco de Albear y Saint-Just
en su discurso de apertura del curso académico de la Universidad
de La Habana (1894-1895) de que la oda en griego y el himno en latín
que aparecen, entre otras composiciones poéticas, en la Corona
poética..., se deben a la pluma del "distinguido literato
P. Urra, profesor del Colegio".(6) El doctor
Albear citaba esos textos como un ejemplo del cultivo de las lenguas
griega y latina en La Habana. Poco antes incluía entre los
que han brillado por sus traducciones a Eusebio Guiteras, sin duda
buen latinista, si bien fue su hermano Antonio quien alcanzó
celebridad con su traducción de los primeros cantos de las
Eneida de Virgilio; sin embargo no debe concedérsele mayor
importancia a este desliz de tan prestigioso profesor.
Se ofrece a continuación el poema, escrito
en un latín correcto y con un buen empleo de la métrica,
al que sigue nuestra propuesta de versión al español.
Prima
Hostia
Humano
quondam quas sanguine tinxerat aras
Gens
ignara Dei, terris iacuisse videbat
Illas,
magnorum Genetrix, Europa virorum.
Et
placasse Deos moerebat, virgine caesa,
Sacris
thure dato flammis Asiatica tellus.
No
calidus Lybiae sanguis fumabat ad aras,
Quas
prope caeruleum tumidis mare volvitur undis
Christiadum
fissis audacter saepe carinis
Intereaque
dies celebrant per gramina festos,
Gramina,
triste nefas! Humano sanguine tincta,
Fortes
quas gentes tellus alit ultima terris.
Ast
procult in pelago surgit pulcherrima Cuba
Insula,
ubi primo solemnis victima Christus
Se
obtulit ipse Deo, tenuesque levatur ad auras
Hostia.
Tum gelidas qualis cum dimovet umbras
Orta
dies, fremit, et latebras horrenda ferarum
Turba
petit, raucis saltus clarioribus implens
Sic
rabie fera corda tument et numina mussant,
Subque
imus arae tremuere et templa deorum,
Victima
dum placidis Christus libatur in aris.
La primera hostia(7)
Un
pueblo en otro tiempo desconocedor de Dios, Europa, patria de grandes
hombres, veía yacer por los
suelos los altares que había teñido con sangre humana.
También la tierra de Asia deploraba haber
aplacado a los dioses con el sacrificio de una doncella cuando con
sus llamas sagradas ofreció el incienso.
Ni la cálida sangre de Libia humeaba los
altares cerca del azulado mar cristiano a los cuales se arrojan
audazmente las naves quebrantadas por las encrespadas olas.
Y mientras tanto, la última tierra alimenta
de sus suelos a pueblos valientes que celebran sus días de
fiesta en las praderas _¡las praderas, triste sacrilegio!_,
teñidas de sangre humana.
Pero a lo lejos descuella en el mar la bellísima
isla de Cuba, donde por primera vez una víctima solemne,
Cristo, se ofreció a Dios, y la hostia se elevó hacia
las tenues brisas.
Entonces, cual surge el día cuando se alejan
las sombras heladas, una horrenda multitud de fieras se dirigen
a las cuevas, llenando de roncos clamores los bosques.
Así, con rabia, los feroces corazones se
inflaman, los númenes mascullan, y desde lo profundo se estremecen
los altares y los templos de los dioses, mientras Cristo, la hostia,
se liba en plácidos altares.8
Notas
1 Corona poética que a la eterna memoria
del gran Cristóbal Colón ofrecen en el IV Centenario
del descubrimiento de América los alumnos del Real Colegio
de Belén. Habana : Imprenta y Papelería "La Universal",
de Ruiz y Hermano, Calle de San Ignacio 15, 1892.
2 Revista de la Facultad de Letras y Ciencias (La Habana) 26:225;
1918.
3 Dihigo y López-Trigo, Ernesto. Bibliografía
de Juan M. Dihigo y Mestre. La Habana, 1964. (Registro 263)
4 Dihigo y Mestre, Juan M. Los estudios clásicos
en Cuba. La Habana : La Propagandista, 1928. p. 15.
5 Op. cit. (2).
6 Albear y Saint-Just, Juan Francisco. Discurso
leído en la apertura... La Habana, 1994. p. 48.
7 La primera misa, que se dijo en Cuba, parece ser
la celebrada el 7 de julio de 1494, a orillas del Jatibonico. En
La Habana la primera tuvo lugar en 1519, al pie de una ceiba existente
junto al actual Templete (Tomado de obra citada en nota 1).
8 Agradezco a Concepción Moré de Castro
la lectura de la traducción.
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