| * Poeta, crítico
y ensayista
¿El
doctor Salvador Bueno es un creador? En el uso sustantivo del término,
según lo propone el Diccionario de la Real Academia Española
de la Lengua, efectivamente, lo es: un creador literario, puesto
que se ha ocupado durante sesenta años consecutivos de la
literatura, de estudiarla, historiarla, explicarla, divulgarla,
y ha sido uno de los ensayistas literarios más fecundos del
siglo xx cubano. Como el término creación no implica
sólo a los géneros de ficción, Salvador Bueno
ha sido un creador eficiente en su área de trabajo: el ensayo
y la crítica literarios, que ha cultivado con profusión.
Ha sido además un periodista cultural muy destacado, con
numerosísimos artículos de reseñas, comentarios
críticos y notas divulgativas publicados extensamente en
revistas y periódicos cubanos, españoles, mexicanos,
estadounidenses y de muchos otros países de Europa y América.
Su Bibliografía selectiva (La Habana, 1987) ocupa un volumen
de 238 páginas, con más de 1 300 asientos bibliográficos,
compendiando no todo lo que publicó entre las décadas
de 1940 y 1980. Lo más interesante de ello no es el factor
cuantitativo, sino haber él cumplido los tres requisitos
esenciales que pedía Juan Marinello para un crítico:
ser orientador, creativo, y ofrecer juicios novedosos acerca de
lo que trata.
Habiendo nacido
en 1917, cuando era aún un hombre de poco más de veinte
años, comenzó su estudio sistemático de la
literatura cubana. Su prestigio aumentó entre las décadas
de 1940 y 1950, y al triunfar la Revolución en 1959, Salvador
Bueno era ya un intelectual prominente, reconocido en el medio profesoral
y profesional de las letras y el periodismo patrio. Había
sido el autor de una útil Historia de la literatura cubana
(La Habana, 1954), vigente por varias décadas como texto
oficial en los sistemas de enseñanza del país, de
la que se cuenta con seis ediciones.
Pero
sobre todo, Salvador Bueno se ha destacado como un investigador
tenaz. Y sus esferas de investigaciones son bastante "personales":
aquellas en las que
no se han inmiscuido mucho los críticos literarios cubanos,
tales como el ensayismo del siglo xix y de la primera mitad del
xx, la literatura costumbrista, la crítica literaria de ese
mismo lapso y sobre todo la narrativa cubana, acerca de la cual
ha aportado numerosas ideas para su mejor comprensión contextual.
Este "terreno" de investigaciones ha sido bien abonado
por su labor, se ha cimentado él mismo como un experto en
literatura cubana, por lo que de hecho ha sido consultante de infinidad
de trabajos profesionales sobre historización y crítica
literarias en Cuba y en el exterior.
Se evidencia
en su Bibliografía..., que su materia de preferencia ha sido
el rescate de la memoria de valiosos cubanos, de hombres y mujeres
dedicados a las letras y que dejaron obras sólidas, como
patrimonio de la cultura cubana. A Salvador Bueno le han interesado
las figuras cubanas tanto en sus aspectos biográficos, relacionados
con la profesión creativa, como el propio y particular hecho
creativo, las obras mismas, en las que se ha detenido y sobre las
que ha trabajado con diversos grados de intensidad, desde la simple
reseña, el comentario paralelo (descriptivo) o la exégesis
más profunda.
En
ese sentido, su primer libro fundamental, entre los que había
publicado ya en los años iniciales de su labor, es Temas
y personajes de la literatura cubana (La Habana, 1964), en el que
se advierte también que su elección se ciñe
más a los autores del siglo xix. Entre los especialistas
cubanos de ese siglo (Raimundo Lazo, Cintio Vitier, Salvador Arias,
et al.), Bueno descuella por su constancia, por referirse particularmente
a las figuras centrales, pero asimismo a los pensadores y críticos,
de algunos de los cuales ha revivido, reeditado o rescatado valiosos
volúmenes.1
Quiero referirme
a aspectos menos ponderados de su obra. Por lo común se ve
en él al estudioso de la literatura cubana, en especial,
como ya dijimos, de su narrativa y ensayismo, sin que nos percatemos
mucho de que nada literario le es ajeno, que ha trabajado también
intensamente sobre la literatura hispanoamericana, y que, en función
genérica, ha dedicado numerosos ensayos a poetas y obras
líricas descollantes.
Por eso me detengo
ahora en su grueso volumen Aproximaciones a la literatura hispanoamericana
(La Habana, 1984), donde se compilan cuarenta ensayos muy informados,
acerca de cronistas, narradores, poetas y ensayistas, así
como sobre movimientos literarios, etapas históricas, y asuntos
étnicos de la que José Martí llamó "Nuestra
América". Este copioso, enjundioso libro es uno de los
mejores que se hayan publicado sobre tal materia regional, vista
en su multiplicidad literaria; o sea, el autor se introduce de lleno
en lo que él mismo llama: "Los enigmas de América,
la mestiza", y deja claro que por cuarenta años ha estado
ofreciendo esos textos en revistas especializadas o de divulgación
popular:
Estos
acercamientos _dice Bueno_ por medio de monografías, ensayos
artículos y reseñas, proponen a distintos niveles
de lectura una interpretación de ciertas facetas de nuestra
literatura
hispanoamericana, una respuesta a los enigmas que plantean los autores
y las obras literarias…
Este aspecto
que he querido resaltar, calza la imagen de un Salvador Bueno al
servicio del estudio de lo menos explorado, arrojando luces hacia
aquellos sitios que él sabe complejos, llenos de "enigmas",
y que quizás por ello acumularon durante décadas mucha
menos bibliografía que los explosivos boom, que la literatura
experimental o de rasgos sexualizadores, que suelen dar más
"fama" y hasta relativo prestigio en la inmediatez a quienes
se ocupan de ella.
El escándalo
a veces favorece, y ocuparse de las literaturas que hacen más
ruido en la coetaneidad, puede rendir buenos dividendos relativos…
Salvador Bueno, sin embargo, se ha puesto del lado oculto, del lado
que promete menos beneficios personales de reconocimiento, porque
su misión es servir, ser útil, trabajar en silencio
en las áreas de estudio para las que se siente mejor dotado.
Lo que no siempre es bien correspondido. Y en efecto, Bueno no ha
tenido el clamoroso aplauso de los críticos que se han ocupado
de la inmediatez más ruidosa, y hasta se le ha asignado el
calificativo de "divulgador", como si con ello se rebajase
su condición de ser uno de los principales críticos
e historiadores literarios con que ha contado Cuba, sobre todo en
su pasado siglo xx.
Sus
frutos han de rendir en el siglo xxi, ahora mismo entrante, entre
fuegos y guerras. Cuando llegue la calma, la hora de justipreciar
y valorar hondamente la huella de una vida, quizás algunos
observen con asombro lo que para otros no es un secreto: autores
como Raimundo Lazo, o Salvador Bueno, o los más jóvenes
y también menos ruidosos Leonardo Acosta o Denia García
Ronda, en diferentes esferas de trabajo, han dejado detrás
suyo obra cimentada, valiosa y sobre todo útil: divulgativa
y orientadora, que es muchas veces la mejor manera de ser realmente
útil en las labores de la teoría y la crítica
literarias.
Nos atrae la
atención en este volumen la faceta más conocida de
Bueno: los estudios cubanos. él ha sentido una pasión
esencial por ellos, no sólo manteniéndose al día
de lo que se escribe en Cuba, sobre todo en narrativa y ensayística,
sino también sopesando, observando obras en la distancia
que pueden tener valor y repercusión en nuestro tiempo. Por
eso vemos su insistencia en el periplo de la condesa de Merlín.
Por eso observamos que estima insoslayable incluir alguno de sus
numerosos escritos acerca de la obra de Alejo Carpentier. Por eso
insiste en Cecilia Valdés, en el articulismo del siglo xix
(ya hemos dicho que ese siglo es de su máxima especialización),
en José Martí…, hitos esenciales de la evolución
de la literatura cubana, y que él subraya como elementos
identitarios por medio del arte de la palabra, cuyas repercusiones
llegan a nuestros días.
Pero
hay una faceta crítica de Bueno que ha sido aún menos
reconocida: su laboreo con la poesía de Cuba. Se ha dicho
a veces que Salvador Bueno es un especialista en narrativa, y ello
es verdad, pero no se han observado los aportes que él ha
realizado en el estudio de la
lírica. Por eso quizás esta parte interesante de su
obra merezca el agrupamiento de textos acerca de Guillén,
Lezama, la Loynaz, Félix Pita…, y otros aspectos sobre
poesía. Merece hallar en un solo tomo todo lo que este valioso
crítico e historiador de las letras, ha escrito acerca de
la poesía.
Certeramente,
con la mirada bien situada, el crítico elige y elige bien;
si no se lanza al riesgo de comentar a los más jóvenes
poetas, de obras menos exploradas, asume otra contingencia: la del
análisis de los consagrados, que no es riesgo menor. Y sus
textos salen gananciosos, porque junto al dato crítico se
incluye el testimonial, la cercanía, la presencia del poeta
(y de la poetisa), que crean y viven en las páginas de Salvador.
Es cierto que el crítico debe asumir los riesgos de su coetaneidad,
¿pero acaso Guillén, Lezama, la Loynaz y Pita no son
sus coetáneos? ¿El riesgo de lo no explorado? ¿Y
el azar de hallar nuevas aristas entre lo más reconocido?
¿Cuál es en verdad el reto mayor que asume un crítico?
Quizás dijéramos que el de la honestidad, el de escribir
por el propio mandato sobre aquello que siente como más adecuado
para él, para arrojar luces, para orientar. Y Salvador Bueno
ha sido, sin dudas, un honesto crítico literario, mesurado
y sagaz, no llamado a dar alaridos, sino a llamar la atención
con cuidado, con mesura. Esa mesura no quiere decir que no haya
sustancia honda, que la hay. Razón tiene Imeldo Álvarez
cuando se refiere a nuestro autor y dice, en el prólogo a
Ensayos sobre cubanos (La Habana, 1980): "Toda escritura nace
bajo diversas de terminaciones sociales y psicológicas y
lo determinante en Salvador Bueno es la ilusión del porvenir,
la negación de la muerte, es decir, el orgullo y la embriaguez
de lo fecundante".
Bueno ha tenido
ocasión de hacer su propia "antología' de ensayos,
de ofrecer grupos de sus textos, en los que el lector pueda no sólo
apreciar las obras de que se habla, sino asimismo la propia labor
del crítico. Se advertirá que posee una prosa característica,
explicativa, directa, comunicadora, permeada de su larguísima
experiencia como profesor; advertiremos el habitual entrelazamiento
que suele hacer Bueno entre la figura comentada y su oficio de escritura,
o sea, el manejo de datos biográficos de interés para
el estudio cabal de una obra en su tiempo. Y ese es su método
de análisis: el análisis de textos en su en sí
irradiante, del autor como persona viva y de la época a la
que pertenecen obra y autor. Lejos de un inmanentismo cerrado, o
de un análisis más aséptico que realmente científico,
Salvador Bueno prefiere observarlo todo inmerso en un proceso vital:
la creación dentro del contexto literario de su tiempo, y
el autor dentro del contexto social. Esa doble contextualización
permite el conocimiento y resalta el valor cognoscente del método
de estudio aplicado.
La
contribución del doctor Salvador Bueno a los estudios literarios
cubanos es de peso. Su labor creativa no ha sido meramente ancilar,
o sea, en función de otras obras y otros autores, como una
suerte de parasitismo crítico; lejos de ello, sus aportes
son de raíces creativas, porque no se atuvieron al comentario
de reseña,
a la cualidad descriptiva o a la simple presentación, sino
que él puso en juego su sabiduría, sus bienes profesionales,
que son los bienes de la cultura, y sobre todo su sensibilidad,
con la carga subjetiva que ello entraña. Ha sabido elegir
el campo de referencia más apropiado a esa sensibilidad suya,
y también hizo de su ensayística, de sus mejores textos,
arte de la palabra.
Durante
muchos años he respetado y querido a Salvador Bueno; no sólo
he visto en él las virtudes de un excelente profesor, sino
también la honestidad, limpieza, cuidado sumo en el trato
humano, que forman su hombradía. Y junto a ello, el fervor
que pone en sus escritos, el afán de utilidad que vive en
él, con una modestia y sentido de la humildad que muchas
veces han dañado el hondo reconocimiento que merece. Pero
cuál ganancia mayor puede haber para una obra, cuál
galardón será más hermoso que el de la utilidad
(sin utilitarismo vano), que el de tener conciencia de haber sido
un hombre útil, haber dado de sí mismo lo que se considera
mejor. Salvador Bueno lleva la marca en su apellido: es, en toda
la extensión de la palabra, un hombre bueno, que era lo que
proponía Antonio Machado como la mejor oferta personal a
la sociedad de su tiempo.
El tiempo no
espera, nos arma y nos borra, deja hacer obras y deja asimismo que
el olvido (a veces el piadoso olvido), las sepulte. Salvador Bueno
ha dejado memoria, ha asociado su nombre con momentos pinaculares
de la cultura cubana, y puede sentir la certeza de que no ha sido
en vano.
Notas
1 Enrique José
Varona, periodista. La Habana : Academia Cubana de la Lengua, 1999.
Piñeyro, Enrique. Poetas famosos del siglo xix. La Habana
: Academia Cubana de la Lengua, Editorial Pablo de la Torriente,
1999.
Ensayos críticos
de Domingo del Monte. La Habana : Academia Cubana de la Lengua,
Editorial Pablo de la Torriente, 2000.
Guiteras, Pedro
José. Vidas de poetas cubanos. La Habana : Academia Cubana
de la Lengua, Editorial Pablo de la Torriente, 2001.
Todos con selección,
prólogo y notas de Salvador Bueno.
regresar
|