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Ensayista y director de la Biblioteca Nacional José Martí
Este
número de la Revista de la Biblioteca Nacional correspondiente
al primer semestre del 2004 cierra con un artículo de la
maestra Nydia Sarabia que no pudo hallar mejor título: "¡Libros!
¡Libros! He aquí una palabra mágica".
Sin lugar a
dudas lo es, pero, ¿por cuánto tiempo aún lo
será?
Asustan los
datos que brinda el Grupo de Estudios de la Industria del Libro
de los Estados Unidos, citados en un reciente artículo de
Lisandro Otero:en ese país, en el 2003, se vendieron veintitrés
millones de libros menos que en el 2002, pero las ganancias del
sector, contrariamente a lo que pudiera pensarse, alcanzaron la
enorme cifra de veintiocho billones, superando ampliamente las ganancias
del año anterior.
Cuando se venden
menos libros y hay que pagar más por los que se adquieren
aumentan los peligros que amenazan a la palabra mágica. El
exorcismo
brutal del comercio pone en peligro el futuro del libro, y lo despoja
de la mística que le labrasen monjes iluminadores de estampas,
libreros judíos que escondían tomos prohibidos en
las paredes para salvarlos del fuego inquisitorial, y audaces comerciantes
que se enriquecieron con el arte de introducirlos en el Nuevo Mundo,
a riesgo de perder la vida a manos de celosos aduaneros coloniales.
En los monasterios
medievales los libros se encadenaban a las mesas de lectura para
evitar su sustracción. En el siglo xxi, a juzgar por estos
datos, son los lectores los que están encadenados a las cuentas
por pagar para mantenerlos alejados del libro. ¿Qué
época es más bárbara?
Mantener a los
hombres en la ignorancia es un crimen de lesa humanidad. Lo mismo
se comete cuando nada se hace para enseñarlos a leer y escribir,
que cuando se les dificulta el acceso a los libros. Aún en
nuestros días, millones de seres humanos en el planeta mueren
sin haber podido leer una página de Tolstoy ni saber que
Homero nos ha legado la historia del sitio de Troya, donde hombres
y dioses pelearon con igual bravura. Se les destina a vivir y morir
sin luz, renegando de esa existencia opaca.
Vivir sin libros,
¿es vivir?
En el aniversario
95 de la Revista de la Biblioteca Nacional, que con júbilo
celebramos en
enero de este año, los actuales editores renovamos la vocación
humanista que alentó a los fundadores, haciendo votos por
la perdurabilidad del libro entre los hombres, y proclamado el compromiso
que nos anima de defender el derecho de todos, sin exclusión,
a la lectura.
El presente
número reserva agradables sorpresas para sus lectores, entre
ellas, la evocación del 13 de marzo de 1957 por uno de sus
protagonistas, el hallazgo de un poema "cubano" dedicado
a La Florida, presuntamente anterior a Espejo de Paciencia, la recordación
de Enrique Loynaz por Ángel Augier, en ocasión de
su centenario, y los argumentos de Paul Estrade que refutan los
"errores" cometidos por Martí, en opinión
de Daniel Román.
Mucho
nos agrada también brindar espacio en nuestras páginas,
en este número de aniversario, a artículos dedicados
a Harold Gramatges, Salvador Bueno, Luz y Caballero, Machado de
Assis y el Che Guevara.
La pluralidad
de temas y autores, signo distintivo de la Revista de la Biblioteca
Nacional, es la garantía de que sus propósitos iniciales
continúan inalterables, y que ha de seguir siendo, como hasta
ahora, una enciclopedia viva de la cultura nacional.
Trabajamos para
que las cifras escalofriantes que atestiguan la reducción
en la cantidad de libros que se imprimen, y el crecimiento abusivo
de las ganancias de los mercaderes no sean aceptados como males
inevitables.
Luchamos
para que el libro, la palabra mágica, siga convocando, rotunda
y poderosa, a nuevas generaciones de hombres y mujeres de todos
los pueblos.
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