| * Periodista
y Doctor en Ciencias Médicas
"Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único
homenaje grato
a las almas grandes y digno de ellas".
José
Martí
Si se me preguntara por qué decidí escoger este apasionante
tema (hasta ahora "virgen" en la literatura guevariana)
no vacilaría en responder, que de las muchas anécdotas
(algunas tiernas y conmovedoras, otras enérgicas y viriles),
que protagonizara el Guerrillero Heroico durante su corta, pero
fecunda vida (14-6-1928 / 8-10-1967), hay una que dejó, cual
suave caricia a mi yo interno, una huella indeleble en el componente
espiritual de mi inconsciente, y que _en aquel entonces_ me permitiera
captar, en toda su magnitud, la dimensión humana del Che,
y además, comprender claramente por qué, en diciembre
de 1959, "Año de la Libertad", aquel ilustre claustro
de profesores de la Facultad de Educación de la Universidad
Central de Las Villas (mi querida Alma Mater), donde estudié
y ejercí el magisterio, decidieran nemine discrepante otorgarle
al doctor Ernesto Guevara de la Serna el título de Doctor
Honoris Causa en Pedagogía, con apoyo en el hecho indiscutible
de que el "[...] heroico comandante del Ejército Rebelde
educa con el ejemplo, porque su vida es el mejor ejemplo […]".
1
He
aquí el relato de la mencionada anécdota: cuando el
comandante Guevara era Ministro de Industrias solía visitar,
con cierta regularidad, los centros fabriles de la nación,
para conocer in situ los problemas que afectaban no sólo
la calidad del proceso de producción de la naciente industria
cubana, sino también al trabajador, eslabón fundamental
de dicho proceso.
En cierta ocasión,
el Ministro decidió visitar la fábrica PROCUBA, ubicada
en el municipio de Cruces (antigua provincia de Las Villas, hoy
Cienfuegos). En reciprocidad, la administración de ese centro
laboral quiso agasajar al Guerrillero Heroico, y ordenó que
se le preparara, en el restaurante cienfueguero Sol y Mar (famoso
tanto por sus exquisitas paellas, como por la profesionalidad de
los cocineros chinos "legítimos"), el plato especial
de la casa.
Una
vez que el comandante Guevara recorriera las instalaciones de la
fábrica y dialogara franca y amistosamente con sus trabajadores,
la comitiva que atendía al Ministro lo acompañó
hasta el comedor de la casa del administrador, para almorzar. Ante
tan apetitoso plato, el Che _fiel a su esmerada educación_
agradeció semejante deferencia hacia su persona, y luego,
preguntó con tono afable, pero firme: "¿Todos
los trabajadores de PROCUBA van a almorzar paella?". La respuesta
fue unánime: "No, comandante, este almuerzo es sólo
para usted". De inmediato, el Ministro pidió permiso
para retirarse y se dirigió al comedor obrero, para almorzar
con los trabajadores "carne rusa" y "lentejas",
el menú de aquella inolvidable mañana. Con este hermoso
gesto, que era regla, no-excepción, el Che se ganó
el cariño y el respeto de todos y cada uno de los trabajadores
de PROCUBA, independientemente de su credo político-ideológico.
Me parece, pues,
que el relato anterior nos sirve de brújula orientadora,
para aproximarnos al conocimiento del mundo interior del Guerrillero
Heroico…, pero, antes de comenzar el tránsito gradual
y progresivo hacia los más recónditos parajes de la
subjetividad del Che, y en consecuencia, ir descubriendo la verdadera
riqueza (bondad, belleza, dignidad, sabiduría, sensibilidad),
que él "escondiera" celosamente en el centro de
su yo interno, habría que explicar qué es la espiritualidad
y dónde habita _presumiblemente_ el espíritu del hombre.
La
espiritualidad se define como "el conjunto de acciones que
el hombre realiza y que le dan sentido a su vida", 2
mientras que Anthony de Mello estima que "la espiritualidad
va directamente a la raíz, a rescatar tu yo, el auténtico
[…]".3 La espiritualidad, en síntesis,
se relaciona con el mundo de los valores, que nos hacen encontrarle
un sentido a la vida; sentido que nadie nos puede ofrecer o imponer,
porque debemos hallarlo nosotros mismos.4
Para
José Martí, "el espíritu es lo que […]
nos induce a actos independientes de nuestras necesidades corpóreas,
es lo que nos fortalece, nos anima, nos agranda en la vida".5
De
acuerdo con la concepción analítico-humanista,6,7
el espíritu del hombre es parte inseparable del inconsciente
freudiano,8,9 donde no sólo hallamos tendencias primitivas,
deseos insatisfechos o no realizados o impulsos sexuales reprimidos,
sino también actividad espiritual, generadora de las acciones
más nobles y bellas que caracterizan al homo sapiens y le
confieren _por derecho propio_ su "inviolable dignidad humana".
Por otra parte,
no debe olvidarse el hecho de que la Psicología es a la vida
espiritual, lo que las neurociencias a la Psicología: su
basamento científico.10,11 Con apoyo en estos indicadores
conceptuales y teórico-metodológicos no cabe duda
alguna de que el invicto comandante, desde su época de estudiante
universitario, cae en la cuenta de que una persona madura12 debía
formularse tres preguntas esenciales: "quién soy; qué
objetivos persigo en la vida; y hacia dónde encamino mis
pasos".13
Las respuestas
a las acuciantes preguntas que el futuro médico le formulara
a su juvenil yo, habría que buscarlas en la inalienable trayectoria
revolucionaria seguida por el Guerrillero Heroico hasta el día
en que, en una apartada región de la selva boliviana, abriera
sus ojos para siempre a la inmortalidad. De acuerdo con mi percepción
objetivo-subjetiva, el desarrollo espiritual del Che está
signado por cuatro decisiones trascendentes que él adoptara
en diferentes momentos de su vida.
·
Declina estudiar ingeniería o matemática; y fiel a
su "acendrada vocación humanista", se entrega en
cuerpo y alma al estudio y ulterior ejercicio de la medicina.
·
En compañía de su amigo, el doctor Alberto Granados,
recorre Nuestra América (como la llamara el Apóstol),
palpa su descarnada realidad, diagnostica sus males sociales, y
por último, identifica al principal agente patógeno:
el "imperialismo yanqui", cuya desenfrenada voracidad
despoja a Latinoamérica de sus recursos naturales y riquezas
materiales, explota sin piedad a sus pueblos y corroe nuestra "sacrosanta
identidad cultural", concebida como el núcleo central
de nuestro espíritu latinoamericanista y antimperialista.
La impronta que la realidad social de América Latina deja
en la memoria sensible del combatiente internacionalista podría
sintetizarse en una frase martiana: "[...] ver pena es bueno,
porque nos hace creer, y nos aviva la capacidad de consolarla".14
· Fascinado
con la carismática personalidad del doctor Fidel Castro Ruz
e identificado plenamente con los principios básicos de la
Revolución Cubana, se une a las fuerzas expedicionarias,
que comandadas por el joven abogado santiaguero, abordan el yate
Granma, desembarcan en las costas orientales de Cuba, y se convierten
en el glorioso Ejército Rebelde, que en Enero de 1959 derroca
la dictadura pro-yanqui de Fulgencio Batista, y pone fin al aborto
republicano de 1902.
·Su
renuncia al cargo de Ministro del Gobierno Revolucionario, al grado
militar de Comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR),
y a cuanta responsabilidad oficial lo vinculara
a nuestro país, para viajar a Bolivia y encender la llama
de la lucha guerrillera en las selvas de ese país suramericano,
que era donde menos condiciones objetivas había, para que
pudiera crecer y desarrollarse la guerrilla internacionalista, y
donde _poco tiempo después_ pierde su preciosa vida.
Ahora
bien, ¿qué le aportó al Che haber llegado a
la cúspide de la espiritualidad, o sea, el encuentro con
su yo esencial?15,16 Si aceptamos el planteamiento de que la conducta
humana tiene dos motivaciones fundamentales: una "superficial",
que se halla a simple vista, y otra "profunda", que casi
nadie percibe, y que es fiel reflejo de la esencia íntima
del hombre, necesariamente se caerá en la cuenta de que el
principio rector que guiara al Guerrillero Heroico durante toda
su vida, tanto en los días claros como en las noches oscuras,
no podía ser otro que el "amor a la humanidad, a la
verdad y a la justicia". Desde estas posiciones ético-humanistas,
coherentes con su sólida formación revolucionaria,
luchó sin tregua ni descanso por la libertad de Nuestra América
y contra la rapacidad imperialista, que devora hombres y pueblos.
Por lo tanto, estoy convencido de que el conocimiento integral de
su mundo interior, le permitió al Che actuar como pensaba
y sentía, o lo que es lo mismo, obrar conforme con sus pensamientos
y sentimientos. Por otro lado, lo convirtió en un hombre
libre, feliz y realizado, con una dosis envidiable de fe y esperanza,
cuyas luces jamás apagara, ni siquiera en aquellas circunstancias
adversas u hostiles, que caracterizaran su azarosa vida guerrillera,
y un incansable espíritu de sacrificio, para afrontar incomprensiones,
sufrimientos, calamidades, que pudieran alejarlo un ápice
de lo que él interiorizara e incorporara a su estilo de vida
como el más sagrado deber: luchar hasta la victoria por el
triunfo de una causa social más justa, para enaltecer la
condición humana.
Entre otras
cosas, quisiera dejar bien claro el hecho de que el Guerrillero
Heroico no era, en modo alguno, un "ser perfecto", sino
una persona humana con virtudes, defectos, inconsistencias y necesidades…,
pero precisamente en sus imperfecciones es donde radica su "gigantesca
humanidad e imperecedera espiritualidad", que es el hermoso
legado que el Che dejara no sólo a sus hijos, sino también
a las actuales y venideras generaciones de revolucionarios.
Por último,
si alguien dudara de la intensa vida espiritual que animara al comandante-médico-guerrillero,
lo invito a leer, con los ojos del corazón, la carta que
el Che les dirigiera a sus cinco hijos antes de emprender viaje
a la posteridad:
Queridos
Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto si alguna vez tienen
que leer esta carta, será porque yo no esté entre
ustedes, casi ya no se acordarán de mí y los más
chiquitos no recordarán nada.
Su
padre ha sido un hombre que actúa como piensa, y seguro ha
sido leal a sus convicciones. Crezcan como buenos revolucionarios,
estudien mucho para poder dominar la técnica, que permite
dominar la naturaleza.
Acuérdense que la Revolución es lo importante y que
cada uno de nosotros no vale nada.
Sobre todo,
sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier
injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo.
Es la cualidad
más linda de un revolucionario.
Hasta siempre
hijitos, espero verles todavía.
Un beso grandote
y un abrazo de
Papá.17
Notas
1 Rodríguez
Solveira, M. Discurso de elogio al doctor Ernesto Guevara de la
Serna, Doctor Honoris Causa en Pedagogía. Santa Clara : Universidad
Central de Las Villas, 1959. Acto
de investidura.
2 García,
P. M. Introducción a la espiritualidad cubana. Vivarium (La
Habana) XIV: 5; 1996.
3 Mello, A.
de. La iluminación es la espiritualidad. Llama Viva. 3: 8-10;
1994; .
4 Dueñas,
J., J. Pardillo y P. Fernández. Rorschach, personalidad y
espiritualidad. Revista Cubana de Psicología (La Habana)
19(3):209-11; 2002.
5 Valdés,
R. Diccionario del pensamiento martiano. La Habana : Editorial Ciencias
Sociales, 2002. p. 167.
6 Dueñas,
J. ¿Psicoanalista ortodoxo o humanista? Una opinión
muy personal.
Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana 41 (1): 17-22;
2000.
7 García,
P. M. Psicología de la experiencia religiosa. Santo Domingo,
R.D. : Editorial de Espiritualidad del Caribe, 1999.
8 Freud, S.
Obras completas. Madrid : Editorial Biblioteca Nueva, 1948. 3 t.
9 Mannoni, O.
Freud. El descubrimiento del inconsciente. Buenos Aires : Ediciones
Nueva Visión, 1984.
10 Dueñas,
J. "Varela: psicólogo precursor". Revista Cubana
de Psicología (La Habana) 15 (3):186-190; 1998.
11 García,
P. M. Op. cit. (7).
12 Bolio, E.
"La personalidad madura". Istmo (México, D.F.)
1: 5-20; 1994.
13 Valdés,
R. Op. cit. (5). p. 511.
14 Dueñas,
J. "A manera de prólogo". En: García, P.
M. Para tener vida. Santo Domingo, R.D. : Editorial de Espiritualidad
del Caribe, 1995. pp. 15-17.
15 García,
P. M. Para tener vida. Santo Domingo, R.D : Editorial de Espiritualidad
del Caribe, 1995.
16 _______.
Op. cit. (7).
17
Muñoz, M. J. Mamá, ese hombre está enamorado
de mí. Juventud Rebelde (La Habana) 15 de junio de 1997:
6-7. Entrevista
a la doctora Aleida Guevara March.
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Versión
actualizada de la conferencia impartida, en forma de tema especial,
en la II Jornada Científica del policlínico "Marcio
Manduley" (Centro Habana), celebrada en noviembre de 1997.
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