José Antonio Echeverría y el Movimiento 26 de julio de 1953

Julio A. García Olivares

Investigador


José Antonio Echeverría, después de terminar sus estudios preuniversitarios en el Instituto de Cárdenas, su ciudad natal, se había matriculado en la Universidad de La Habana en el curso 1950-1951, para estudiar Arquitectura. Ya traía experiencia de las luchas estudiantiles contra los corruptos gobiernos de turno, y en la Universidad desde el primer momento se incorporó al movimiento estudiantil. Fue elegido vicepresidente de Arquitectura cuando ocurre el golpe batistiano. Ese día se destacó por su decidida actitud de empuñar las armas para enfrentar el cuartelazo.

A partir de ese momento su actividad fue incesante en la organización del El ataque al cuartel Moncada el 26 de julio organizado por Fidel, marcaría en la Historia de Cuba el inicio de la lucha armada revolucionaria contra la tiranía de Fulgencio Batista. En la Universidad de La Habana, ya con larga tradición revolucionaria, se habían iniciado los entrenamientos militares de los jóvenes que participarían en aquella acción. La Universidad a partir del golpe militar de 1952 se había convertido en centro de actividades antibatistianas. Numerosas huelgas y manifestaciones se habían desarrollado en el centro estudiantil. Muchas, con la participación de los que serían combatientes del Moncada. Se forjaba así una estrecha unidad de acción y de propósito entre la juventud revolucionaria, que sería clave para la derrota de la dictadura.

En la Universidad se había organizado el primer movimiento insurreccional del proceso, dirigido por el profesor García Bárcenas en abril de 1953, que se intentaría sin éxito. Sin embargo, las vanguardias revolucionarias, que seguían a Fidel y se desarrollaban en el movimiento estudiantil, se preparaban afanosamente para el combate contra la dictadura. Los movimientos conspirativos impulsados

movimiento insurreccional de las filas estudiantiles. La búsqueda de los "hierros", como se llamaba a las armas, se convirtió en su tarea prioritaria. Los crecientes arsenales de los exgobernantes parecían ser la fuente indisputable para una acción insurreccional. Según José Antonio, lo importante era participar en cualquier acción que se intentara, para poder influir revolucionariamente en el régimen que pudiera surgir tras el derrocamiento de Batista. En esos meses el peligro de que los politiqueros, que él había combatido desde el Instituto, pudieran llevar a cabo una intentona y volvieran al poder era su preocupación principal. Así fue organizando a los compañeros que después integrarían el movimiento estudiantil genuinamente revolucionario y el Directorio.

Fidel por su parte seguía pasos similares. Así lo ha descrito:

Los primeros esfuerzos organizativos de nuestro Movimiento se concretaron a crear e instruir los primeros grupos de combate, con la idea de participar en la lucha común con todas las demás fuerzas oposicionistas, sin ninguna pretensión de encabezar y dirigir la lucha. Como humildes soldados de fila tocábamos a las puertas de los dirigentes políticos ofreciendo nuestra cooperación modesta de nuestros esfuerzos y nuestras vidas y exhortándolos a luchar.1

En aras de asegurar el secreto de los preparativos, después de los primeros entrenamientos en la Universidad, Fidel trasladó toda la organización del Movimiento fuera del recinto estudiantil. Así sus pasos se sumergieron en una clandestinidad total. Sólo un pequeño grupo de estudiantes universitarios quedarían incorporados al contingente organizado por Fidel.

La acción del Moncada el 26 de julio de 1953 sorprendió totalmente a Echeverría. Él conocía los preparativos de Fidel y sabía de la participación de algunos universitarios, pero su atención estaba concentrada en las actividades de los grupos que disponían de armamento. Parecía evidente que en esos días Fidel no disponía de recursos o armamentos para realizar la acción.

Considero que se hace necesario, teniendo en cuenta en particular a los lectores jóvenes, aclarar que para aquella fecha Fidel no alcanzaba la extraordinaria estatura histórica que su genial visión estratégica y su indomable voluntad rápidamente le harían ocupar. Muy joven, Fidel había sido un destacado dirigente estudiantil en la Universidad, que ya había tomado parte en sonados eventos como la expedición antitrujillista de Cayo Confites y el alzamiento popular conocido como "El Bogotazo" resultante del asesinato del dirigente político colombiano Eliecer Gaytán. Su actividad política lo había llevado a figurar como candidato a Representante por el Partido Ortodoxo de Eduardo Chibás, para las elecciones nacionales que deberían celebrarse en 1952, interrumpidas por el cuartelazo. Fidel tenía un amplio seguimiento entre los miembros de la juventud del Partido Ortodoxo, los cuales constituirían el contingente principal de los moncadistas.

El 26 de julio de 1953 me encontraba en el balneario capitalino Casino Deportivo (hoy Círculo Cristino Naranjo) con otro estudiante de Arquitectura. Entre las 9 y 10 de la mañana comenzaron a conocerse noticias de una acción armada en Santiago de Cuba. En esas primeras horas se hablaba de un enfrentamiento entre militares. De inmediato decidimos ir en busca de José Antonio. Tomamos un ómnibus y nos dirigimos a la Universidad. Subimos por la escalinata y al atravesar la Plaza Cadenas, hoy Agramonte, alguien nos indicó que Echeverría estaba en el hospital Calixto García. Efectivamente allí lo encontramos frente al pabellón de la Clínica del Estudiante. Otros compañeros, cuyos nombres no recuerdo, lo rodeaban.

José Antonio estaba al tanto de las noticias y pude apreciar su agitación. Ya para esa hora se precisaba que se trataba de una acción revolucionaria, de un ataque a la fortaleza militar, pero no se conocían los autores.

Un posible intento por parte de los politiqueros pronto quedó descartado, pues dado su escandaloso exhibicionismo y estilo el proyecto se hubiese conocido previamente con seguridad. Quedaba sólo la opción del Movimiento organizado por Fidel. Pero el secreto había sido mantenido de forma absoluta y además se consideraba la escasez de recursos. Sin embargo, José Antonio intuyó la verdad y mandó a localizar por teléfono a uno de los estudiantes vinculados a Fidel, Ángel Díaz. Como era de esperar, la respuesta fue negativa, por lo que José Antonio aseguró: "Esto es cosa de Fidel". Él estaba seguro de que el único capaz de dar aquel paso, que iniciaría la lucha armada, era Fidel Castro.

Hoy, a cincuenta años de aquella fecha recuerdo de manera indeleble la escena con José Antonio Echeverría, el 26 de julio de 1953.

Según comentábamos los acontecimientos nos avisaron que los patrulleros de la Policía comenzaban a rodear la Universidad y en aquellas condiciones y sin tener posibilidades de movilizarnos, José Antonio decidió que nos dispersáramos.

Pero la repercusión de aquel hecho tendría efectos de gran trascendencia para el movimiento estudiantil revolucionario. Es importante destacar esos efectos que serían de influencia decisiva para toda la juventud revolucionaria. Lo primero es que mostró que la lucha revolucionaria tendría que ser llevada adelante por la juventud y que no se podía esperar nada de los viejos políticos tradicionales. Sobre todo si se aspiraba a un cambio radical de los aspectos políticos, económicos y sociales en nuestra Patria. La segunda conclusión que se desprendía de aquel 26 de julio, era que la lucha armada era la vía para conquistar los objetivos legítimos de la Revolución. Los politiqueros aspiraban a una transacción con Batista y contentarse, aunque fuera, con unas migajas del poder. Esto no era ajeno a la astucia histórica del tirano. Incluso trataban de utilizar el chantaje de la conspiración armada para forzar al régimen a ceder aunque fuera algunas posiciones.

El Moncada barrió con todos aquellos intentos y señaló la ruta. Desde ese momento Fidel asumió el liderazgo que ha desempeñado hasta nuestros días, como máxima figura de la Revolución Cubana.

José Antonio, a partir de ese día consideró a Fidel en la real dimensión histórica que lo llevaría a la firma de la Carta de México en agosto de 1956; y a desplegar la lucha estudiantil en su máximo grado desde el 26 de julio de 1953 hasta el desembarco del Granma al 2 de diciembre de 1956. Echeverría tenía bien claro el papel de la juventud en el movimiento revolucionario y no dudaba que la vía de lucha armada era el camino para llevar adelante un cambio radical en el país.

Pero otro factor de tipo personal dejaría también profunda huellas en el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Uno de los hombres fundamentales del 26 de julio sería Renato Guitart Rosell. El único santiaguero participante en la acción con responsabilidades importantes en los preparativos del ataque había conocido a José Antonio en Cárdenas, mientras desarrollaba sus estudios preuniversitarios en el colegio La Progresiva. Ambos habían competido en el baloncesto y establecieron una estrecha amistad allí. Con los mismos ideales patrióticos, habían mantenido frecuentes encuentros y comunicaciones después del golpe militar del 10 de marzo de 1952. Los dos se afanaban de forma similar por enfrentarse a la dictadura y producir un cambio revolucionario.

Renato había conocido a Fidel en los días que el estudiante Rubén Batista agonizaba en el hospital Calixto García, como resultado de las heridas de bala que había recibido durante la manifestación estudiantil el 15 de enero de 1953.2 En ese primer encuentro con Fidel se interesó con Renato por la posibilidades de un alzamiento en las montañas de Oriente. Así Renato co menzaría a dar los primeros pasos insurreccionales a favor del Movimiento.

Dice el historiador Ibarra Guitart en su libro:

En marzo de 1953 fecha cercana a su integración a los planes del Moncada, Renato se mantenía en contacto con los grupos estudiantiles y reclamaba el apoyo de estos a sus actividades clandestinas a las cuales seguía trabajando e invertía recursos propios.

Un enlace regular con José Antonio sería el estudiante de Medicina Rolando Cubela3 que también había estudiado en La Progresiva.

La muerte heroica de Renato Guitart combatiendo en el Moncada jamás se borraría de la memoria de José Antonio, quien siempre conservó su foto junto a la cabecera de su cama. En su última visita a Santiago de Cuba en diciembre de 1956, durante la gran huelga azucarera, Echeverría iría a reunirse con Frank País, Pepito Tey y Lester Rodríguez en el hogar santiaguero de Renato. El recuerdo de su gran amigo y del Moncada se mantendría siempre presente para el presidente de la FEU. Él se le había adelantado en el camino de la Revolución.


Notas

1 Castro, Fidel. Discurso del XX aniversario del asalto al Moncada. 1973. VER
2 Ibarra Guitart, Jorge. Todo valor. La Habana : Ediciones Verde Olivo, 1998.
3 Ibídem. Después traicionaría a la Revolución.

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Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Año 94, No.3-4 JULIO - DICIEMBRE 2003