| Presidente
de los Consejos de Estado y de Ministros
"Las piedras del Morro son
sobrado fuertes para que las derribemos derritamos con lamentos,
_y sobrado flojas para que resistan el largo tiempo a nuestras balas".
José Martí
En el mismo lugar de oprobio y vergüenza debieran escribirse
un día los nombres de quienes estorban la tarea de libertar
a su patria como los de quienes la oprimen. En Cuba hay, desdichadamente,
muchos que hasta hoy no han hecho absolutamente nada por redimirla
de la tiranía y, sin embargo, han estorbado todo lo posible.
Lo sabemos muy bien quienes desde hace varios años no hemos
descansado ni un minuto en el cumplimiento áspero y duro
del deber.
Al salir de las prisiones, hace diez meses, y comprender
con claridad que al pueblo no se le devolverían jamás
sus derechos, si no se decidía a conquistarlos con su propia
sangre, nos dimos al empeño de vertebrar una fuerte organización
revolucionaria y dotarla de los elementos necesarios para darle
la batalla final al régimen. Para los que hemos hecho de
esto una misión en la vida, no era lo más duro. Más
ardua y fatigosa ha sido la lucha contra la mala fe de los políticos,
las intrigas de los incapaces, la envidia de los mediocres, la cobardía
de los intereses creados y esa especie de conjura mezquina y cobarde,
que se interpone siempre contra todo grupo de hombres que intenta
una obra digna y grande en el medio donde se desenvuelve.
El cuartelazo que sumió el país en
el caos y la desesperación fue tarea fácil. Tomó
desprevenidos al pueblo y al Gobierno. Se gestó en la sombra
por un puñado ínfimo de desleales, que se movieron
libremente y perpetraron sus planes criminales mientras la nación
dormía confiada e inocente. En unas horas, Cuba, de país
democrático, pasó a ser, ante los ojos del mundo,
un eslabón más del en el grupo de naciones latinoamericanas
encadenadas a por la tiranía. La tarea de devolver al país
su prestigio internacional de recuperar las libertades que le fueron
arrebatadas arrebataron al pueblo y, con ello, una nueva era de
verdadera justicia y redención para las partes más
sufridas, y explotadas y hambrientas de la nación es, en
cambio, por amarga paradoja, incomparable incomparablemente más
dificultosa y dura.
Cuatro
años llevamos luchando para reconstruir lo que se destruyó
en una noche. Se lucha contra un régimen que está
alerta y temeroso de la arremetida inevitable; se lucha contra camarillas
políticas que aparentemente opuestas a la situación
no se interesan por un cambio radical en la vida del país,
sino por retrotraerlo a la política letal e infecunda donde
los cargos legislativos fabulosamente remunerados, las altas posiciones
burocráticas y las fortunas consiguientes puedan asegurarse
de por vida y si es posible de padres a hijos; se lucha contra las
intrigas y maniobras de hombres que hablan a nombre del pueblo y
no tienen pueblo; se lucha contra la pérdida nefasta de los
falsos profetas que hablan contra la revolución en nombre
de la paz y olvidan que en los hogares hambrientos, temerosos y
enlutados no hay paz desde hace cuatro años; contra los que
pretenden anatematizar nuestra postura intransigente presentando
como panacea salvadora el veneno de una componenda electoral y teniendo
el buen cuidado de callar que, en cincuenta y cuatro años
de República, los arreglos, las componendas y las mediaciones,
al no curar de raíz los males, no han dado otros frutos que
de la miseria espantosa de nuestros campos y la pobreza industrial
de nuestras ciudades, con su secuela de cientos de miles de familias,
descendientes
de nuestros libertadores, sin un pedazo de tierra, más de
un millón de personas sin empleo y un porcentaje de analfabetos
que alcanza la cifra bochornosa de un cuarenta por ciento. Compárese
todo esto con las fortunas, las fincas, los palacios y los progresos
personales obtenidos por cientos de políticos a lo largo
de nuestra existencia republicana. Dinero robado, invertido en Cuba,
en los Estados Unidos y en todas partes del mundo. Y todo eso se
ha hecho tan natural en el olvido manifiesto de la más elemental
justicia, y los conceptos morales que se tornan tan contradictorios
y paradójicos que la Sociedad de Amigos de la República,
por ejemplo, hace recientemente, para por un lado, dramáticos
pronunciamientos oponiéndose a la amnistía común
por la peligrosidad que entraña para la sociedad la Impunidad
del delito, y por otro, se sienta a dialogar solemnemente con Anselmo
Alliegro, Santiago Rey, Justo Luis del Pozo y otros personajes gubernamentales
sobre cuyos hombros de personeros de situaciones presentes y pasadas,
de sangre y de robo, pesan más culpas que todas las que puedan
caer caber a sobre los reclusos de la Isla de Pinos juntos.
Por
ser un inconforme que no se resigna con el fatalismo político
que hasta aquí hemos vivido, por desear para mi patria un
destino mejor, una vida pública más digna, una moral
colectiva más elevada, por creer que la nación no
existe para disfrute y privilegio exclusivo de unos cuantos, sino
que pertenece a todos, y todos y cada uno de sus seis millones de
habitantes y los millones que la pueblen en el porvenir, tienen
derecho a una vida decorosa y de justicia, de trabajo y bienestar,
por luchar por ese ideal sin vacilar ante ningún riesgo o
sacrificio, sin dudar en entregar los mejores años de la
juventud y la vida, cual están haciendo hoy centenares de
hombres de nuestra generación con incomparable desinterés,
poco falta para que se nos trate de presentar ante la opinión
pública como réprobos de la sociedad, o caprichosos
sostenedores de una línea que no fuese la más honrada,
leal y patriótica de en este instante.
Este artículo no es sólo, por tanto,
una réplica al último publicado contra nosotros en
la revista Bohemia por quien escribió, con olvido de muchos
vínculos de compañerismo y de lucha, cual si fuese
conveniente renegar de ellos en las horas difíciles, el pensamiento
del grupo que dirige oficialmente el Partido Ortodoxo (fracción
mediacionista). Esta es una réplica a todos los que nos combaten
de buena o de mala fe; es una réplica a los políticos
que reniegan de de nosotros, por interés o por cobardía;
es una réplica en nombre de nuestro MOVIMIENTO a tanto hombre
ciego, a todos los sietemesinos que no tienen fe en su pueblo.
Empezando por aclarar conceptos y situar las cosas
en su punto, repito aquí lo que dije en el Mensaje al Congreso
de Militantes Ortodoxos, el 16 de agosto de 1955:
[…]
el MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO 26 DE JULIO no constituye una tendencia
dentro del Partido: es el aparato revolucionario del chibasismo,
enraizado en su tarea
de llevarla a la práctica. ¿Cuál fue el resultado
de la primera? Siete meses lamentablemente perdidos. ¿Cuál
fue el resultado de la segunda? Siete meses de fecundo esfuerzo
y una poderosa organización revolucionaria que muy pronto
estará lista para entrar en combate.
Hablo
sobre hechos, no sobre fantasías, me baso en verdades, no
en sofismas. Podríamos probar que la inmensa mayoría
de la masa del Partido, ¡lo mejor de las sus filas!, sigue
nuestra línea, sin embargo, no andamos proclamando todos
los días ni hablando a nombre de la Ortodoxia como hacen
otros cuyo respaldo es muy hipotético a estas alturas. ¡Mucha
agua ha corrido bajo los puentes desde la última reorganización
hace cinco años! ¿Y quién ha dicho que las
lideraturas son eternas, que las situaciones no cambian; más
aun en un proceso de convulsión donde todo se altera vertiginosamente?
¡Tanto cambian, que alguno producto de aquella reorganización,
como Guillermo de Zéndegui, está hoy cómodamente
instalado en el Gobierno! No se sabe todavía, sin embargo,
en qué parte de Oriente están enterrados Raúl
de Aguiar y Víctor Escalona, delegados de la gloriosa asamblea
municipal de La Habana, asesina masas, de cuyo seno surgió
para luchar contra la dictadura cuando la ortodoxia yacía
impotente dividida en mil pedazos. No hemos abandonado jamás
sus ideales, y hemos permanecido fieles a los más puros principios
del gran combate combatiente cuya caída se conmemora hoy
[…].
Aquel mensaje donde se proclamaba la línea
revolucionaria fue aprobado unánimemente por la concurrencia
de quinientos representativos de la Ortodoxia procedentes de toda
la isla, que, puestos de en pie, lo aplaudieron durante un minuto.
Muchos de los dirigentes oficiales se encontraban presentes y ninguno
de ellos pidió la palabra para hablar en contra. Desde aquel
instante la tesis revolucionaria nuestra fue la tesis de las masas
del Partido; estas habían expresado sus sentimientos de manera
inequívoca; desde aquel minuto las masas y las dirigencias
comenzaron a marchar por senderos distintos. ¿En qué
momento los militantes del Partido revocaron aquel acuerdo? ¿Acaso
en las concentraciones provinciales donde el grito unánime
fue: "¡Revolución! ¡Revolución! ¡Revolución!"?
¿Y quiénes sosteníamos la tesis revolucionaria
sino nosotros? ¿Y qué organismo político podía
llevarlo a la práctica, sino el aparato revolucionario de
aquella masa chibasista, el MOVIMIENTO 26 DE JULIO?
Han
transcurrido siete meses desde entonces. ¿Qué hizo
la dirigencia oficial a partir de ese día? Defender su tesis
dialoguista y mediacionista. ¿Qué hicimos nosotros?
Defender la tesis revolucionaria y darnos entregarnos a la dos
por el régimen. Hubiera sido bueno preguntárselo a
los comisionados gubernamentales en las amables contertulias del
Diálogo Cívico, donde se recordaban los cargos electivos,
pero no los muertos...
Bueno
es de advertir que examinando mi expediente dentro del Partido donde
todo el mundo me vio luchar incansablemente sin figurar nunca en
ningún cargo, jamás fui protagonista, ni antes ni
después del 10 de marzo, de aquellas bochornosas polémicas
que tanto daño hacen hicieron a la fe de sus las masas. Las
páginas de los periódicos están llenas de aquellas
querellas y mi nombre no aparece en ninguna. Yo dedicaba íntegramente
mi tiempo y mis energías en organizar la lucha contra la
dictadura, sin ningún respaldo de los encumbrados dirigentes.
Lo imperdonable es que la historia se repita, y que en un instante
en que el Diálogo Cívico se rompe y que los hechos
demuestran la certeza de nuestra tesis, cuando era de esperarse
el respaldo del aparato político del Partido de a nuestro
MOVIMIENTO, hayamos recibido de allí la más injustificable
agresión tomando como ruín pretexto un incidente en
que no nos cabe la menor responsabilidad. Aquel ridículo
episodio ha querido ser representado como un heroico triunfo; pero
no contra Batista, sino contra el MOVIMIENTO que está a la
vanguardia de la lucha frente al régimen. ¡Además
de falsa y mentirosa, la supuesta victoria será pírrica!
Lo más infame es que ahora se trate de excluirme a mí
de toda culpa, para verter el peso de la intriga sobre los compañeros
abnegados de la Dirección Nacional de nuestro MOVIMIENTO,
que en Cuba libran la más dura y riesgosa lucha, sin aparecer
nunca en ningún periódico, porque saben del sacrificio
silencioso, y no tienen afán de publicidad, ni practican
el exhibicionismo vergonzoso de los que bajo la capa del patriotismo
están desde ahora haciéndose la campaña para
concejales, representantes y senadores. Sus nombres no aparecen
ahora en público porque mañana aparecerán en
la los libros de historia. Ahora los envidiosos los detractan, y
si alguno de ellos cae en la lucha, esos mismos que lo calumnian
no vacilarían en invocar sus nombres en la tribuna como mártires,
tal vez para pedir de inmediato el voto de la concurrencia...
No
quiero agudizar la pluma para que no se llame al enjuiciamiento
sereno "ataque despiadado", como se calificó a
mi anterior artículo. Pero no prescindiré de entrar
en aclaraciones de principios para que quede demostrado quiénes
han interpretado mejor el pensamiento del Fundador de la Ortodoxia.
Hagamos una breve incursión en la historia del Partido después
del 10 de marzo. A raíz de la reunión de Montreal
el organismo se dividió en tres fracciones secciones. Las
pugnas interminables entre Agramonte y Ochoa, tomaron carácter
de cisma, en esa ocasión, al tratarse en la Asamblea de la
Artística Gallega la moción de Pardo Llada favorable
a un entendimiento con los demás partidos para la lucha insurreccional
contra el régimen. El grupo partidario de mantener la línea
de independencia política, por boca del profesor Bisbé,
en dramático discurso, declaró que no había
lugar a discusión porque se trataba de una cuestión
de principios, y, en consecuencia, abandonó íntegro
la reunión. Partiendo de aquel episodio surgieron tres vertientes:
la montrealista, la independentista y la inscripcionista. El grupo
independentista excomulgó a Pardo Llada porque se sentó
en Montreal con Tony Varona, Hevia y demás auténticos,
alegando que había violado la línea de independencia.
El grupo montrealista calificaba, a su vez, de estática e
inoperante la posición del grupo independentista. Ambos excomulgaron
al grupo inscripcionista, alegando que se había acogido a
la legislación electoral de la dictadura. La masa cayó
en estado de verdadera desesperación y desconcierto. Muchos
ortodoxos sinceros se enrolaron en la Triple A de Aureliano Sánchez
Arango, considerando que cualquier camino era bueno para derrocar
al régimen; otros no pudieron pasar por encima de la conciencia
y los escrúpulos de conciencia que les había despertado
la pérdida de la línea de independencia chibasista;
y otros, aunque ciertamente los menos, se fueron a llenar los cuadros
del partido inscripto. Los ortodoxos que simpatizaban con la fracción
montrealista se sentían insatisfechos por las dudas acerca
de su posición ideológica; los que seguían
al grupo independentista se encontraban, a su vez, disgustados por
la falta de acción. Fue entonces cuando en medio de aquel
caos surgió de las filas del partido un MOVIMIENTO que por
su proyección era capaz de satisfacer las verdaderas ansias
de las masas; un MOVIMIENTO que sin violar la línea de independencia
chibasista enarbolaban resueltamente la acción revolucionaria
contra el régimen; un MOVIMIENTO
que no podía suscitar escrúpulos de conciencia a nadie
en el cumplimiento vertical y limpio del deber; ese MOVIMIENTO fue
el 26 DE JULIO. Lo que hay que preguntarse no es si en aquella primera
jornada alcanzó el éxito; tampoco lo alcanzó
Chibás en la jornada de 1948 que fue sin embargo, un triunfo
moral. Lo que hay que preguntarse es lo que pudo hacerse por un
grupo anónimo de la masa, sin recursos de ninguna clase,
que demostró todo lo que puede esperarse del decoro y la
dignidad del hombre; lo que hay que preguntarse es si el éxito
no hubiera sido posible de haber contado nosotros con el respaldo
del Partido. Soy de los que creen firmemente que a raíz del
golpe, si la Ortodoxia, con sus firmes postulados morales y el inmenso
flujo influjo que legó Chibás en el pueblo, el buen
concepto de que gozaba, incluso, en las Fuerzas Armadas, ya que
contra ellas no podía vertirse la propaganda que se hacía
contra el partido desplazado del poder, se hubiera enfrentado resueltamente
al régimen enarbolando la bandera revolucionaria, hoy Batista
no estaría en el poder. Para calcular sus posibilidades de
recaudar fondos para la lucha, baste recordar aquella cuestación
de un centavo para libertar a Millo Ochoa, que alcanzó en
veinticuatro horas la cifra de siete mil pesos.
En la calle los hombres y las mujeres del pueblo
decían: "Si es para la revolución, estoy dispuesto
a dar diez pesos en vez de un centavo".
Han pasado tres años desde entonces y sólo
el MOVIMIENTO ha mantenido su postura y sus principios. El grupo
independentista que excomulgó a los montrealistas porque
se sentaron en aquella ocasión junto a los representantes
representativos de otros partidos, lo vemos en el Muelle de Luz
sentado junto a los líderes de los partidos que antes rechazaron...
Es curioso que los que rechazaron un entendimiento con los demás
partidos para una acción revolucionaria, se unan en cambio,
con esos mismos partidos para mendigar unas elecciones generales;
y más curioso todavía que todos los que excomulgaron
al grupo inscripcionista por acogerse a una legislación del
régimen, se reúnan ahora con los delegados de la dictadura
para implorarles un arreglo electoral.
Y ¡qué
infamia! Allí, en esa misma reunión, a presencia de
los alabarderos del dictador, el comisionado de la fracción
ortodoxa mediacionista declaró que "[…] la línea
de Fidel Castro no tenía tenía el respaldo del Consejo
Director". Nuestra línea era, sin embargo, la línea
aprobada, únicamente unánimemente, en el Congreso
de Militantes Ortodoxos, el 16 de agosto de 1955. Hoy reniegan de
mi nombre. No renegaron, en cambio, cuando, a la salida de la prisión
honrosa de dos años que sufrí, necesitaron unas declaraciones
mías de adhesión para fortalecer el maltrecho prestigio
de la dirigencia oficial; entonces mi modesto apartamento era honrado
constantemente con la visita de muchos de esos mismos líderes.
Hoy, cuando respaldar la línea digna de quien ha cumplido
honestamente su deber, puede ser peligroso, resulta lógico
que se entone un mea culpa ante los exigentes delegados de la tiranía.
Es cierto que ese comisionado más adelante
nos defendió; nos defendió a su modo. Dijo que nuestra
actitud es estaba justificada porque el régimen nos había
cerrado toda oportunidad de actuar en Cuba. Y yo le pregunto al
grupo en cuyo nombre habló el comisionado, ¿si nuestra
línea está justificada porque el régimen nos
había cerrado cerró toda posibilidad de actuar en
Cuba no está más que justificada la adopción
de esa línea por un Partido que le arrebataron el triunfo
a ochenta días de unas elecciones y hace cuatro años
no se le deja actuar en Cuba?
La mediación ha resultado un completo fracaso.
Nos opusimos resueltamente a ella porque descubrimos desde el primer
instante una maniobra del régimen cuyo único propósito
desde el 10 de marzo ha sido perpetuarse indefinidamente en el poder.
Detrás de la fórmula de la Asamblea Constituyente
está la intención de reelegir a Batista a la terminación
de su mandato. Pero en primer término la dictadura propuso
ganar tiempo, y lo ha logrado plenamente gracias a la prodigiosa
ingenuidad de Don Cosme, a quien primero insultaban, luego elogiaban
y ahora insultan otra vez, Batista lo recibe en Palacio los días
más críticos de su gobierno cuando el país
estaba convulsionado por la heroica rebeldía estudiantil
y el formidable movimiento de los obreros azucareros en demanda
del diferencial que
les habían esquilmado. Batista necesitaba
una pausa: Citó a Don Cosme de nuevo para quince días
más tarde. En la primera entrevista simuló cederlo
todo; en la segunda, se mostró más reservado, y fue
ganando de este modo casi tres meses, hasta el 10 de marzo, en que
desde el Campamento de Columbia, en pleno diálogo cívico,
les dio otro cuartelazo a los incautos delegados oposicionistas.
Si no se creía en los resultados del diálogo,
¿qué se pretendía asistiendo a él? ¿Acaso
poner en evidencia el régimen ante el pueblo? ¿Es
que al pueblo necesita demostrársele que este régimen
es una atrocidad y una vergüenza para Cuba? ¿Para eso
valía la pena perder tantos meses que podrían haberse
dedicado a otro tipo de lucha? ¿O es que por ventura alguien
creía sinceramente en hallar una solución por esa
vía? ¿Se puede ser tan ingenuo? ¿No basta observar
cómo los principales jefes y personeros del régimen
se enriquecen abiertamente y compran fincas, repartos y negocios
de toda índole en el país, a la vista de la nación,
evidenciando la intención de permanecer largos años
en el poder? ¿No dice nada la estatua de Batista fundida
en Columbia y las armas modernas de todo tipo todos los tipos que
constantemente se están adquiriendo?
Es
realmente impúdico ir a sentarse allí con los delegados
del gobierno cuando todavía no se sabe dónde están
enterrados muchos hombres de los que el régimen ha asesinado;
cuando no ha sido castigado uno solo de los que han victimado a
más de un centenar de compatriotas. ¿Y los muertos:
serán olvidados? ¿Y las fortunas mal habidas: serán
convalidadas? ¿Y la traición de marzo: quedará
sin castigo para que vuelva a repetirse? ¿Y la ruina de la
República, el hambre espantosa de cientos de miles de familias:
quedará sin esperanza de solución real y verdadera?
No es culpa nuestra si el país ha sido conducido hacia un
abismo en que no tenga otra fórmula salvadora que la revolución.
No amamos a la fuerza; porque detestamos la fuerza, es que no estamos
dispuestos a que se nos gobierne por la fuerza. No amamos la violencia;
porque detestamos la violencia no estamos dispuestos a seguir soportando
la violencia que desde hace cuatro años se ejerce sobre la
nación.
Ahora la lucha es del pueblo. Y para ayudar al pueblo
en su lucha heroica por recuperar las libertades y derechos que
le arrebataron, se organizó y fortaleció el MOVIMIENTO
26 DE JULIO.
¡Frente al 10 de marzo, el 26 de julio!
Para las masas chibasistas el MOVIMIENTO 26 DE JULIO
no es algo distinto a la Ortodoxia: es la Ortodoxia sin una Dirección
de terratenientes al estilo de Fico Fernández Casas, sin
latifundistas azucareros, al estilo de Gerardo Vázquez; sin
especuladores de bolsa, sin magnates de la industria y el comercio,
sin abogados de grandes intereses, sin caciques provinciales, sin
politiqueros de ninguna índole; lo mejor de la Ortodoxia
está librando junto a nosotros esta hermosa lucha, y a Eduardo
Chibás le brindaremos el único homenaje digno de su
vida y su holocausto: la libertad de su pueblo, que no podrán
ofrecerle jamás los que no han hecho otra
cosa que derramar lágrimas de cocodrilo sobre su tumba.
El MOVIMIENTO 26 DE JULIO es la organización
revolucionaria de los humildes, por los humildes y para los humildes.
El MOVIMIENTO 26 DE JULIO es la esperanza de redención
para la clase obrera cubana, a la que nada pueden ofrecerle las
camarillas políticas; es la esperanza de tierra para los
campe
sinos que viven como parias en la tierra que libertaron sus abuelos;
es la esperanza de regreso para los emigrados que tuvieron que marcharse
de su tierra porque no podían trabajar ni vivir en ella;
es la esperanza de pan para los hambrientos y de justicia para los
olvidados.
El MOVIMIENTO 26 DE JULIO hace suya la causa de
todos los que han caído en esta dura lucha desde el 10 de
marzo de 1952 y proclama serenamente ante la nación, ante
sus esposos, sus hijos, sus padres y sus hermanos que la REVOLUCIÓN
no transigirá jamás con sus victimarios.
El MOVIMIENTO 26 DE JULIO es la invitación
calurosa a estrechar filas, extendida con los brazos abiertos, a
todos los revolucionarios de Cuba sin mezquinas diferencias partidistas
y cualesquiera que hayan sido las diferencias anteriores.
El MOVIMIENTO 26 DE JULIO es el porvenir sano y
justiciero de la patria, el honor empeñado ante el pueblo,
la promesa que será cumplida.
Marzo, 19 de 1956.
* Este
texto apareció en la revista Bohemia (La Habana) 80(27):46-49;
1 jul. 1988. (Bohemia Ayer). La Biblioteca Nacional posee el original
donado por el escritor y periodista Lisandro Otero. [N. de la E.]
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