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Historiadora y periodista
Es una tentación escribir sobre José
Martí como historiador a la altura del siglo xxi y con el
inicio de la postmodernidad. Se nos antoja aquí empezar con
el autor de un artículo aparecido en El Gallo Ilustrado,
de México, en el año 1990. Se trata del historiador
estadounidense Francis Fukuyama, hijo de japonés y gringa,
quien proclamó el fin de la historia. Hace poco uno de sus
colegas en la universidad donde imparte clases, y de visita en Cuba,
nos confesó que Fukuyama declaraba ahora que se había
equivocado.
La historia es una ciencia. Nuestro colega mexicano Juan Brom ha
acotado: "Como todas las ciencias sociales, la historia es
y ha sido víctima de la enajenación, la que adquiere
diversas formas a medida que cambian las sociedades de clases".1
Habrá que reflexionar sobre el papel fundamental del historiador
al referirnos al aporte de José Martí en su insospe
chada incursión por esta ciencia y sus ideas al respecto.
Numerosos historiadores, científicos sociales, han manifestado
sus juicios acerca de la historia. El historiador francés
Pierre Vilar opina:
El objetivo de la historia no es "hacer revivir el pasado"
sino comprenderlo. Para esto hay que desconfiar de los documentos
brutos, de las supuestas experiencias vividas, de los juicios probables
y relativos. Para hacer un trabajo de historiador no basta con hacer
revivir una realidad política, sino que debe someterse un
momento y una sociedad a un análisis de tipo científico.2
Martí como historiador abordó muchas facetas en su
trabajo intelectual. ¿No es historia su lírica cuando
dedica sus versos a los ocho estudiantes de medicina inmolados por
el terror español?
Qué son entonces sus "Cuadernos de apuntes", sus
"Fragmentos", la sección "En casa", de
Patria; las Escenas nor
teamericanas" y Europeas, sus discursos patrióticos
y literarios; su rico epistolario, sus ensayos, crónicas,
artículos y qué no decir de su "Diario de campaña"
que es sin duda una síntesis historiográfica, que
cuando el lector lo lee comprende que su estilo _como él
dijera_ es sintetizar, es como una película, pues narra lo
que ve, lo que le va pasando, las imágenes, y de pronto anota
lo que le cuentan los viejos mambises sobre episodios de la guerra
de 1868.
Martí consultaba con frecuencia la Enciclopedia Británica
y los últimos diccionarios, y estaba bien informado sobre
la historia universal, la historia del hombre, desde que apareció
en el planeta. Y qué no decir de sus profundos conocimientos
y análisis de la historia de Nuestra América. En su
escritura sobre periodismo también está presente el
natural historiador. Por su escritura desfilan lo mismo celtas,
godos, que griegos, romanos, judíos, africanos, asiáticos,
árabes, el arte de Europa, Asia, América, de la ciencia
y el mundo.
Hace retratos magistrales de personajes famosos tales como Bolívar,
Goya, Jesucristo, Pushkin, Juárez, Whitman, Napoleón,
Emerson, Vereschagin, Stendhal, Céspedes, Marx, Colón,
Gómez, Cervantes, Maceo, Atahualpa, Dostoyewski, sor Juana,
Lincoln, Schopenhauer, San Martín, Bello, la duquesa de Alba
y cientos de nombres con historicidad a lo largo de los siglos.
En uno de sus "Fragmentos" apunta: "Con Guaicaipuro,
Paramaconi, con Anacaona, con Hatuey hemos de estar, y no con las
llamas que los quema
ron, ni con las cuerdas que los ataron, ni con los aceros que los
degollaron, ni con los perros que los mordieron".3
En esos "Fragmentos" existe el testimonio vivo del hombre
pensador y ávido de cultura universal. Son informaciones
extraordinarias para cualquier escritor que coloca a Martí
como un erudito estudioso de la historia en general. En ellos existe
en gran medida su pensamiento político, filosófico,
social y económico.
En otro de esos "Fragmentos" sentenció: "Todo
el arte de escribir es concretar", y utilizaba su inteligencia
para crear una metodología más idónea a fin
de que el lector pudiera entenderlo y dejara espacio para la reflexión.
Martí conocía a muchos historiadores de Nuestra América
y los leía y consultaba. Ejercía una especie de mayéutica
socrática, de crítica histórica en sus análisis
concretos. Así nos da a conocer lo
que pensaba de la obra de Carvallo Goyeneche, el gran historiador
chileno, de Vicuña Mackenna, Barros Arana, de Chile; o de
Zea, de Colombia. El Maestro cubano estaba al día _como brillante
periodista y narrador_ de los últimos libros de historia
que se publicaban, de biografías de los héroes americanos
desde la conquista hasta la independencia, en especial de Suramérica,
México, Estados Unidos o España, como el caso de "Rivera
Indarte, el bardo del Tucumán, el historiador de los terribles
tiempos del indómito Rosas".4
En sus Obras completas se hallan dispersos datos, noticias sustanciales,
que iba acopiando _tal como un banco de datos_ sobre la historia
de Cuba y muy en especial acerca de los resultados de la Guerra
de los Diez Años (1868-1878); de la emigración, como
el libro de la historia sobre este tema, tan actual, escrito por
Jules Duval y publicado en París en 1872.
En más de 430 fragmentos de su obra el investigador tiene
una mina con enormes vetas de informaciones y así se puede
percatar el trascendental aporte que Martí ha brindado a
la historiografía cubana y universal, del revolucionario
capaz de escribir sobre tan diversos temas históricos.
Martí no fue un supuesto historiador de la escuela de los
Anales, ni de los positivistas de entonces, él imaginó
su propia manera de dar a conocer acontecimientos. No creó
mitos ni leyendas, fue muy objetivo en sus análisis. Él
revolucionó la historia para dar a cono
cer el pasado y el presente del hombre en función del futuro.
La historiografía actual tiende a rechazar la hechología,
hasta las anécdotas, efemérides insulsas, el plagio,
por cuestiones más didácticas, científicas
y de eticidad.
Los sucesos humanos fueron analizados por Martí de manera
profunda y dialéctica como el caso de su paralelismo entre
figuras históricas, por ejemplo: Céspedes y Agramonte.
Él escribió las páginas más hermosas
sobre Antonio Maceo y su madre, doña Mariana Grajales. Ningún
historiador puede dejar de consultar esos trabajos, porque él
los conoció, trató, discrepó y también
admiró.
Sentenció Martí:
Los hechos son la base del sistema científico_sólida
e imprescindible base, sin la cual no es dado establecer, levantar
edificio alguno de razón. Pero hay hechos superficiales,
y profundos. Hay hechos de flor de tierra y de subsuelo. Y a veces,
así como el rostro suele ser diverso del hombre que lo lleva,
así la forma superficial y aparente del hecho es contraria
a su naturaleza más escondida y verdadera. Y hay hechos en
el mundo del espíritu.
Y a continuación exponía:
Cuando se estudia un acto histórico, o un acto individual,
cuando se les descomponen en antecedentes, agrupaciones, accesiones,
incidentes coadyuvantes e incidentes decisivos, cuando se observa
cómo la idea
más simple, o el acto más elemental, se componen
de número no menor de elementos, y con no menor lentitud
se forman, que una montaña, hecha de partículas de
piedra, o un músculo hecho de tejidos menudísimos;
cuando se ve que la intervención humana en la Naturaleza
acelera, cambia o detiene la obra de esta, y que toda la Historia
es solamente la narración del trabajo de ajuste, y los combates,
entre la Naturaleza extrahumana y la Naturaleza humana, parecen
pueriles esas generalizaciones pretenciosas, derivadas de leyes
absolutas naturales, cuya aplicación soporta acontecimientos
la influencia de agentes inesperados y relativos. Sociología
Americana. Leyes absolutas de sociología aplicadas a América.
Pues digan: Si no hubiera acaecido el descubrimiento de la América_¿presentaría
hoy la América el mismo estado que por un hecho absolutamente
casual, o individual, presenta? ¡Pretender fijar las leyes
que dan forma y guía al hombre sin contar con el hombre!5
Al celebrarse el Congreso de Americanistas en Madrid en septiembre
de 1881, Martí señalaba, entre otras cuestiones, en
La Opinión Nacional, de Caracas:
Por vivacidad, por su gentil benevolencia, por el interés
que en el congreso y sus resultados muestran, atraen especialísima
atención los hombres de ciencia de la América del
Sur. Sus manos impacientes anhelan desatar los misteriosos lega
jos que guardan los archivos de la Corona, de Sevilla y de Simancas;
rebuscar entre las valiosas reliquias que, heredadas de los oidores
y virreyes, guardan aún las casas de los nobles; y posarse
al fin sobre los ocho centenares de legajos de manuscritos y documentos
graves de la anterior centuria que, de Sevilla sólo, se han
traído al congreso.6
En el mismo periódico expresó sobre la Historia Universal
del historiador César Cantú, presentado en Milán:
La historia universal no ha de construirse con arreglo a las creencias
parciales y sectarias del que la escriba_sino como un reflejo leal
de lo que el Universo dé de sí: "La tradición_dice
Cantú_ ha de ser su base: La tradición sujeta a la
buena crítica.7
Apuntaba también en esas mismas "Escenas europeas"
al referirse a Cantú: "Historiar es juzgar, y es fuerza
para historiar estar por encima de los hombres, y no soldadear de
un lado de la batalla".8
Los jóvenes investigadores de Cuba, América y el
mundo, tienen en la obra martiana un caudal de proyectos, ideas,
opiniones, juicios, etcétera, porque un historiador ha de
ser culto, acucioso, objetivo, serio y con una gran carga de ética
profesional. Martí es una fuente inagotable de datos, informaciones,
a veces hasta primarias, de los grandes sucesos acaecidos en la
humanidad porque a él no se le escapó nada que pudiera
ser útil para la cultura del ser
humano. ¿Quién no recuerda su pensamiento: "Ser
cultos, para ser libres"?9
Gonzalo de Quesada y Miranda me expresó una vez que su padre,
quien fuera secretario de Martí, le había comentado
que el Maestro había terminado una historia acerca de la
Guerra de los Diez Años, y consultado documentos muy valiosos
en la biblioteca que poseía en Nueva York su amigo Néstor
Ponce de León, que se había deslumbrado con los pasajes
de heroísmo de los mambises del 68. La tradición oral
y el propio Quesada comentaban que Martí guardaba tan valioso
libro en un baúl de viaje cuando vino de México a
La Habana, ya casado con Carmen Zayas Bazán y que esta al
tener conocimiento de que Martí iba a ser detenido de nuevo,
acusado de conspirador, sacó el volumen y lo quemó
para que las autoridades españolas no tuvieran evidencia
de ese tipo de libro, pues era considerado un delito subversivo
por la colonia española y máxime cuando Martí
estaba bien vigilado por los espías hispanos.
Martí fue un excelente comunicador social de su tiempo.
Nos legó su rica memoria histórica, la que hoy nos
permite utilizar como soporte seguro para confirmar aconteceres
pasados a tra
vés de la revolución electrónica de la computación,
internet y navegar por el mundo de las noticias, ideas, las técnicas
virtuales, en fin ese maravilloso mundo de la cibernética,
que trae cada vez más espacios insospechados para la informática.
Por todo ello hemos querido echar una mirada a José Martí
al considerarle también un excelente historiador de su época,
un intelectual pionero de las vanguardias de la modernidad. José
Martí traspasó con luz propia los aconteceres humanos
a través de la historia con sus leyes científicas
y educadoras acumuladas por el hombre a través de los siglos.
Notas bibliográficas
1 Brom, Juan. Para comprender la historia / 60 ed. México
: Editorial Nuestro Tiempo, SA, 1991.
2 Vilar, Pierre. La historia y el oficio de historiador. La Habana
: Editorial de Ciencias Sociales, 1996.
3 Martí, José. Obras completas. La Habana : Editorial
Nacional de Cuba, 1965. t. 22, p. 27.
4 Ibídem, p.174.
5 Ibídem, t. 23, p. 44.
6 Ibídem, t.14, p. 122.
7 Ibídem, p. 398.
8 Ibídem, p. 299.
9 Ibídem, t. 8, p. 289
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