José Martí y la ciencia psicológica

Jesús Dueñas Becerra

Doctor en medicina, profesor y periodista

"Los grandes hombres nunca con sus cuerpos mueren".

Homero
En saludo al 28 de enero del año
2003, aniversario 150 del natalicio de José Martí, me agradaría reflexionar acerca de la vida y la obra de uno de los más grandes genios de la humanidad. Por consiguiente, he decidido estructurar "mi percepción martiana" sobre la base de una faceta de la carismática personalidad del Apóstol íntimamente relacionada con la ciencia psicológica.

Para hablar de Martí, tengo a mi disposición "[...] todas las palabras del diccionario (de la lengua española), pero prefiero hacerlo con el corazón abierto, porque las frases fluyen entonces de manera espontánea y sentida".1

Espero que esta modesta aproximación al legado intelectual y espiritual del Maestro renueve vuestro interés por este "hombre excepcional", que cons
tantemente nos está convocando a ser "personas humanas excelentes", porque él, sin duda alguna, lo es.

Hace exactamente 150 años, en la villa de San Cristóbal de La Habana, una estrella viajera decide alojarse en el cuerpo y en el espíritu de un hermoso niño, que la posteridad conocería como José Martí Pérez. "Ese cubano inmenso, que al decir del doctor Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, escribió acerca de cuanto tocó su sensibilidad".2 Por ende, la pujante ciencia psicológica, cultivada en nuestro medio por el padre Félix Varela,3 no pasó inadvertida para un pensador de la talla excepcional del Apóstol. Por otra parte, no debe olvidarse el hecho de que cuando Martí comienza a incursionar en el campo de la literatura y en el periodismo4, ya la Psicología había roto su vínculo filial con la Filosofía. En consecuencia,

* Ponencia presentada, en forma de tema extraordinario, en la sesión científico-médica, celebrada el 30 de enero de2003 en el Hospital Psiquiátrico de La Habana.

se había convertido _por derecho propio_ en la "ciencia del espíritu",5 como la denominara el más universal de todos los cubanos.

Ahora bien, para entender por qué el Maestro identifica a la disciplina que nos ocupa con la "ciencia del espíritu",6 habría que precisar el hecho de que la Psicología es la ciencia que estudia las leyes, categorías y principios sobre los cuales se estructura la vida psíquica y espiritual del hombre,6 mientras que la Espiritualidad no es otra cosa que "el conjunto de acciones que la persona realiza y que le dan sentido a su vida",7 y está directamente relacionada con el "mundo de los valores",8 que le son tan necesarios al homo sapiens como la luz a las plantas y el aire a los pájaros, y nos hacen encontrarle un sentido a la vida; sentido que nadie nos puede ofrecer, y mucho menos imponer, porque debemos hallarlo nosotros mismos.

Por lo tanto, habría que llegar a la conclusión de que la Psicología es a la Espiritualidad lo que las neurociencias a la Psicología: su "basamento científico-metodológico". 9 O sea, no hay _ni puede haber_ vida espiritual sin vida psíquica y viceversa.

Desde la óptica martiana, cultivar la espiritualidad es viajar a nuestro mundo interior en busca de la luz; desarrollar las potencialidades humanas, que son infinitas e ilimitadas; amar intensamente la vida, para no temerle a la muerte, que "[…] es seguir viaje",10 "[...] luz, no-oscuridad";11 sustituir el yo por el nosotros, sin perder nuestra identidad, que es única, especial e irrepeti
ble; alimentar la autoestima, el autoapoyo, el autorreconocimiento y la autorrealización, que son las bases de la salud psíquica y espiritual del hombre;12, 13 percibir a la persona humana como una "unidad biopsicosocioespiritual indivisible".14 Con respecto a la unidad cuerpo, mente y espíritu proclamada por Martí, Cintio Vitier15 advierte, que

[...] en toda […] [su] obra [literaria y periodística] hallamos esa contínua referencia, explícita o tácita, a un momento superior y sintetizador todavía no alcanzado por la historia humana […], en que las necesidades del cuerpo y las necesidades del alma, los valores de la razón y los valores de la esperanza, se compensen, articulen y equilibren [...];

admitir que la esencia íntima de la persona humana es buena y sana, no obstante todo lo que pueda argumentarse en contra de esta verdad antropológica; recorrer el único camino digno del hombre: "el camino de la paz";16 aceptar el reto de la vida; y estar dispuesto a enriquecerse con la maravilla del amor y el perdón.17

Por otra parte, la espiritualidad martiana nos convoca a ser nosotros mismos y no otros; a crecer con profundidad y en sensibilidad, para apreciar mejor la bondad y belleza que hay en el planeta donde nos ha tocado vivir y crear; a entender que lo esencial resulta invisible a los ojos; a levantar puentes, no barreras; a ser plenamente humanos; a ser los "niños" de hoy y de mañana; a interiorizar que el amor elimina el miedo; y a neutralizar el "anti-yo" y el "yo

autodestructor",18 que bloquean nuestro desarrollo integral como personas humanas.

Lamentablemente, muchas sociedades contemporáneas no cultivan ningún tipo de espiritualidad, porque en su formación y consolidación consideran que sólo lo material es válido y admisible. Valoran al hombre por lo que tiene, sabe o sirve, y no por lo que es: una "persona encantadora, que por el solo hecho de serlo, merece amor y respeto a su dignidad humana". Por otro lado, olvidan la "dimensión espiritual", que es _sin duda alguna_ la más importante. Cuando esto sucede (como acontece en aquellas sociedades donde hay "injusticia social y abismales desigualdades económicas"), el hombre no alimenta la espiritualidad, entendida también como una "actitud positiva ante la vida", y en consecuencia, desconoce los valores necesarios, para discernir cuáles de aquellas cosas que influyen sobre sus semejantes pueden tener una connotación positiva o negativa, o lo que es lo mismo, es un hombre sin criterio moral, carente de valores éticos y bioéticos, para comportarse en el seno familiar, en la comunidad donde vive, en su entorno natural, y peor aún, es incapaz de percibir la dignidad del otro en todas y cada una de sus dimensiones.19

De acuerdo con esta línea de pensamiento martiano, habría que aceptar el hecho indiscutible de que "[...] si el desarrollo humano se orienta hacia lo físico, instintivo o intelectual, sin desarrollar el corazón, el espíritu y la dignidad, a largo plazo tendremos una
catástrofe para las personas, la nación y la raza humana".20 Por lo tanto, si queremos salvar nuestro "habitat" y salvarnos nosotros mismos de la hecatombe ecológica y moral que amenaza la existencia de la humanidad, no nos queda otra alternativa que revitalizar el "mundo de los valores", que son los pilares fundamentales de la cultura universal y el motor impulsor del desarrollo integral de la persona humana.

Una vez esbozada la relación entre Psicología y Espiritualidad, habría que volver a la época en que Martí incursiona en el campo de la "ciencia del espíritu": la Psicología, independizada ya de la Filosofía, comienza a edificar un sistema de leyes, categorías y principios sobre los cuales se estructura la vida psíquica y espiritual de la persona humana. La preclara inteligencia del Maestro no sólo percibe que la elaboración de este cuerpo teórico y doctrinal se halla en vías de desarrollo, sino que hace relevantes aportes conceptuales y metodológicos a esta naciente rama del conocimiento humano. Contribuciones que conservan "absoluta vigencia", y que fueron estudiadas por el doctor Diego González Serra,21 en su libro Martí y la ciencia del espíritu. El concepto ético-humanista de hombre,22 la "formación integral"23 que este debe recibir a través de toda su vida, así como la unidad dialéctica entre lo cognitivo y lo afectivo,24 constituyen el hermoso legado martiano al desarrollo de la ciencia psicológica cubana.

Quisiera finalizar con una frase de quien nos invita, permanentemente, a tener fe y creer en el mejoramiento humano:

"[...] no hay monstruos mayores que aquellos, en los que la inteligencia está divorciada del corazón".25


Notas bibliográficas

1 Peláez, Orfilio. La lengua es nuestra patria común. Granma (La Habana) 2001; 37 (231): 6.
2 Lotti, A. M. El silencio es un lujo que pocas veces puedo darme. Trabajadores (La Habana) 2000; 30 (27): 8.

Entrevista al doctor Eusebio Leal Splenger, Historiador de la Ciudad de La Habana.

3 Dueñas, J. Varela: psicólogo precursor. Revista Cubana de Psicología (La Habana) 15(3):86-90; 1998.

4 González Serra, Diego. Martí y la ciencia del espíritu. La Habana : Editorial Si-Mar, S.A., 1999.

5 Martí, José. Obras completas. La Habana : Editorial de Ciencias Sociales, 1975. 22 t.

6 García, P. M. Psicología de la experiencia religiosa. Santo Domingo, R.D. : Editorial de Espiritualidad del Caribe, 1999.

7 ————. Introducción a la espiritualidad cubana. Vivarium (La Habana) XIV:5; 1996.

8 González Serra, Diego. Los valores y su formación. Revista Cubana de Psicología (La Habana) 17(3):297-306; 1999.

9 Dueñas, J. Félix Varela: tronco fundante de la ciencia psicológica cubana. Revista de Psicología de la Salud. 1(1):41-45; 1999.

10 Valdés, R. Diccionario del pensamiento martiano. La Habana : Editorial Ciencias Sociales, 2002. 448 p.

11 Kübler-Ross, E. Muerte, vida y transición. Ciencias del Espíritu. 2(2):32; 1994.

12 Dueñas, J. Las bases de la salud psíquica y espiritual del hombre. La Habana: V Jornada Científica del Policlínico Comunitario "Marcio Manduley", 2000. (Tema especial)

13 García, P. M. Para tener vida. Santo Domingo, R.D. : Editorial de Espiritualidad del Caribe, 1995.

14 Dueñas, J. ¿Cómo enseñar la Psicología Médica? Una opinión. Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana 38 (1): 41-43; 1997.

15 Vitier, Cintio. La espiritualidad de José Martí. La Habana : Ediciones Vivarium, 2001. p. 15 (Impresión ligera)

16 García, P. M. Psicología de la experiencia… Ob. cit. (7). p. 142.

17 Buscaglia, L. Vivir, amar y aprender. México, D.F. : Editorial Diana, 1991.

18 Ídem.

19 Rodríguez, J. Una espiritualidad como antídoto para nuestros males. Ethos 4(14); 1999. (editorial).

20 Citas. Espacio. 4 (3): 5; 2000.

21 González, D. Martí y la ciencia… Ob. cit. (4)

22 Ibídem, pp. 23-30.

23 Ibídem, pp. 66-70.

24 Ibídem, pp. 80-88.

25 Valdés, R. Diccionario del... Ob. cit. (10). p. 318.

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Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Año 93, No.3-4 JULIO - DICIEMBRE 2002