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Poeta, ensayista y crítico literario
En mi antología Diez poetas cuba-
nos (1948), presentación de los poetas que formaban el llamado
grupo Orígenes, escribí sobre Fina García Marruz:
Centrada desde muy pronto, especialmente a través de la
obra de Juan Ramón Jiménez, por una serena certidumbre
de poesía, va pasando con silenciosa naturalidad del impresionismo
adolescente a la conquista de un reino espiritual cada vez más
vasto. En términos esenciales podemos decir que su intención
expresiva se dirige de la intimidad del alma a la objetividad del
espíritu, pero en ese tránsito es atraída por
el sentido de la Pasión, del espíritu encarnado. Así
su poesía, si atentamente la seguimos en todos sus hallazgos
y vicisitudes, avanza rectificándose con graciosa necesidad
hacia la contemplación anhelante de los misterios cristianos.
"Reparemos, nos dice, en que sólo hay dos realidades
absolutamente exteriores a la imagen que de ellas tenemos o nos
hacemos: nosotros mismos y Dios. He aquí dos imprevisibles
poéticos, dos desconocidos. [
] Si el sentir clásico
fue ante todo un sentir de lo externo, en tal grado, que para el
poeta aun su propio sentimiento es sustancia, cosa (así Lope,
por ejemplo, tan fino poeta del sentimiento, no es en modo alguno
por ello un poeta sentimental), es claro que se trató siempre
de lo exterior-conocido, pero no de aquello que ahora nos ocupa,
lo exterior-desconocido, dentro y fuera de nosotros".1
El hecho de no haber publicado nunca por su propia voluntad, sino
por la tenaz insistencia de algunos amigos, revela en rigor una
peculiar actitud ante la poesía, que se desprende también
de la más válida significación de sus versos.
Esa actitud es resumible observando que los poemas no constituyen
para ella fines en sí mismos, sino sencilla y estrictamente
caminos o instrumentos que sirven al progreso del alma y la visión.
La poesía es lo que abre nuestra capacidad de ver; sus más
perfectas cristalizaciones no pueden sustituir el objeto a que el
propio rapto poético tiende, o sea, la intemperie de la realidad,
el ser virginal de lo exterior que es al mismo tiempo la más
inefable "intimidad de la Creación". Este sentimiento
ancilar y en cierto modo piadoso de la poesía, es lo que
hace de sus poemas, por otra parte, verdaderos movimientos del alma.
Desde este punto de vista debe explicarse una libertad formal (particularmente
en los sonetos), que no surge nunca de cierta dominan- te concepción
del idioma o el molde [alusión al caso de los "Sonetos
infieles" de José Lezama Lima], sino del deseo de una
pobreza ardiente-mente ceñida al oculto alimento de la comunión
poética y vital.2 En su memorable comentario a aquella antología,
titulado "La Cuba secreta", María Zambrano escribió:
Fina García Marruz, recogida, envuelta en su propia alma,
realiza esa hazaña que es escribir sin romper el silencio,
la quietud profunda del ser. Por donde cabe esperar de ella algo
que ya ha hecho en la "Transfiguración de Jesús
en el Monte", pero también más: una palabra sola,
única.3 Los juicios citados se refieren a un libro todavía
entonces inédito, Las miradas perdidas (1951), sobre el cual
añadí en Cincuenta años de poesía cubana
(1902-1952):
La intimidad de los recuerdos, el sabor de lo cubano, los misterios
católicos, integran la obra de Fina García Marruz.
En la primera dimensión, ofrece una poesía de evocaciones
entrañables, matizadas a ratos de un voluntario impresionismo,
donde también interviene lo que hemos llamado, a propósito
de Eliseo Diego, la "imaginación del sentimiento";
en la segunda, persigue esa realidad que se nos escapa y vuelve
como a ráfagas, cuyas esencias alumbran los versos y los
Diarios de Martí; en la tercera, busca la alabanza por el
conocimiento de los símbolos sagrados. Las tres dimensiones
aludidas se funden para darnos, en algunas de sus mejores páginas,
un testimonio confesional de los movimientos desgarrados o contemplativos
del alma.
Sus últimos poemas se ven atraídos por los temas de
la resurrección y lo exterior prístino, inalcanzable.
Más atenta a la plenitud expresiva que a la perfección
de la forma, ese mismo desinterés le gana una hermosura interior
en su estilo [
].4
A propósito de esta última observación, y
teniendo a la vista el despliegue de aquel "más"
(crecimiento interior sin rupturas externas) anunciado por María
Zambrano, el máximo estudioso de la obra de Fina, Jorge Luis
Arcos, escribe en su Antología poética:
Sin embargo, creemos que es acaso en esa contradictoria "cristalización"
poética, donde se debate entre una forma que parece ser superada
por una intensa plenitud expresiva, por un pensamiento que la rebasa,
donde el lenguaje parece "quebrarse" para acoger el despegue
del pensamiento, donde radica su más peculiar originalidad
estilística, muy ligada a su concepto religioso de la trascendencia
de la poesía [
]".5
Las tres dimensiones apuntadas en mi segunda nota cobran una especie
de apasionado vuelo, siempre fiel a las vivencias inmediatas (y
este es su mayor secreto) iluminadas por la memoria o la esperanza,
en Visitaciones (1970), cuyo último texto, "En la muerte
de Ernesto Che Guevara", es la más profunda anagnórisis
de Cristianismo y Revolución que conocemos, alcanzando en
Habana del centro (1997) "esa punta del lirismo" que al
decir de Claudel es el humor. Aparecen entonces, tan inesperados
como coherentes en lo que pudiera llamarse toda una poética
de la piedad, los homenajes a las palabras escolares, las palabras
inocentes en libertad, juego inquietante de un discurso a otro (Nociones
elementales y algunas elegías, especialmente "Gramática
inglesa") y al cine de Chaplin (anticipado en Las miradas perdidas),
sin olvidar la lujosa regalía de Los lienzos de L'Hermitage.
Para terminar esta imposible caracterización en tan pocas
líneas de obra tan vasta _vastedad que ha logrado el silencioso
premio de trasmutarse en "una palabra sola, única"_
volvamos a la apreciación de Jorge Luis Arcos en el mencionado
prólogo:
Si Eliseo Diego escribía que en Visitaciones se encuentran
"[
] algunos de los poemas de más apasionada belleza
que se hayan compuesto en lengua española desde que asomó
el mil novecientos.",6 y la crítica Raquel Carrió
la valoraba como "una de las voces más audaces, más
hermosas e inquietantes de la poesía cubana en cualquier
tiempo",7 a nosotros siempre nos gusta recordarla a través
de los versos que escribiera en su poema "Teresa y Teresita":
"Ama su vida ordinaria, su participación en lo común,
como el más levantado misterio".8
Ella escribió la mejor introducción a sus poemas
con las líneas iniciales de su ensayo "Hablar de la
poesía":
Lo primero fue descubrir una oquedad: algo faltaba, sencillamente.
Pero, de pronto, todo podía dar un giro, y las cosas, sin
abandonar su sitio, empezaban ya a estar en otro.
La poesía no estaba para mí en lo nuevo desconocido
sino en una dimensión nueva de lo conocido, o acaso, en una
dimensión desconocida de lo evidente. Entonces trataba de
reconstruir, a partir de aquella oquedad, el trasluz entrevisto,
anunciador.9
Notas bibliográficas
1 García Marruz, Fina. Lo exterior en la poesía.
Orígenes (La Habana) 4(16):16-22; invierno, 1947.
2 Vitier, Cintio. Diez poetas cubanos (1937-1947) / pról.,
antología y notas de Cintio Vitier. La Habana : Ediciones
Orígenes, 1948. pp. 213-214.
3 Zambrano, María. "La Cuba secreta". Orígenes
(La Habana) (20):8-9; invierno 1948.
También dice allí: "Es en Cintio Vitier, Eliseo
Diego, Octavio Smith y Fina García Marruz donde de modo en
cada uno diferente, vemos a la poesía cumplir una función
que diríamos de `salvar el alma'."
4 Vitier, Cintio. Cincuenta años de poesía cubana
(1902-1952 / introd., antología y notas de Cintio Vitier.
La Habana : Dirección de Cultura del Ministerio de Educación,
1952. p. 376.
5 García Marruz, Fina. Antología poética,
/ sel., y prólogo de Jorge Luis Arcos. La Habana : Editorial
Letras Cubanas, 1997. p. 12.
Al mismo autor se debe En torno a la obra poética de Fina
García Marruz, Premio UNEAC de Ensayo 1988 y Premio de la
Crítica 1991.
6 Diego, Eliseo. Solapa. En: García Marruz, Fina. Visitaciones.
La Habana :Ediciones UNEAC, 1970.
7 Carrió, Raquel. Fina García Marruz: la extracción
de la belleza. Revolución y Cultura (La Habana) (3):73-74;
mar. 1985.
8 García Marruz, Fina. Visitaciones. Ob. cit. (5). p. 382.
9 ______. Hablar de la poesía. La Habana : Editorial Letras
Cubanas, 1986. p. 433.
Premio de la Crítica 1987.
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