|
El
Papel Periódico de la Havana, primer programa ilustrado
Alina Gutiérrez Grova
Investigadora literaria
A Fina
García Marruz
La prensa, en la forma de "papel pe
riódico" que conocemos, es una criatura de la época
moderna. Desde sus modestos orígenes burgueses, tuvo durante
el siglo xviii un rapidísimo desarrollo, siguiendo el paso
del capitalismo en ascenso, con lo que se hizo, quieras que no,
testimonio y depósito de la historia.
Esa
fue también la época fundacional de la prensa en lengua
española. La Gazeta de Madrid y el Mercurio His
tórico y Político de España fueron los modelos
de las gacetas y periódicos en que se reveló la llamada
"Ilustración americana": la Gazeta de México,
la Gazeta de Lima, el Mercurio Peruano, la Gazeta de Santa Fe; en
Cuba, la efímera Gaceta de la Havana, apenas una hoja volante
y, por fin, el Papel Periódico de la Havana, cuyo "Prospecto",
que inauguró la publicación, salió a la luz
pública el 24 de octubre de 1790.
El
último tercio del siglo xviii fue para Cuba época
de propuestas. Programas para la modernización de la enseñanza,
de la ciencia, de la tecnología, de la salud pública;
reevaluación de sectores marginados de la sociedad, como
el esclavo y la mujer; creación de la Sociedad Económica
de Amigos del País, órgano de avanzada científica
y cultural decidido a reorganizar las relaciones sociales: propuestas
que conforman un proyecto sociocultural amplísimo, que era
complemento de un proyecto económico bien meditado. Y el
vehículo de divulgación comunitaria de esas aspiraciones
en que empezó a cuajar sus perfiles la cultura nacional fue
el Papel Periódico de la Havana, quizá el más
fiel espejo de la historia colonial en su momento.
Su
objetivo inicial, anunciado en el "Prospecto", fue, como
conviene al género, informar, pero sin estrecheces:
La
Havana cuya poblacion es ya tan considerable echa menos uno de estos
papeles que dé al Público noticia del precio de los
efectos comerciables y de los bastimentos, de las cosas que algunas
personas quieren vender ó comprar, de los espectáculos,
de las obras nuevas de toda clase, de las embarcaciones que han
entrado, ó han de salir, en una palabra de todo aquello que
puede contribuir á las comodidades de la vida.
Y con
amplias miras culturales:
A imitación
de otros que se publican en la Europa comenzarán también
nuestros papeles con algunos retazos de literatura, que procuraremos
escoger con el mayor esmero.1
Las
biografías de sus redactores, en su mayoría criollos
cultos, tocados por los aires de la Ilustración y conscientes
de la función educativa que podía asumir el periódico,
aportan razones de mucho peso para explicar la formulación
de esos propósitos y el celo que se puso en cumplirlos, como
recordó con justo orgullo el presbítero José
Agustín Caballero en informe de 2 de septiembre de 1794,
con el que rendía cuentas a la Sociedad Económica
del quehacer del Papel Periódico:
No
puedo dexar de hacer presente en este lugar que nuestro Periódico
ha promovido en los quatro años de su publicacion la aplicación
a las le
tras, ciencias y artes, ha corregido ciertos defectos que lastimosamente
notábamos en nuestros profesores; y me atrevo á asegurar
pondrá á esta Ciudad en el grado de ilustracion en
que admiramos á la Europa despues que la Serenisima Republica
de Venecia inventó en el siglo diez y siete, el útil
uso de los papeles públicos.2
Fiel
a su programa, el Periódico acogió en los pequeños
pliegos, junto con las noticias de interés ciudadano, narraciones
y poesías, muchas veces de intención didáctica
o moral, y artículos de opinión con los que nació
el género de costumbres, de tan fructífera historia
en la prensa cubana. La calidad de esos textos es muy desigual,
como ya se ha hecho notar, pero valen sobre todo por la frescura
primeriza, el entusiasmo y la voluntad de servicio en que se engarza
su valor testimonial.
Ajeno a polémicas como las de nuestra árida contemporaneidad
sobre la condición cultural, y específicamente literaria,
de la prensa, el Periódico fue un espacio constructivo y
flexible, en cuyas páginas nuestros más insignes científicos,
maestros y hombres de letras expusieron sus preocupaciones, y propusieron
muy ingeniosas soluciones, en lo que tocaba a las necesidades del
desarrollo económico y social, que empezaba a acelerarse
por esas fechas. Tomás Romay, el padre Caballero, Manuel
de Zequeira, Ventura Pascual Ferrer, Francisco de Arango y Parreño
y tantos otros, ocultos con frecuencia tras seudónimos que
tal vez nunca podamos desentrañar, pusieron toda su ciencia
y su arte al servicio de la que ya llamaban "Patria" en
sus escritos. Y lo hicieron con el mejor de los estilos de que cada
uno era capaz, convencidos, con espíritu horaciano, de que
la letra escrita, si pretende ser útil, debe ser grata también.
Así,
sus artículos creaban una literatura de servicio, que solicitaba
la atención del público demostrándole la bondad
o la inconveniencia de los temas que discutía, siendo al
mismo tiempo, por elección, artística, aun cuando
sus esquemas textuales no fueran los más frecuentados por
la alta literatura. Porque la condición artística
depende, más que de la calidad del estilo o de la elegancia
del ornato _que no les faltaban, y en ocasiones eran notables_,
de la eficacia con que se emplee cualquier molde para lograr que
un tema dé lo mejor de sí, y se cumpla la intención
con la que se puso sobre el papel. Y en eso se revelaron maestros.
En
la fecha del informe, Caballero daba cuenta de ciento noventa y
seis suscriptores, lo cual muestra que el periódico era bien
recibido. Gracias a su ya amplia circulación, ese espacio,
convertido en tribuna de discusión de los problemas ciudadanos,
resultaba el modelo más cercano de comportamiento social
para los habaneros. Y también se ofrecía como modelo
de comportamiento idiomático, en el que una conciencia lingüística
muy aguda, conocedora de la lengua culta, iba al mismo tiempo introduciendo,
tal vez de tanto comprometerse con temas cubanos, algunos de los
primeros cubanismos de que haya noticia.
El
nuevo "estilo periodístico" añadía
a sus encantos la oportunidad de participación, que había
sugerido desde el "Prospecto":
Los
aficionados que quisieren adornarla con sus producciones se servirán
ponerlas en la Librería de D. Franco Seguí que ofrece
imprimirlas, quando para ello hubiere lugar y no se tocaren inconvenientes,
conservando oculto ó publicando el nombre del autor según
este lo previniere.
Su
política fue, pues, la del diálogo, y para llevarla
a cabo desplegó toda clase de recursos. La primera persona,
por ejemplo, conseguía mucho protagonismo gracias al anonimato,
y recorría todos los tonos, desde la discreta y cautelosa
invitación a la reflexión hasta, en el extremo opuesto,
una atrevida agresión a las conciencias. Compárense
al respecto la carta a los "Nobilísimos Cosechéros
de Azúcar, Señores Amos
de
Ingenios, mis Predilectos Paisanos" y el artículo en
que "Se finalizan las consideraciones del medio filósofo
sobre la Havana":
MUY
PERSUADIDO DE MIS CORTOS TALENTOS, POCO exercitada mi pluma en asuntos
políticos, nada adornado del espiritu de economia con que
deben tratarse las materias domesticas, y muy desconfiado de poseer
el tino filosofico necesario á mi asunto; dirijo mis toscos,
pero ingenuos caritativos écos á vuestra generosa
piedad.3
El
mismo espiritu que me movio á entrar en estas consideraciones,
me estimúla á concluirlas exórtando á
mis compatriotas á salir del letargo en que han estado sumergidos
por tanto tiempo [...]".4
Pero
la apelación no pretendía imponer criterios, sino
mover a réplica. La voluntad de entendimiento enseñaba
a los ciudadanos a ejercitarse en el diálogo involucrándolos
directamente, o acudiendo a la ficción de conversaciones
de inspiración socrática, en las que algunos personajes
estereotipados _un barbero, un estanciero, un mayoral, frailes,
una señorita_ debatían amigablemente hasta conseguir
consenso en algún tema de interés social. La forma
de participación más abundante, y más rica,
fue sin embargo la polémica. También aquí el
anonimato daba ventajas, porque el enmascaramiento de los polemistas
daba excusa a extremos de pasión que sus nombres tal vez
no les hubieran permitido. Las polémicas encauzaban la preocupación
civil, aunque
algunas de ellas nos parezcan a primera vista ridículas,
como la sostenida durante el mes de marzo de 1794 por "Un Conciudadano"
y "El Observador" sobre la conveniencia de pasear a pie,
en la cual se ironiza alegremente para estudiar costumbres que,
discutidas en sentido recto, hubieran dado lugar a amarga crítica,
y malquistado con el Periódico a más de uno:
Estamos
acordes en que el paséo es una delicia que proporciona la
comunicación de las gentes, y es saludable [...] pero Señor
mío dexando á parte algunos inconvenientes [...] nosotros
preferimos deleitar la vista sin mortificar lo demás del
cuerpo, queremos mantenernos, y gozarlo todo muy sentados, y llevados
en hombros agenos libres de trabajo, y de las incomodidades del
cansancio, y de la lluvia que á menudo suele sorprender a
lo que andan sobre sus pies.5
Esa
estrategia "dialógica" de fundamento y temas científicos
e intención didáctica fue una excelente escuela para
el ejercicio público de lo que hoy llamamos "política
doméstica". A la vez que daba noticia de los adelantos
en las ciencias y las artes, el Periódico, divulgador de
suyo, se iba realizando como factor del desarrollo sociocultural,
en la medida en que invitaba _o incitaba_ a sus lectores a la reflexión
y a la participación en la construcción de un proyecto
de vida en sociedad mejor acordado con el desarrollo económico.
La parte que le cupo en la lucha por la modernización de
la enseñanza, por ejemplo, bastaría para considerarlo
así.
Hoy podemos verlo también como monumento de la cultura cubana,
y no sólo por haber declarado desde el principio su vocación
literaria. Tiene el mérito de haber fundado un estilo periodístico,
más que una adaptación de sus modelos, en el cual
empezó a realizarse la literatura costumbrista, rica en recursos
estructurales y estilísticos; modeló la sátira
"a lo cubano", hábil para esquivar censuras, que
se instaló para siempre en nuestro horizonte cultural, iniciando
a los lectores en el difícil arte de leer entre líneas
sus velados mensajes, y brindó acceso a los habaneros a una
norma de lengua culta escrita, que se actualizaba constantemente
por las tendencias de la evolución del español en
Cuba.
En
el siglo xix la prensa insular, en todas las ciudades principales,
llegó a ser un espacio cultural imprescindible, para lo que
el Papel Periódico, que se publicó con ese nombre
hasta 1805, había abonado el camino. Le cabe, en fin, el
mérito de los pioneros, aunque su estrella no tuviera un
brillo siempre igual.
Notas bibliográficas
1 Papel
Periódico de la Havana no. 1, 24 oct. 1790.
2 Papel Periódico. Su objeto y utilidad. Memorias de la Sociedad
Patriótica de la Havana. Havana : Imprenta de la Capitanía
General, 1793.
Ejemplar
manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional.
3 Papel
Periódico... Ob. cit. (1). Nos. 37, 5 y 8 de mayo 1791.
4 Ibídem,
No. 46, 7 jun. 1792.
5 Ibídem,
No. 18, 2 mar. 1794.
regresar
|