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Periodista
de Radio Reloj
En
diversos volúmenes y en la prensa periódica especializada
mucho se ha comentado, y también criticado la obra poética
de esa grande de las letras hispanas que es en presente
la habanera Dulce María Loynaz (1902-1995).
Pero nunca es ocioso decir algo más, sobre todo, si lo que
se dice está expresado con el tino que lo hace el joven investigador
Roberto Carlos Hernández Ferro, en el libro recién
publicado por ediciones Extramuros, que tituló: El áspero
sendero, como el primero de los poemas de la autora antologada,
que aparecen en esta obra.
Liliam
Sabina, quien tuvo a su cargo la edición, considera que este
título, el segundo preparado por Extramuros, además
de su valor como obra investigativa, tiene otro que debe tomarse
en consideración, y es que con su publicación por
primera vez, se fue al rescate de esos poemas de Dulce María
Loynaz, inéditos en la práctica, y así se evitó
que con el implacable paso del tiempo, fueran quedando relegados
al olvido y llegaran a perderse definitivamente.
Luego
de una amplia y minuciosa tarea investigativa, el crítico
reunió veinticuatro poemas, que no estaban en ninguno de
los títulos publicados por la autora de Un verano en Tenerife,
sobre las cuales expresa, que fueron [...] escritos (o al
menos publicados en prensa periódica) en la primera mitad
del año 1920.
Como
acertadamente señala el autor, en el grupo de obras [...]
se destaca el tema de la religiosidad, [...] y más
adelante añade que no es, sino hasta que transcurren más
de siete décadas, en 1998, que la editorial Sed de Belleza,
de Villa Clara, las publica en un libro bajo el título Diez
sonetos a Cristo.
Cabe destacar lo dicho por Roberto Carlos con gran basamento, a
partir de su acuciosa búsqueda literaria, y es algo que la
casa editora villaclareña indicaba sobre El poema de Cristo:
[...] apareció sólo una vez ante el público
lector, y lo ubicaba en [...] la revista de la Asociación
Femenina de Camagüey, correspondiente al año I, no.
4 abril de 1921, cuando lo cierto es que había aparecido
ya con fecha jueves 1 de abril de 1920 en el diario La Nación.1
Un detalle que viene a reafirmar lo expresado anteriormente es un
fragmento publicado en el mismo periódico, que el autor toma
como referencia, y dice:
[...] Dulce María está en estos momentos revelándose
como poetisa exquisita y La Nación se ufana de traer a sus
páginas los versos delicados de quien, en no lejanos días,
la veremos ascender la cristalina escalinata de la gloria literaria
[...]
Lo que puso de manifiesto en esa oportunidad el rotativo capitalino
fue como un presagio. Como la visión de quien podía,
a partir de las primeras obras de una joven poetisa que no llegaba
a los veinte años, prever el brillante futuro que ya se avizoraba
con esplendor, por muy áspero que pudiera ser el sendero.
La sabia y profunda búsqueda referida anteriormente, demuestra
con amplitud, que el también poeta Hernández Ferro,
no fue a beber en la cristalina fuente de la poética de Dulce
María como uno más, de los tantos que a diario lo
hacen por mero placer, sino con el ojo aguzado de quien busca, además,
llevar el conocimiento de la verdad histórica, a la obra
de la creadora cubana, que obtuvo en 1992, el importante premio
Cervantes de las letras hispanas.
A pesar de su juventud, la labor desarrollada por el autor de El
áspero sendero le ha permitido alcanzar diversos reconocimientos,
entre ellos, los obtenidos en coloquios sobre la obra de Dulce María
Loynaz. Actualmente tiene como tema principal el de la poesía
femenina cubana, que ha llevado a las conferencias dictadas en Cuba
y en el exterior.
Notas
1 El periódico La Nación se editó en La Habana
desde el año 1900 y permaneció en circulación
hasta la década de los años cuarenta.
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