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Ensayista, investigador literario y director de la Academia Cubana
de la Lengua.
Los
conquistadores españoles bautizaron aquel lugar con el nombre
de Santa María del Puerto Príncipe. Después
se le dio el nombre de Camagüey, de raigambre indígena.
Allí nacería Nicolás Guillén el 10 de
abril de 1902. Toda su obra creadora está destinada a la
confirmación de una auténtica poe- sía cubana
de hondo sentido popular. Afincado en nuestro pueblo, hombre de
pueblo, concibió por especial merecimiento de su quehacer,
la producción de una lírica hecha de procedencia española
y africana. Percibían sus lectores desde sus primeros libros
aquel vibrante colorismo, la musicalidad sandunguera, el ritmo de
fuente africana y los elementos folklóricos. Todos estos
rasgos fundamentales quedaron no olvidados sino integrados raigalmente
a su posterior poesía social.
De
tal modo, el poeta camagüeyano arribaba a una esencial poesía
que sintetizaba nuestra nacionalidad. Revisando su trayectoria no
podemos excluir sus rasgos negros o mulatos de los españoles,
ya que se ha logrado un fenómeno que Fernando Ortiz llamó
transculturación. Palpita en sus composiciones poéticas
algo propio, particular, que reconocemos como lo cubano, pues transparenta
nuestra identidad, la singular personalidad del pueblo cubano.
Desde
su despierta adolescencia, escribió sus iniciales composiciones
que salieron en revistas de provincias, desde El camagüeyano
gráfico, la manzanillera Orto siguiendo hasta la habanera
Castalia. 1922 resulta un hito significativo: Ingresa en la Universidad
Nacional para obtener el diploma de abogado. Los sonetos "Al
margen de mis libros de estudio" reflejan su desaliento, la
depresión de su frustrada experiencia. Retorna a su ciudad
natal. Funda la revista Lis, término derivado del modernismo,
lo que no impide encontremos páginas que demuestran la madurez
y agudeza de sus observaciones.
Decide
la preparación de su primer libro, Cerebro y corazón,
con cuaren-ta y seis piezas. Un buen número acoge la temática
amorosa, los menos, ciertos acentos de religiosidad, y reflexiones
filosóficas que no se apartan de aquellas empleadas por don
Ramón Cam-poamor. Captamos el influjo de la lectura de Darío
y de Bécquer, finalmente, desistió de su publicación.
¿Por qué? Quizás serían las dificultades
económicas inevitables. También pueden achacarse al
hecho de que el jovenzuelo atisba que dichas composiciones revelan
que las había dejado atrás: Estaba ya con otros objetivos.
Durante
cinco años guarda silencio. Suspende sus colaboraciones.
Durante el año 1927, Ángel Augier encuentra poemas
de este período de transición. Disponen de evidentes
rasgos de la vanguardia. Había vuelto a la capital. Conoce
a gentes de su generación que forman
tertulias y asumen actitudes nuevas ante las creaciones artísticas
y literarias. Creaba relaciones de amistad con Gustavo E. Urrutia
quien publica en el Diario de la Marina su sección "Ideales
de una raza". En ella incluye una página que entrega
Motivos de son (1930). Apuntó más tarde José
Antonio Fernández de Castro:
Recuerdo
el día en que aparecieron. Todo el pequeño mundo
intelectual mejor de Cuba, se ocupó de ellos. Unos en pro.
Otros en contra. Y en prueba de que expresaban el alma musical
del pueblo cubano, tan teñida de negro, es que al poco
tiempo, se cantaban en todos los lugares del país, con
distintas músicas, pues los compositores nativos se dieron
en el acto a interpretar los nuevos poemas de Guillén [...].
Dichos
ocho poemas-son, le dieron fama en todo el país, muchos amigos
y también muchos enemigos. No era temática a la que
podía darse publicidad. Mejor era no hablar de esos temas;
muchos negros y muchos blancos reaccionaron con iracundia, aunque
por distintas causas. La prosodia estaba tomada de la manera de
hablar de negros, mulatos y blancos habaneros.
Búcate
plata,
búcate
plata,
popque
no doy un paso má:
etoy
a arró con galleta,
na
má.
Los
Motivos... fueron musicalizados por relevantes compositores: Amadeo
Roldán, Alejandro García Caturla, Eliseo y Emilio
Grenet. Si el descubrimiento del poema-son brotó por el impulso
dado por conjuntos musicales típicos, como el Sexteto Habanero,
así regresaba al ámbito musical. De ahí la
profunda vinculación de música y poesía que
es fundamental esencia en la creación guilleneana.
Songoro
cosongo (poemas mulatos) surge en 1931. No ha concluido aún
el estruendo de Motivos de son cuando le sigue de cerca esta obra
mucho más elaborada, con una técnica mucho más
perfecta. Le precede un prólogo del autor:
Diré
finalmente que estos son unos versos mulatos. Participan acaso
de los mismos elementos que entran en la composición étnica
de Cuba, donde todos somos un poco níspero. ¿Duele?
No lo creo. En todo caso, precisa decirlo antes de que lo vayamos
a olvidar. La inyección africana en esta tierra es tan
profunda, y se cruzan y entrecruzan en nuestra bien regada hidrografia
social tantas corrientes capilares, que sería trabajo de
miniaturista desenredar el jeroglífico.
Y mucho
acentuaba su importancia, la carta que le escribiera a su autor
don Miguel de Unamuno el 8 de junio de 1932 tras saludarlo como
"Señor mío y compañero":
No
he de ponderarle la profunda impresión que me produjo su
libro, sobre todo Motivos de son. Me penetraron como a poeta y
como a lingüista. La lengua es poesía. Y más
que vengo siguiendo el sentido de la música verbal de negros
y mulatos. [....] Usted habla, al fin del prólogo, de
"color cubano". Llegaremos al color humano universal
e integral. La raza espiritual humana se está siempre haciendo.
Sobre ella incuba la poesía.
Su
poema "Llegada", acentúa su profunda intención:
"Traemos / nuestro rasgo al perfil definitivo de América".
Los indicios reciamente sensuales quedan sobrepasados por "Mujer
nueva" donde la negra, mujer nueva viene "coronada de
palmas / como una diosa recién llegada [...]".
Considerado
como culminación de su etapa negrista, Songoro cosongo incorpora
poemas que sobrepasan esta temática. Asoma la actitud antim-perialista,
en "Caña": "El yanqui sobre el cañaveral".
Por otra parte, "La canción del bongó" recalca
la mixtión de las dos razas, las dos culturas, lo africano
y lo español que van uno al lado del otro: "porque venimos
de lejos / y andamos de dos en dos".
West
Indian Ltd. (1934 ) inaugura una nueva etapa. Puede estimarse como
una síntesis de lo logrado anteriormente, que se abre a estructuras
y contenidos nuevos. La atención autoral traspasa los límites
de la Gran Antilla y fija su mirada en las otras que forman las
llamadas "Indias occidentales". El extenso poema homónimo
habla de la Pointe-a-Pitre, de Kingston, de los explotados hombres
con distinto color de piel, y los otros, yanqui o francés,
que se aprovechan de su labor. La ironía se vuelve sarcasmo.
La
circunstancia histórica recrudece la condición del
pueblo cubano. Guillén
publica en México Cantos para soldados y sones para turistas
(1937). La dictadura castrense utiliza a los soldados como instrumentos.
Combatir la tiranía no estaba dirigida contra los soldados
que formaban parte del pueblo: "No sé por qué
piensas tú, / soldado que te odio yo, [...]".
Yo
creo que con la poesía revolucionaria ha ocurrido algo
semejante a lo que ocurrió con la llamada poesía
vanguardista hace diez o doce años: Es decir, hubo un gran
número de personas que jamás habían sido
poetas, que creyeron ver en aquel movimiento una magnífica
ocasión para sentirse tales. Me parece que estamos en tiempo
de que decurse de una vez esta etapa de remoción, que aún
anda por el cartelesco, por lo que sólo es mala propaganda,
sin preocupación popular y, desde luego, sin la más
remota emoción poética. El poeta puede hacer revolución,
pero al mismo tiempo debe hacer poesía, esto es hacer arte.
Con esa preocupación es que he "tratado de construir
mi libro". (febrero de 1937).
1937,
año crucial. El poeta cubano edita en México y en
Valencia, España, Poema en cuatro angustias y una esperanza.
Ha ocurrido el alzamiento fascista, los pueblos de todo el planeta
apoyan la causa republicana. Guillén con Juan Marinello,
Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez y Leonardo
Fernández Sánchez conforman la delegación cubana
que concurre al Congreso Internacional de Escritores en Defensa
de la Cultura en Madrid, Valencia y Barcelona bajo los bombardeos
enemigos.
Aunque la obra señala cuatro angustias y una esperanza, esta
predomina sobre las otras. Con un propósito tan universal,
sus versos responden al carácter culto que se esparce por
toda la obra, escrita antes de su visión directa y personal
de la tragedia que vivía el pueblo español, lo que
no obstaculiza su virtuosismo formal.
Por
un decenio no edita ningún libro, El son entero, como "suma
poética" de 1929 a 1946, lo publica en Buenos Aires
la editorial Pleamar. Su última sección la ocupan
los poemas hasta ese momento inéditos que lleva el título
del libro. Incluye poemas antológicos con una señal
simbólica como ocurre con "Guitarra" y "Ébano
real"; un recuento de un reciente periplo por América
del Sur: "Son venezolano", "Una canción en
el Magdalena", otros, de amor como "Rosa tú, melancólica",
y referido a la muerte: "Iba yo por un camino". Indudablemente,
la aparición de este tomo contribuyó grandemente a
la mayor difusión y valoración de la creación
guilleneana. Textos musicales completan este volumen, enriquecido
por los dibujos del pintor cubano Carlos Enríquez.
Desde
1953, el poeta vive en el destierro, impedido de regresar a su patria
regida por la dictadura de Batista. Cuando vuelve en enero de 1959
trae como obsequio La paloma de vuelo popular (1958) fresco aún
de las prensas bonaerenses. Antes de este período azaroso
publicó en la modesta imprenta de Felito Ayón Elegía
a Jesús Menéndez (1951) en el papel de bagazo como
había hecho tres años antes su Elegía a Jacques
Roumain. Este "oratorio revolucionario" está dedicado
al "general de las cañas". Los más diversos
recursos usa el poeta, hasta las cotizaciones bursátiles,
los versículos al modo bíblico, el "Son del soldado",
etcétera. Cada una de las siete secciones de esta magna elegía
posee valores propios. A partir del hombre concreto, el dirigente
azucarero conquista una estatura insólita que profetiza la
nueva época por la que ha muerto para exclamar: "Mirad,
he aquí el azúcar ya sin lágrimas".
Testimonio
de la victoria revolucionaria de 1959, con las experiencias de la
lucha armada, del enfrentamiento ante las asechanzas del imperialismo
y la solidaridad mundial sin olvidar el afán de la justicia
y la liquidación del racismo, es "Tengo" (1964).
Exacto el título escogido: Expresadas en las técnicas
tradicionales, romances y décimas, siempre con acento de
modernidad que caracteriza su creación, el poeta camagüeyano
maneja la sátira con la agilidad y certeza propias de su
estro.
Mostrando
la juvenilia de su espíritu una faceta nueva, ¿nueva?,
transparenta El gran zoo (1967). Bestiario múltiple, diverso
e insospechado; donde las habituales piezas están acompañadas
por el Aconcagua, el ciclón, el ku klux klan (KKK), la bomba
atómica, siempre con la gracia, el tono sarcástico.
Nadie duda que es fruto de un ánimo juvenil.
Para
corresponder a las felicitaciones que recibía por su feliz
arribo a la setentañía entregó a la prensa
dos obras:
La rueda dentada y El diario que a diario. Los dientes de la rueda
habrían de tener en cuenta no sólo lo popular, inevitable
en nuestro poeta. Asimismo lo íntimo, tan recatado como es,
que nos ofrece interiores la sección "Vivencias":
"Pienso en mis largos días sin camisa ni sueños
[...]". La sección "Salón independiente"
presenta los artistas plásticos más preferidos y cercanos.
El
diario que a diario emerge de una curiosa perspectiva de lo que
es, o puede ser, el periodismo. Con un propósito cinematográfico
sostenido, mantenido, por la agudeza irónica que conocemos
ya, pero utilizado para captar el proceso histórico que percibe
según pasamos las páginas, salta la sonrisa cuando
no una fresca carcajada, sin excluir el picor sarcástico,
cáustico.
Todos
los que fuimos amigos entrañables de Nicolás Guillén
guardamos como un tesoro la imagen de su figura, de sus gestos,
de sus palabras. Recordamos cómo era su relación con
los niños, cómo se le hacía suave su voz y
tiernos sus ademanes. Varias veces a lo largo de su creación
le atrae el tema de los niños. Todo llega a su clímax
en Por el mar de las Antillas anda un barco de papel (1978), subtitulado
"Para niños mayores de edad". Adivinanzas y canciones,
poemas con ternura y vivacidad con el ritmo que domina como maestro.
Al nuevo amiguito lo invita a jugar, y el retozo y la alegría
cunden por doquier.
Recién
egresado de la universidad asistí al triste homenaje rendido
al poeta Miguel Hernández quien tras indecibles sufrimientos
acababa de morir en una cárcel franquista. Intelectuales
distinguidos y relevantes que allí hablaron entre ellos estaba
Nicolás Guillén. Después conversé un
rato con el autor de Sóngoro cosongo. Sabía de la
importancia de su obra, de su trascendental contribución
a la poesía cubana. Me acogió amablemente. A partir
de este instante quedamos como buenos amigos. Cuando en la modesta
imprenta de Felito Ayón en la calle Empedrado apareció
la primera edición en papel de estraza de su Elegía
a Jesús Menéndez salí orgulloso con un ejemplar
dedicado.
Pasaron
muchas cosas después. No pudo regresar a su patria en 1953
dada la situación que atravesaba el país. Conocí
de sus viajes y sus triunfos. Cuando regresó en enero de
1959, fui a visitarlo, me entregó un ejemplar de sus Elegíes
antillaises, traducción de Claude Couffon, con uno de aquellos
dibujos con los que ornaba sus palabras de amistad cariñosa.
Era exactamente el 12 de febrero de 1959. ¡Cuántas
veces estuvimos juntos en aquel bregar cotidiano de enfrentamientos,
victorias identificadas con la causa de nuestro pueblo! Con frecuencia
me llamaba por teléfono y teníamos sabrosas conversaciones.
Estampaba sus palabras ahora con afectos para Salvador y Ada. Reiteradamente
mi mujer y yo comentábamos este intercambio que personalmente
teníamos con aquel inmenso creador de poesía.
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