Guillén y la República: dos centenarios

Eliades Acosta Matos*

* Historiador y director de la Biblioteca Nacional José Martí.

Con este número que hacemos llegar a las manos de nuestros lectores regresa la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí a su habitual labor de promoción de lo mejor de la cultura cubana, una vez concluidas las actividades conmemorativas del primer centenario de la institución. A nadie sorprenderá, en consecuencia, que buena parte de su espacio se dedique, con todo cariño y respeto, a un nuevo centenario, esta vez el del natalicio de Nicolás Guillén.

A pocos, como a nuestro Poeta Nacional, le fue dado expresar las esencias de lo cubano con tanta transparencia y desenfado. Nacido en cuna de patriotas, en el legendario Camagüey al que no se puede mencionar sin pensar en el Jimaguayú de Agramonte y también de la Asamblea, llevó lo popular del habla y el ser nacional a la alta cultura, mucho más allá de nuestras fronteras.

Europa y Norteamérica se hallaban entonces en una encrucijada de su actividad creadora, agotados los modelos tradicionales, exhaustas las inspiraciones, desorientados los espíritus ante el presagio de la terrible tragedia que se avecinaba con el ascenso del fascismo y la guerra. Fue en ese preciso instante que aquel joven poeta mulato, de rostro ancho y sonrisa cautivadora, irrumpió con una sonoridad renovadora en sus versos, con una cadencia inesperada que traía ecos de las rumbas y los sones de su lejana isla, y junto a ellos, la alegría y pasión por la vida, el afecto hacia los desheredados, la dignificación del negro y del trabajador. Lo que vino después está descrito con maestría en algunos de los artículos que compartimos aquí con los lectores.

Hoy, a cien años de su natalicio, volvemos a Nicolás en tiempos no menos convulsos que aquellos que presenciaron su debut poético, pero tenemos a nuestro favor su obra y la enseñanza de su vida dedicada a las causas nobles del hombre y la cultura; refugio seguro para que podamos atravesar sin pérdidas irreparables esta "intemperie espiritual" en que vivimos, según la definición de Octavio Paz.

Y si de centenarios se trata, aborda también el presente número el de la República nacida el 20 de mayo de 1902, motivo de encontradas opiniones dentro y fuera del país. Porque más allá de las pasiones que levante el hecho histórico en sí, lo cierto es que el estudio de las fuentes documentales depositadas en archivos y bibliotecas no

admite subterfugios ni ambigüedades. Y si es justa la ponderación de las luces y sombras de la República, rebasados ya entre nosotros los análisis simplistas y sin matices, también es cierto que la objetividad del análisis no significa neutralidad, ni falta de opinión ante aquellos cincuenta y seis años donde no se cumplieron los sueños martianos, ni reinaba la justicia, pero que son nuestros con sus ascensos y caídas, con sus dolores y grandezas, porque de sus entrañas palpitantes nació la Revolución, y sin ellos no sería posible entender la dimensión real de esta porfía por el futuro que protagonizamos los cubanos desde hace otros cuarenta y tres años.

La Revista de la Biblioteca Nacional, que viene acompañando a nuestro pueblo en su ya larga marcha a través de la Historia; que surgió casi con la República y fue testigo de excepción, sufriendo en carne propia los olvidos y postergaciones que caracterizaron la relación de las autoridades de entonces con la cultura nacional, sabe bien, y deja fijado para los tiempos presentes y futuros, que los cubanos tenemos el deber de conmemorar el centenario de aquella República, y el placer de celebrar el centenario de un poeta como nuestro Nicolás Guillén.

A fin de cuentas, como alguien dijo, el mundo será salvado por la poesía, y eso lo compartimos los cubanos que reconocemos el valor imperecedero de los frutos del saber

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Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Año 93, No.1-2 ENERO - JUNIO 2002