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Ensayista y profesora de la Universidad de La Habana.
En
el prólogo a Sóngoro cosongo (1931), Guillén
afirma: "[...] son unos versos mulatos. Participan acaso de
los mismos elementos que entran en la combinación étnica
de Cuba, donde todos somos un poco níspero". Así,
participa en una de las polémicas más trascendentes
de la renovación vanguardista cubana, ocurrida entre 1920
y 1940.
Músicos,
escritores y políticos debaten sobre los problemas en torno
a la población negra, el enfrentamiento a la discriminación
racial y la condición mulata (o mestiza) de las manifestaciones
artísticas y literarias. Guillén se in-volucra tanto
por su praxis literaria como por su acción político-social
en dichas polémicas.
La
Sociedad de Folklore Cubano
El
4 de enero de 1914, en el periódico El Universal, José
María Chacón y Calvo (1893-1969) _joven historiador
y crítico literario_ promovió la idea de constituir
una sociedad cultural especializada, en el artículo "El
folklore cubano".
En
1916, comenzó a leerse Los negros esclavos de Fernando Ortiz
(1881-1969). Él iniciaba con este libro sus labores como
historiador social y dejaba constancia pública del abandono
de las premisas metodológicas de la etnocri-minología,
que habían normado Los negros brujos (1906), su primer éxito
internacional como científico social.
Ortiz
en ese mismo año había sido elegido miembro de la
Cámara de Representantes, por lo que debió renunciar
al claustro profesoral de la Escuela de Derecho de la Universidad
de La Habana. Además dirigía con ímpetu renovador
la sección de educación de la Sociedad Económica
de Amigos del País (SEAP). Precisamente por su excelente
gestión, los socios votaron para que ocupara la presidencia
de esa institución en 1923.
Compartía
Ortiz la idea de Chacón. Con el prestigio público
de que disfrutaba y las posibilidades de infraestructura mínima
que permitía la SEAP, convocó a los intelectuales
a fundar la Sociedad de Folklore Cubano el 6 de enero de 1923. Los
fines de la nueva institución eran:
La
Sociedad de Folklore Cubano tiene por objeto acopiar, clasificar
y comparar los elementos tradicionales de nuestra vida popular.
Así son materias propias de esta sociedad la recopilación
y estudio de los cuentos, las consejas, las leyendas conservadas
por la tradición oral de nuestro pueblo; los romances,
las décimas, los cantares, los boleros y otras manifestaciones
típicas de nuestra poesía y nuestra música
populares, las locuciones,
los giros típicos, los trabalenguas, los cubanismos y tantas
otras formas de la filosofía popular, los refranes, los
proverbios, adivinanzas y otros modos de expresión característicos
del ingenio del pueblo; los ramos de la ciencia (geografía,
botánica, medicina, agricultura); las creencias fantásticas
y sobrenaturales, las supersticiones en que expresa nuestro pueblo
su sentido de lo maravilloso, la descripción y estudio,
asimismo, de las costumbres locales; las fiestas y ceremonias
populares, los juegos infantiles, los bailes y por último,
el estudio descriptivo, encaminado a un fin de verdadera terapéutica
social, de ciertas prácticas morbosas, como los actos de
brujería y ñañiguismo, en que, en forma tan
expresiva, se manifiesta la baja vida popular. Promoverá
también la sociedad investigaciones referentes a nuestro
pasado precolombino, procurando señalar los rastros que
pudieran existir en nuestra vida tradicional, del espíritu
de los aborígenes de Cuba. (1)
Ortiz
fue elegido presidente. Chacón y Carolina Poncet (1879-1969),
los únicos folkloristas con formación, asumieron el
diseño de las estrategias para entrenar con rapidez a los
intelectuales dispuestos a ayudar como colectores de materiales.
Historiadores,
con diferentes intereses, participaron. Emilio Roig de Leuchsenring
(1889-1964) ocupó las funciones de secretario de la directiva
nacional; Manuel Pérez Beato (1857-1943), las de tesorero;
Ramiro Guerra (1880-1970), la de delegado para el surgimiento de
grupos en las provincias.
Alfredo
Aguayo (1866-1948), dirigente de la asociación de pedagogos,
desempeñó la vicepresidencia. Así, se ilustraba
la decisión de solicitar la amplia presencia de maestros
con sus alumnos en las tareas de recolección.
Juan
Miguel Dihigo (1866-1952), lingüista y profesor de la Universidad
de La Habana, se convirtió en el bibliotecario-archivero.
Eduardo
Sánchez de Fuentes (1874-1944) presidente de la asociación
de compositores, se comprometió a organizar conciertos de
música típica, y compiló los libros El folklore
en la música de Cuba (1923) y Folklorismo. Artículos.
Notas y críticas musicales (1928), en los que ordenó
sus criterios.
Federico
Edelman, presidente de la agrupación de pintores y escultores,
también se solidarizó con estos planes. Eduardo Abela
(1891-1965) y Jaime Valls (1888-1955) se entusiasmaron con temas
negros.
Ortiz
también invitó a Manuel Arteaga, obispo de la Iglesia
católica habanera, con el objetivo de que esa institución
aportara sus experiencias.
Por
acuerdo unánime de los socios fundadores, se le otorgó
a Enrique José Varona (1849-1933), Manuel Sanguily (1848-1925)
y Raimundo Cabrera (1854-1923), escritores de gran prestigio en
la cultura del período colonial, el estatuto de presidentes
de honor.
La
Sociedad de Folklore surgía como un proyecto multidisciplinario
nacional, con el que se aspiraba a crear redes de trabajo
intelectual rudimentarias, las cuales paulatinamente debían
abarcar filiales en ciudades y pueblos de las provincias.
Ortiz,
como miembro de la Cámara de Representantes, lidereaba un
grupo pequeño de políticos _autodenominado Izquierda
Liberal_, cuyo lema era: "hay que republicarnizar a Cuba",
y con el cual se aludía a un programa de acciones públicas
para denunciar la corrupción gubernamental y solicitar reformas
políticas, sociales, económicas y jurídicas
eficientes para detener los riesgos de una gran bancarrota estatal.
Proyectos
educativos y culturales estaban asociados al afán de regeneración
social. Los índices de la educación pública
se tornaban aterradores. Resultaba indispensable promover una conciencia
pública de mejoras a la educación, modernización
incesante de los conocimientos científicos y artísticos
y de elevación de la autoestima cultural a partir de una
validación del patrimonio popular.
Ortiz,
como presidente de la SEAP, se propuso constituir un sistema de
instituciones especializadas, autónomas en su gestión,
para ejecutar en la praxis social los proyectos de renovación
cultural. Así, además de la Sociedad de Folklore,
organizó la Institución Hispano-Cubana de Cultura
(diciembre de 1926), que le permitía financiar la visita
sistemática de intelectuales extranjeros prestigiosos, quienes
dictaban conferencias de actualización a los cubanos.
La
revisión de la membresía de las instituciones presididas
por Ortiz, corroboraba que él nucleaba un grupo de adeptos
capaces de interactuar en la prensa, en la programación de
espectáculos culturales y científicos, con el objetivo
expreso de incentivar debates y polémicas esclarecedores
y gestores de acciones con trascendencia pública siempre
crecientes.
En
julio de 1927, Ortiz renovó la Sociedad de Folklore. El reajuste
estuvo precedido de un debate gestado a partir de la publicación
de su artículo "Cuentos afrocubanos" (mayo):
Los
negreros, cuando trajeron a Indias sus costosas piezas de ébano,
no pudieron quitarles la savia que en ellos corría; no
pudieron traer de sus esclavos sólo sus cuerpos y no sus
espíritus. Los africanos trajeron consigo su cultura y
trataron en su añoranza cruel de mantenerla y transmitirla
a sus hijos. Entre el tesoro folklórico que les era propio
debían estar los cuentos, fábulas, leyendas, rapsodias
y cantos que contenían las hazañas de sus antepasados,
las mitologías de sus creencias, las cosmogonías
de sus filósofos, los ritos de sus cultos, los conjuros
de sus hechiceros y los cuentos con los que las madres negras
entretenían a sus hijitos y les inculcaban las enseñanzas
y consejos del saber popular.
[
..]
Sin
embargo, los cuentos afro-cubanos se ignoran en Cuba. No sabemos
de uno solo que haya sido publicado como tal en nuestra tierra.
[
..]
En
Cuba nada hemos hecho aún para recoger toda esa floración
folklórica. Y ello es tanto más lamentable, cuando
el trabajo de espigarla no es tan difícil y está
al alcance de cualquier persona culta.
[
]
cualquier cubano habituado al examen y anotación de opiniones
ajenas (los letrados, los médicos y sobre todo, ¡los
maestros!) tiene cerca de sí alguna morena anciana a quien
preguntarle por los cuentos que su mamá le refería
en su lejana puericia, allá en los barracones del ingenio
o del cafetal, y por los cánticos que decían los
personajes de los cuentos, engarzados en estos como abalorios
finos.
[
..]
Bastará
que el lector aficionado pregunte por interés a cualquier
anciana de color y obtendrá un cuento. Óigalo y
escríbalo libremente en forma lisa y llana, sin preocuparse
del pulimento ni del estilo literario, que más estropean
que realzan el positivo valor folklórico de una narración.
Procure, en cambio, recoger las palabras o frases en lenguajes
exóticos, aunque no las entienda ni sepa traducirlas, es
decir las lenguas o cánticos africanos, que casi todos
esos cuentos comprenden. (2)
Él
acompañó el artículo con el "Cuento de
Ambecó y Aguatí", recogido por él mismo,
para ilustrar la labor utilísima de colector.
La
prioridad de los miembros de la Sociedad y de los simpatizantes
era salvar el legado de los antiguos esclavos. Según el censo
de 1919, quedaban aproximadamente 2 700 "negros de nación"
(los africanos) con edades muy avanzadas. Había que apurarse,
además de trabajar con los hijos y nietos de ellos.
Dicha
exhortación pública de Ortiz para rescatar el patrimonio
de raíces africanas privilegiaba un debate centralmente relacionado
con el auge de la discriminación racial como problema político,
social y cultural, que atentaba contra el canon integracionista
postulado como paradigma de la nación cubana.
En
la Constitución de 1901 se había establecido en el
artículo 11, que todos los cubanos eran iguales ante la ley
y que la República no admitía fueros, ni privilegios.
No
obstante, el 29 de junio de 1902 (al mes de constituido el Estado
cubano) se organizó un comité de veteranos negros
de las guerras de independencia para denunciar los atropellos y
discriminaciones, a los que ellos mismos estaban sometidos.
En
1908, logró reconocimiento oficial el Partido Independiente
de Color (PIC), en cuyo programa se aspiraba a una mejora en el
estado social de la población negra y mulata a través
de la política. En febrero de 1910, el Congreso aprobaba
la llamada Ley Morúa, que consistía en una enmienda
al artículo 17 de la ley electoral. Así, se proscribían
las agrupaciones y partidos políticos exclusivos, cuya afiliación
respondiera a motivos de raza, nacimiento, riqueza, clase o título
profesional.
El
20 de mayo de 1912 se alzaron miembros del PIC en la provincia de
Oriente para exigir la derogación de la Ley Morúa.
Políticos racistas impusieron una aterradora masacre, extensiva
a personas ajenas al conflicto. Desde la prensa, se estimuló
la más agresiva xenofobia racista. A modo de ejemplo, Gustavo
E. Mustelier publicó el folleto La extinción del negro.
Apuntes político-sociales (1912).
La
mentalidad racista estaba presente en las formas de la vida cotidiana,
en el desprecio a la religiosidad popular, en las apreciaciones
sobre música, bailes, cantos y manifestaciones literarias.
Lo negro equivalía a barbarie, oscurantismo, ignorancia y
retraso social.
Las
nociones de adelanto, progreso, o ascenso, se asociaban a una imagen
pública de rechazo a la "barbarie" africana o negra.
El auge racista aceleró e incrementó el surgimiento
de sociedades de recreo e instrucción para negros y mulatos
cultos, que se normaba, además, por criterios clasistas.
Por ejemplo, el 21 de septiembre de 1917, se fundó el Club
Atenas, cuya mem-bresía se autojuzgaba como parte de la elite
habanera de políticos, pequeños propietarios, empleados
públicos y profesionales de color; los obreros y los pobres
estaban excluidos de sus salones.
Los
prejuicios culturales racistas se defendían como legítimos
en todas las instancias sociales y podían deslizare hasta
en proyectos de justicia cultural, como era la Sociedad de Folklore.
En el "Acta número 1" se afirmaba que interesaba:
[...]
el estudio descriptivo, encaminado a un fin de verdadera terapéutica
social, de ciertas prácticas morbosas, como los actos de
brujería y ñañiguismo, en que, en forma tan
expresiva, se manifestaba la baja vida popular. (3)
Entre
1923 y 1924, Eduardo Sánchez de Fuentes organizó los
conciertos de música típica o popular, que servían
de promoción a las tesis de su libro El fol-klore en la música
de Cuba. Él excluía la rumba, el guaguancó,
la conga, entre otros, porque esos ritmos bárbaros evocaban
lo africano, que era extranjero a la idiosincrasia nacional.
Alejo
Carpentier (1904-1980), crítico musical y compositor, comentó
en el artículo "En perspectiva. Un concierto típico
cubano" los aspectos valiosos de esa iniciativa. Señaló
que había un resurgimiento
[...]
de la música cubana, debido a que esta se le empieza a
dar la importancia que verdaderamente merece. Ya no se la considera
como un mero fruto del alma del pueblo, ya no se la mira solamente
bajo el punto de vista pintoresco; actualmente se estudia la música
criolla con un concepto más científico, más
"musical". Se la devuelve todo su interés "folklórico",
se reconoce su intensa originalidad, y se percibe toda la belleza
de sus melodías y afectos armónicos.
La
música cubana tiene una extraordinaria riqueza de ritmos,
de frases y de tonalidades. [
]
Todo
eso podía ser inacabable fuente de inspiración para
el talento de un compositor que se aplicara en estudiar y "trabajar"
los cantos populares siguiendo todos los recursos de la armonía
moderna. ¡Qué campo virgen hallaría en Cuba
un Mac Dowell, un Falla o un Prokovief!
(4)
Sánchez
de Fuentes se conformaba con el perfeccionamiento técnico
en la interpretación de la música "típica".
El joven Carpentier pedía las audacias transgresoras que
posibilitaran una música sinfónica nacionalista, capaz
de medirse con las calidades internacionales.
Carpentier
resultaba ser el vocero de los experimentos musicales que, a partir
de 1925, escandalizaron a la sociedad habanera. En el artículo
"La música cubana" (1 de julio de 1925) comentaba
el interés que el jazz estaba suscitando en compositores
extranjeros y de inmediato organizaba un contrapunteo reflexivo
con nuestras modalidades:
Si
bien la suave y acariciadora "guajira", "el bolero",
"la clave" _talentosamente cultivada por algunos de
nuestros compositores_ producen a la larga una sensación
invencible de monotonía por la uniformidad de sus acentos
y el matiz tenue de todas sus melodías, los elementos brutos
y hasta ahora inexplorados de las danzas populares, encierran
una dosis de musicalidad y una potencia de ritmos formidables.
El "son" con sus instrumentos típicos, es uno
de los más ricos frutos del "folklore" musical
que pueda imaginarse. Su aire es inconfundible, y su elocuencia
rítmica es aplastante no tanto por la diversidad y riqueza
de su percusión, sino por el modo completamente inu-sitado
con que esta aparece utilizada. Lo prodigioso de esa música
estriba en que es esencialmente "polirrítmica".
El discurso melódico, de una sencillez rudimentaria, es
acompañada por una diversidad de acentos combinados, cuyo
conjunto acaba por trocarse en una especie de sinfonía
elemental. Ni el "bongó", ni la "botija",
las "claves", las "maracas" o la "marímbula"
se siguen verdaderamente. Accionan en la mayor independencia y
de sus coordinaciones arbitrarias surge cierta unidad, cierta
paradógica ley de puntos de contactos, de la cual resultan
acentos netos, en creaciones simbólicas, de alto valor
estético, inspirados directamente en nuestro "folklore".
Además,
aun considerándolos desde el punto de vista melódico,
el "son" así como la "rumba" presentan
a veces frases que sólo esperan la sabia utilización
de un maestro para dessplegarse en toda su amplitud. Ciertos "sones
orientales" ofrecen temas de un acre sabor y de verdadera
potencia expresiva, muy superiores a las lánguidas canciones
que tanto se cultivan actualmente.
[
]
Con
esos elementos inexplotados, ¡qué maravillosas "sinfonías
cubanas", qué estupendas "suites" y "poemas
de ambiente" no podrían hacerse. (5)
En realidad, este artículo anticipaba las estrategias composicionales
que ya ensayaba Amadeo Roldán (1900-1939). El 29 de noviembre
de 1925 se desató un escándalo en el teatro Nacional,
cuando Roldán estrenó la Obertura sobre temas cubanos,
en la que convirtió en música de concierto las modalidades
rítmicas compiladas en fiestas populares de negros (como
el carnaval).
Roldán
además había incorporado a la orquesta instrumentos
de percusión para reiterar el alcance de su herejía
artística, con matices de vindicación antirracista.
Carpentier, amigo y solidario en ideas de Roldán, afirmaba:
La
verdadera labor nacionalista en arte no podrá hacerse siguiendo
otra senda que la señalada por Amadeo Roldán. Su
lozana Obertura sobre temas cubanos, pese a quien pese, señala
una fecha capital en la historia de nuestra música. (6)
En
1926, Roldán y Carpentier organizaban los conciertos de música
nueva y trabajaban en los ballets La Rebambaramba y El milagro de
Anaquillé (1928). Se les unió Alejandro García
Caturla (1906-1940) con quien Carpentier construiría una
hermandad entrañable en París (1928). Allí
preparaban el ballet Manita en el suelo (1929).
El
13 de marzo de 1927, Sánchez de Fuentes pronunció
la conferencia "Influencia de los ritmos africanos en nuestro
cancionero" en la Academia Nacional de Artes y Letras. Sin
mencionar nombres, el presidente de los compositores censuraba a
los músicos
herejes (Roldán, García Caturla, entre otros) de "extranjerizar"
la música cubana con ritmos bárbaros.
Desde
el Diario de la Marina reiteró los ataques en artículos
a partir del 26 de junio hasta el 7 de agosto de 1927. Moisés
Simons (1889-1945), el autor de El manisero, decidió contraatacar
públicamente. La polémica fue recogida por el propio
Sánchez de Fuentes en Folklorismo. Artículos. Notas
y críticas musicales.
Los
compositores aplaudieron las tesis de Ortiz en "Cuentos afrocubanos"
y se apropiaron con rapidez del material que se iba acopiando. Por
ejemplo, Eliseo Grenet (1893-1950) compuso Mamá Inés
a partir de un antiguo canto de cabildo y Moisés Simons se
fascinó con el modo de pregonar de un vendedor ambulante,
a cuyo profesiona-lismo rindió homenaje en El manisero.
Los
músicos profesionales de formación académica
dialogaban con los aficionados en conjunto para animar fiestas,
o para fines religiosos. Todos confrater-nizaban con escritores
y artistas plásticos que también se entusiasmaron
con saberes desconocidos.
Los
escritores cueripardos y almiprietos
Pero
mi repique bronco,
pero
mi profunda voz,
convoca
al negro y al blanco
que
bailan el mismo son
cueripardos
y almiprietos
más
de sangre que de sol, [...]. (7)
Desde
la década de 1830, los escritores románticos (en particular,
los narradores) habían
recreado en personajes de diversas jerarquías y calidades
los tipos populares de negros y mulatos (esclavos o libres) en las
formas de vida urbana. El corpus narrativo de Cirilo Villaverde
(1812-1894), las cartas y la "Autobiografía" del
esclavo Juan Francisco Manzano (1797-1894), podrían ilustrar
el surgimiento de una tradición ficcional, al que los intelectuales
modernistas del siglo xx aportaron notables textos aislados.
El
arqueólogo y poeta modernista Felipe Pichardo y Moya (1892-1957)
describía en el poema "La comparsa" (¿1910?)
el carácter pictórico del baile colectivo. José
Manuel Poveda (1888-1926), otro modernista aludía en "El
grito abuelo" a la tradición rítmica como un
elemento del simbolismo. Regino Boti (1878-1958), historiador folklorista
y pintor, experimentaba en "Babul" con las sonoridades
vanguardistas de los tambores.
Los
escritores vanguardistas (por la intencionalidad programática
de renovación), asistieron curiosos a la consolidación
de la Sociedad de Folklore, que los incitaba a la búsqueda
de nuevos derroteros creativos.
A Jorge
Mañach (1898-1961) le interesaba la ficcionalización
de las noticias en crónicas, o de los personajes en artículos
de costumbres. Disfrutaba la cotidianeidad como estética
vanguardista. No obstante, ensayó con el cuento "Belén
el ashanti" (1924), la historia de la vida de un esclavo, con
resultados cualitativos mediocres.
Alejo
Carpentier, en funciones de crítico literario vanguardista,
exaltaba los méritos de la antología Literatura negra,
compilada por Blaise Cendrars, como difusora de la producción
africana desconocida en Europa. (8)
Aunque
había leído las narraciones de Paul Morand desde 1925,
tuvo la suerte de ser uno de sus anfitriones en La Habana. Esto
le facilitó la escritura de textos bien documentados como
"La boudha vivant de Paul Morand" y "La séptima
noche de Paul Morand",9 en los que elogiaba el cosmopolismo
antiexotista del francés ante las realidades de una otredad
ajena a la cosmovisión autoral.
Carpentier,
como músico, frecuentaba fiestas religiosas y bailes populares
en busca de apropiaciones sonoras. También acopiaba historias
susceptibles de recreación literaria. Así, en 1927,
redactó las primeras cuartillas de una novela titulada Chivo
que rompe tambor. La abandonó y la reescribió, ya
en París, entre 1931 y 1933. La publicó bajo el nombre
de Ecué-yamba-ó (1933). Además innovó
con el relato escrito en francés "Histoire de lunes"
(1933) dentro de las estrategias del realismo mágico surrealista,
con motivos de la cultura popular religiosa cubana.
Lydia
Cabrera (1900-1991), pintora y cuñada de Fernando Ortiz,
asistió curiosa _en solidaridad de familia_ a la fundación
de la Sociedad de Folklore. En 1927 se estableció en París;
estudiaba arte oriental en la Escuela del Louvre. Entonces, descubrió
_por analogía_ la originalidad de la cultura popular cubana.
Durante
las vacaciones en La Habana se dedicó a entrevistar ancianos,
como había sugerido Ortiz. En 1930, comenzó la escritura
de cuentos inspirados en sus labores de compiladora. Dos años
después, había terminado varios, que se publicaron
en revistas galas. Cuentos negros apareció primero como traducción
al francés (1936) y después en español (1940).
Con ellos se alcanzaba el canon literario de la narración
libre inspirada en motivos literarios etnológicos.
Los
poetas Ramón Guirao (1908-1949) y José Z. Tallet (1893-1989)
incur-sionaban en la descripción erótica del cuerpo
al bailar. En abril de 1928, Guirao publicó la "Bailadora
de rumba" y _en agosto_ "La rumba" de Tallet, quien
solía comentar (con permanente asombro) el éxito insólito
de un poema experimental, en cierta forma ajeno a sus inquietudes
existenciales. "La rumba" _juzgado por Ortiz_ como texto
sinfónico devino canónico para el vanguardismo.
Guirao
completó el poemario Bongó. Poemas negros (1934) que
ha permanecido relegado al olvido. Su labor más importante
fue como investigador al compilar la Órbita de la poesía
afrocubana 1928-1937 (1938) y de Cuentos y leyendas negras de Cuba
(1942). La Órbita
se contrastó con el proyecto
de Emilio Ballagas (1908-1954) Antología de la poesía
negra hispanoamericana (1936), al cual se propuso sobrepasar en
cuanto a la muestra cubana. Los tres libros culminaron una de las
primeras metas de la Sociedad de Folklore: el establecimiento de
un corpus referencial.
El
ala del atrevimiento ante el atrevimiento del obstáculo
Haz
que tu vida sea
campana
que repique
o
surco que florezca y fructifique
el
árbol luminoso de la idea.
Alza
tu voz sobre la voz sin nombre
de
todos los demás, y haz que se vea
junto
al poeta, al hombre.
Llena
todo tu espíritu de lumbre;
busca
el empinamiento de la cumbre,
y
si el sostén nudoso de tu báculo
encuentra
algún obstáculo a tu intento,
¡sacude
el ala del atrevimiento
ante
el atrevimiento del obstáculo! (10)
El
padre de Nicolás Guillén fue senador (1909-1913) por
el Partido Liberal en representación de la provincia de Camagüey.
Era íntimo amigo de Martín Morúa Delgado; apoyó
la Ley Morúa; se manifestó en contra del movimiento
del Partido Independiente de Color y de su alzamiento; y sufrió
como todos los congresistas negros y mulatos el dolor y el horror
por la masacre de 1912. No obstante, entendía que salvaguardar
el principio de la unidad nacional resultaba positivo.
Nicolás
se habituó a las relaciones públicas desde la infancia;
su casa era un centro de discusiones políticas y lo dejaban
presenciarlas. Aprendió el oficio de tipógrafo y amaba
el ámbito de los periódicos. Desarrolló excelentes
habilidades como autodidacto: sabía orientarse, elegir los
saberes que necesitaba y apropiárselos con rapidez; aceptaba
consejos útiles para ganar tiempo vital.
Cuando
se estableció definitivamente en La Habana, ya tenía
bien esclarecidas sus aspiraciones: quería triunfar ("busca
el empinamiento de la cumbre") y confiaba en la audacia:
[
]
el ala del atrevimiento
ante
el atrevimiento del obstáculo.
Su
padre fue asesinado en los incidentes de La Chambelona al alzarse
contra la reelección presidencial fraudulenta de Mario García
Menocal (1917); era un mártir del Partido Liberal.
Cuando
Gerardo Machado asumió el gobierno (de nuevo estaban en el
poder los liberales afines a su padre), pudo obtener un empleo muy
subalterno en la secretaría de gobernación.
El
modestísimo salario le alcanzaba para sobrevivir en un cuarto
alquilado en casas de huéspedes de barrios de pobres. Participaba
en los hábitos cotidianos de los vecinos con buen humor;
y buscaba los caminos para acceder a otros medios sociales.
Antiguas
amistades del padre, como el periodista Lino D'ou, le abrieron puertas.
Podía saludar al gran político Juan Gualberto Gómez
(1854-1933), porque este mantuvo correspondencia con su progenitor.
Ramón Vasconcelos (1890-1965), periodista y político,
era sobrino de su padrino.
Guillén
se integró con rapidez al ámbito de los intelectuales
negros y mulatos sin ser rechazado. Asistía a las tertulias
del club Atenas, aunque no clasificaba como socio por los bajos
ingresos económicos.
Por
intermedio de Lino D'ou conoció al periodista Gustavo Urrutia
(1881-1958), quien primero estrenó la sección "Ideales
de una raza" (abril-noviembre de 1928) y después la
página de título homónimo en el Diario de la
Marina (11 de noviembre de 1928-4 de enero de 1931); por último,
logró mantener la columna "Armonías".
En
la redacción del Diario
conoció y se tornó
amigo íntimo de José Antonio Fernández de Castro
(1897-1951), historiador especialista en la cultura del período
colonial y uno de los intelectuales con más relaciones en
la vida cultural habanera, además de anfitrión permanente
de decenas de visitantes extranjeros. Poseía una biblioteca
familiar envidiable; conocía las amplias modalidades internacionales
del vanguardismo; y sabía aconsejar a los creadores audaces.
Disponía de un estudio privado (denominado La República
Chiquita), donde se organizaban desde tertulias eruditas hasta fiestas
muy divertidas en los cánones de la bohemia más heterodoxa.
Según
el testimonio de Guillén (en ¿1944?), escribió
los Motivos de son dentro de una experiencia onírica en abril
de 1930. En la duermevela oyó las palabras negro bembón:
Como
si recordara algo sabido alguna vez, hice de un tirón un
poema en el que aquellas palabras servían de subsidio y apoyo
al resto de los versos [
], escribí, escribí,
todo el día, consciente del hallazgo. A la tarde ya tenía
un puñado de poemas _ocho o diez_ que titulé de una
manera general Motivos de son. (11)
Gustavo
Urrutia lo ayudó audazmente con la publicación inmediata
de ocho poemas en la página "Ideales de una raza"
(20 de abril de 1930). Por gestiones de Fernández de Castro
y la amistad del impresor Bouza, se terminó, el 26 de abril,
un librito con doce poemas. En las dos versiones estaba dedicado
a José Antonio y tenía una ilustración de Mario
Karreño. La tirada fue de cien ejemplares y lo inscribió
en el registro de la propiedad intelectual.
El
consejo de José Antonio se evidenció en la lista de
personalidades disímiles, a quienes lo remitió durante
el mes de mayo. Le destinó ejemplares a políticos
como Antonio Sánchez de Bustamante (eminencia cubana del
derecho internacional), o como José Antonio Cortina (senador
por Camagüey); a científicos sociales como Fernando
Ortiz; a folkloristas como Chacón y Calvo; a críticos
literarios, como Jorge Mañach, Juan Marinello, Pedro Henríquez
Ureña; a creadores, como Miguel de Unamuno, Alfonso Hernández
Catá, Emilio Ballagas, Regino Boti, entre otros muchos.
Ballagas
le respondió con celeridad el 11 de mayo de 1930:
Usted
ha dado en el clavo porque escucha su "voz interior",
que no es precisamente esa cosa individual que creen los yoístas,
sino la voz colectiva, el alma popular, el grito del ancestro
en un temperamento fuerte y comprensivo [
] ninguno han encentrado
de manera tan acertada dentro del círculo de lo popular.
(12)
Guillén
polemizó con Ramón Vas-concelos, quien el 6 de junio
publicaba en el periódico El País el artículo
"Motivos de son". Él estimaba que el poemario estaba
bien, con sabor folklórico, afrocubano. Creía a Guillén
[
]
capaz de esfuerzos serios, no debe darle el brazo a la musa callejera,
fácil, vulgar, descoyuntada;
[
..]
debe
universalizar su verso y su idea en vez de meterlos en el solar
para que brinquen al son del bongó. (13)
Guillén
contestó con ironías a los prejuicios de Vasconcelos
en "Sones y soneros" (El País, 12 de junio de 1930).
Entendía que los doce poemas contribuían al aprecio
del ritmo popular porque
[...]
el son es a mi juicio una forma adecuada para lograr poemas vernáculos,
acaso porque es también nuestra música más
representativa (14)
Con
los textos, él se propuso estar en la avanzada literaria.
Le costaron muchísimo trabajo, porque
[...]
pretendí comunicarles una ingenuidad técnica que
nunca he tenido y una frescura de motivación que les era
necesaria. [
] yo sí quería hacer algo verdaderamente
sencillo, verdaderamente fácil, verdaderamente popular.
Algo
que verdaderamente fuera como el "son" de los que protestaron
contra el "son". (15)
La
alegría de Guillén se evidenciaba en el buen humor;
al poeta norteamericano Langston Hughes le anunciaba en una misiva
(19 de mayo de 1930):
El
éxito de los "Motivos" ha sido formidable, toda
la prensa de la isla se ha hecho eco de ellos, reproduciéndolos
y comentándolos favorablemente, hasta el extremo de que
mi popularidad ha aumentado considerablemente. ¡Un día
de estos voy a aspirar a Representante a la Cámara. (16)
El
21 de junio de 1930, el crítico Armando Guerra impartió
la conferencia "Nicolás Guillén y su poesía"
en el club Antillas Sport, una de las diversas sociedades negras
en las que se leyeron y debatieron los Motivos de son. ¿Resultaban
perjudiciales u ofensivos a la imagen pública de los negros?
¿Eran oportunos o no, como estrategia de política
cultural contra la discriminación racial? Guerra defendió
los poemas.
Guillén
ofreció la conferencia "Motivos literarios" en
el club Atenas (el 24 de agosto) para explicarlos. Ese mismo día
se le declaró miembro de la sección de educación.
De todos modos, siempre hubo criterios condenatorios en las discusiones
de las múltiples asociaciones. La polarización emocional
facilitó que él fuera famoso en las instituciones
de recreo y de instrucción y que, continuamente, recibiera
invitaciones para disertar o leer poemas.
El
21 de septiembre de 1930, Regino Boti publicaba sobre los Motivos...
una exégesis muy elogiosa, porque se trataba de una "poesía
genuina", acorde con la "estética del minuto".
Alababa la rítmica en la excelente factura del verso, ya
que eran
[...]
temas esencialmente musicales que no necesitan del compositor
para pautarse, porque el poeta acopló ambos ritmos: el
métrico y el musical. (17)
Por
las apreciaciones de Guillén en el debate con Vasconcelos
y el criterio de Boti, se observa cómo Nicolás coincidía
_de modo insólito_ con las opiniones de Alejo Carpentier
en "La música cubana" sobre los hallazgos estructurales
que un artista talentoso podía encontrar en el análisis
de las estructuras soneras.
Carpentier
pensaba en las apropiaciones para un nacionalismo sinfónico.
Guillén, las valoraba para la composición literaria.
En las últimas versiones de Chivo que rompe tambor, Car-pentier
transitaba por búsquedas similares a las del camagüeyano,
puesto que necesitaba contrapuntear los ritmos de la prosa con los
intertextos de fragmentos de cantos (ya soneros, ya religiosos).
Cada uno era original en la poética vanguardista que privilegiaba
la polirritmia (en sus expresiones sonoras, o en las convenciones
tipográficas, para sugerirlas como imaginario visual).
Fernando
Ortiz incorporó un "dossier" sobre los Motivos
en el quinto volumen de los Archivos de Folklore Cubano. Se anticipaba,
con una validación de canon, al consagrarlos como un texto
perdurable para la cultura literaria. Ortiz reiteraba el entusiasmo
de Ballagas:
Los
versos de Guillén no son folklóricos en el sentido
de su originalidad pero lo son en cuanto traducen perfectamente
el espíritu, el ritmo, la picaresca y la sensualidad de
las producciones anónimas.
Pronto
esos versos pasarán al repertorio popular y se olvidará
quizás quien sea su autor. Y acaso este sea el mérito
mayor de su obra: ¡apoderarse del alma popular como nacida
de ella misma! (18)
El
20 de febrero de 1932, Guillén ofreció un recital
de poemas en la sociedad Lyceum. Inventó, con audacia, un
personaje, el "Secretario de Guillén", quien era
la voz crítica que dialogaba con el personaje Guillén.
El "Secretario" equivalía a presencia, a cierta
distancia o perspectiva para la exégesis; Guillén
significaba ausencia, voz autoral mediada siempre por la versión
del Secretario.
En
este juego de alteridades, el Secretario opinaba sobre los Motivos
:
Cuando
aparecieron estos versos populares, la conmoción fue recia.
Eran algo imprevisto, que estaban sin embargo a nuestro lado,
dictándonos casi su mensaje. Con esa vanidad específica
de esa gente de letras, el poeta creyó llegado el momento
de sentarse a descansar. Yo intervine rudamente, y dialogábamos
de esta forma:
GUILLÉN:
_He triunfado por fin. Tengo un modo propio de expresión,
distinto de todas las voces que oigo.
YO:
_Pues haces mal en pensar así. No tienes más que
una piedra ruda, cuya escoria te impide ver la carne íntima
del bloque.
GUILLÉN:
_Publicaré un libro
YO:
_¡No debes publicarlo!
Y
no lo publicó. Publicó un folleto, con lo cual nuestra
disputa. Aquellos poemas eran ciertamente una interesante novedad,
pero había que moler con vigor para extraerle el zumo íntimo.
En ese camino, la "Canción del bongó"
recoge acentos más puros. (19)
A partir
de esta confesión, podría interferirse que la "Canción
del bongó", cumplió las funciones de texto transicional
hacia Sóngoro consogo (1931), cuya fecha de impresión
fue el 1 de octubre con una tirada de 300 ejemplares. Él
pagó la edición con parte de los tres mil pesos, que
ganó al serle premiado un billete en la lotería nacional.
Un
hombre llorando con la risa
En
los dientes, la mañana,
y
la noche en el pellejo.
¿Quién
será, quién no será?
_El
negro.
[
]
Un
hombre que está llorando
con
la risa que aprendió
¿Quién
será, quién no será?
_Yo.
(20)
La
primera novedad de Sóngoro cosongo radicó en el "Prólogo",
en el cual la voz autoral propuso una perspectiva de recepción
y también de exégesis:
[
]
son unos versos mulatos. Participan acaso de los mismos elementos
que entran en la composición étnica de Cuba, donde
todos somos un poco níspero. ¿Duele? No lo creo.
En todo caso, precisa decirlo antes de que lo vayamos a olvidar.
[
]
Opino
por tanto que una poesía criolla entre nosotros no lo será
de modo cabal con olvido del negro. [
] Por lo pronto, el
espíritu de Cuba es mestizo. Y del espíritu hacia
la piel nos vendrá un color definitivo. Algún día
se dirá: "color cubano". (21)
Las
afirmaciones programáticas de este "Prólogo",
quizás, estuvieron vinculadas a la reflexión "Cuba,
el arte y el negro" que Gustavo Urrutia publicó en cuatro
partes en la columna "Armonías" del Diario de la
Marina (5, 12, 16, 19 de septiembre de 1931).
La
presencia del negro _según Urru-tia_ constituía una
"influencia inadvertida" en las artes plásticas;
una "bienvenida" en la música, y una "contrariada"
en la literatura.
Establecía
que los negros no habían alcanzado una autonomía como
voz autoral, sino que se le juzgaba "un eco":
Parece
que no tiene nada que decir por sí mismo y que hablan por
él sus tutores artísticos. Nada de esto puede reputarse
como influencia del negro ni de su arte en la literatura cubana.
Más bien parece que el afrocubano se da en usufructo. (22)
Para
Urrutia, se estaba produciendo en los intelectuales negros un proceso
de autoconcientización, de confianza en las calidades de
su labor, y de exigencia pública de respeto a sus opiniones:
Mientras
el cerebro del negro lucha contra los prejuicios, su alma, ya
en camino de libertad, puede entregarse a su arte propio que no
es suyo sino porque lo lleva en sí mismo para darlo a todas
las sensibilidades de igual manera que él registra en su
emoción los mensajes de arte extraño por la sola
virtud de su belleza.
De
esa nueva latitud espiritual nos llega el Nicolás Guillén
de los MOTIVOS DE SON, cuya sensibilidad habrá de conocerse
mejor cuando próximamente aparezca Sóngoro cosongo,
el libro de "poemas mulatos" que tiene en prensa.
Otros
autores lo seguirán [
] y quedará establecida
entre nosotros la genuina literatura negra, la que influirá
de veras sobre la literatura cubana. (23)
Urrutia
parecía inclinarse hacia las tesis de lo que, décadas
después, se autodenominaría el movimiento de la negritud24
y que asociaba a intelectuales caribeños y africanos de la
comunidad francófona (Aimé Cesaire o Leopold Senghore).
Guillén
compartía con Urrutia el anhelo de reconocimiento expreso
al derecho de trazar las coordenadas de su poética, o sugerir
cómo leer los versos.
La
mulatez, el mestizaje, como aspiración futura de un color
cubano reiteraba culturalmente la tesis política de una integración
nacional que su padre le inculcó.
Guillén
se mantuvo fiel al sueño inde-pendentista de que el primer
valor radicaba en el orgullo de sentirse cubano. Juan Gualberto
Gómez (ya en discrepancia política con la dictadura
de Gerardo Machado) simbolizaba esa idea.
A partir
de las relaciones asiduas con Fernández de Castro _antimperialista25
y librepensador en cuanto a lecturas socialistas_ Guillén
se va afiliando a la intelectualidad de izquierda, opuesta a Machado
y al apoyo que este recibía de la embajada norteamericana.
En Sóngoro cosongo ya había indicios de un sentimiento
antimperialista, que se tornaría en formulación radical
a partir de West Indies Ltd. (1934).
La
tradición política familiar de Guillén era
ajena a la retórica de Urrutia, en cuanto al deslinde claro
y tajante de los campos políticos. Aunque no fue hasta mayo
de 1936 que rompieron los víncu-los de amistad, la distancia
entre ambos comenzó a marcarse desde 1932.
La
audacia de Guillén en el "Prólogo" de Sóngoro
cosongo, al proponer la tesis de la mulatez, del mestizaje, del
sueño de un color cubano, funcionó como una premisa
normativa en la exégesis del libro, que los críticos
respetaron.
Jorge
Mañach le dedicó una glosa:
En
un gesto de afirmación de los valores espirituales y sensuales
del negro, Guillén llama "mulatos" a sus poemas
y les da, sin quererlo, una cierta misión de política
social. No es el suyo el tono quejumbroso de los "blues"
ni el tono algo pan-fletario de los poetas del Sur americano sino
más bien un acento de ironía y orgullo. (26)
Urrutia
incorporó a las connotaciones de los poemas mulatos, la que
se trataba de
Un
localismo reiterado para expresar muy finamente las proyecciones
americanistas del poeta.
[...]
versos
mulatos, mestizos, cosmopolitas. De un mestizaje continental y
unitario, con sentido nuevo entre nosotros y expresado por nuestros
propios medios. (27)
Juan
Marinello (1898-1977) se interesó por la evolución
de la poesía de Emilio Ballagas desde que este se estableció
en La Habana. Aplaudió los versos de Júbilo y fuga.
Poemas (1931) y publicó la "Elegía a María
Belén Chacón" (agosto de 1930).
Guillén
le envió Motivos de son y sólo le devolvió
una respuesta cortés. Con Sóngoro cosongo la reacción
fue diferente:
¡Qué
bello libro! [
] Por primera vez con usted _y con Emilio
Ballagas_ lo negro, lo negro que hay en el negro y en el blanco
criollo, ha encontrado su certera expresión lírica.
[
]
Sóngoro
cosongo será _es ya_ un momento crucial en nuestro verso.
No puede imaginar con qué alegría lo advierte mi
admiración por usted.
[
]
Es
también la obra de un gran poeta de resonancia cósmica,
de voz poderosa en la que cuajan vientos de muy larga carrera.
(28)
Mientras
guardaba prisión en Isla de Pinos en 1932, por su oposición
a Machado, Juan Marinello ordenó las ideas para el libro
Poética. Ensayos en entusiasmo (1933). Uno de los ensayos
era "Poesía negra. Apuntes desde Guillén y Ballagas".
Marinello
había polemizado con Gustavo Urrutia en 1929, a propósito
de cuál sería la especificidad de un arte negro en
Cuba, puesto que los creadores se expresaban con la lengua y los
imaginarios de una cultura blanca.
El
crítico problematizó el concepto de mulatismo (entendido
como mestizaje) que aportó Guillén. La poesía
mulata tenía fuerza proyectiva, ya que Guillén:
Anuncia
un arte mestizo, mezcla afortunada de sangres isleñas.
Pero ese arte no será ahora. Será cuando la mezcla
haya fermentado largamente, cuando haya evaporado sus jugos desabridos.
[
]
Y
cuando lleguemos a la real mulatez, al mestizaje pleno, cambiados
ya en una raza bronceada _bronceada por dentro, entiéndase_,
ya el arte no tendrá color. (29)
Por
lo anterior, Guillén y Ballagas representaban una poesía
negrista:
El
grito negro ha tajado con violencia la urdimbre blanca hasta donde
ha podido romperse ahora.
[...]
lo
blanco dice lo negro, traduciendo al verso de España el
alarido del tambor. (30)
En
1934, Marinello regresó al tema, ya dentro de una síntesis:
"Veinticinco años de poesía cubana. Derrotero
provisional". La primera versión apareció en
la revista Bohemia; y la segunda, en el libro Literatura hispanoamericana
(1937).
El
crítico evaluó la dinámica del movimiento negrista
desde 1928. Explicó que hubo textos con imágenes frívolas,
que podrían acrecentar los prejuicios raciales. Se declaró
partidario de una poesía social en el examen de los problemas
del hombre negro:
[...]
queremos al negro en toda su medida [
] en la luz de su música
poderosa, en la ternura de su canto ciego, pero también
y más en la justicia de su rebeldía. Pedimos un
hombre que arraigue y exalte su humanidad sin atención
de colores, aunque en la voz le salga, inconte-niblemente, el
tono de la piel. Queremos un arte que no adormezca al blanco y
al negro ni lo hermane sólo en el ritmo gracioso y en la
complicidad sexual. (31)
Marinello
estimaba que Regino Pedroso con su libro Nosotros (1933) y Guillén
con
West Indies Ltd. ilustraban la poesía revolucionaria imprescindible
para los tiempos de creciente compromiso político. Desde
la escritura del poema "Llegada" (cuya grandeza épica
admiraba), se anunciaba su condición de
Poeta
de los mejores que hayan dado las Antillas, ha integrado su mestizaje
raigal en una obra cercana a todos los hombres (32)
Desde
diciembre de 1930 hasta después de agosto de 1933, Ortiz
estuvo exiliado en los Estados Unidos y dedicó tiempo a profundizar
en sus investigaciones. El de mayo de 1934 pronunció la conferencia
"Las confluencias culturales de Cuba" en la Unión
Panamericana con sede en Washington. Por primera vez, expuso la
metáfora del ajiaco para explicar el mestizaje, como rasgo
esencial de la cultura cubana:
[
]
en la fundición por crisoles se procede por hornadas sucesivas,
y la realidad histórica, en Cuba al menos, consiste en
un proceso incesante por el cual los elementos humanos más
diversos afluyen unos tras otros a la gran isla antillana y allí
se mezclan sin que la fundición cese un instante, [
].
Por eso no hay símil mejor que el metalúrgico del
crisol, más exacto y a la vez genuinamente cubano. Digámoslo
desde ahora: Cuba es un ajiaco. (33)
A partir
de 1935, Ortiz regresó a sus ocupaciones habituales en La
Habana. Para la Revista Bimestre Cubana, decidió escribir
sobre el acontecer poético que desde Motivos de son tanto
le interesaba.
El
primer texto fue "Los últimos versos mulatos",
en el que reseñó Acento negro. Poemas (1934) de Vicente
Gómez Kemp. En 1936, publicó el segundo texto "Más
acerca de la poesía mulata" que dividió en tres
partes. Prefirió _aunque repetía aspectos del material
del año anterior_ hacer una explicación de sus tesis.
En
primer término, coincidía con Guillén en el
concepto de poesía mulata, como sinónimo de mestiza
y de cubana.
Afirmó
categóricamente que ni en Cuba ni en América había
existido una literatura negra, porque el español había
actuado como lengua de comunicación entre todos los grupos
humanos (los dominadores y los dominados). El uso del español
se convirtió en el principio de un mestizaje permanente.
Sólo
existieron temas de la vida de los negros que se convirtieron en
materia literaria.
Elogió
el poema "La rumba" de Tallet, por la maestría
técnica en la reproducción onomatopéyica de
los tambores. También exaltó en Guillén el
"admirable ajuste prosódico y sintético de los
vocablos castellanos a la popular ritmación de un son cubano".
(34)
Analizó
cómo el bongó era un instrumento musical cubano; por
lo mismo, su elección afortunada como metáfora de
la mulatez era otro acierto de Guillén.
Se
detuvo en el imaginario erótico, asociado a bailes como la
rumba, y al énfasis en los glúteos femeninos, un símbolo
sexual. Mencionó el motivo de la mulata de cabaret, invención
vulgar asociada al mercado del turismo yanqui.
Destacó
la aparición de una tendencia sobre aspectos sociales: la
rebeldía, la denuncia de situaciones concretas, la plenitud
humana de los negros. Los poemas de Regino Pedroso le parecían
entre los mejores.
En
"Los últimos versos mulatos" y "Más
acerca de la poesía mulata" (I, II, III), Ortiz introdujo
la conveniencia de historiar la presencia del imaginario sobre los
negros en la poesía cubana, de establecer las formas evolutivas
del español, a partir de las recreaciones literarias de los
escritores.
Ortiz
proponía un texto resumen sobre el ciclo de la poesía
mulata que José Antonio Fernández finalmente construyó
en el libro Tema negro en las letras de Cuba 1608-1935 (1943).
Nicolás
Guillén sacó provecho de estas reflexiones. En Valencia
(noviembre de 1937), mientras se solidarizaba con la causa de la
República española elaboró el borrador "Cuba,
negros, poesía. Esquema para un ensayo".
Utilizó
un principio historicista: el estatuto del negro en la sociedad
colonial, en los años iniciales de la República y
en la década del 30.
Explicó
la moda de la llamada poesía negra que se transformaba en
un modo de hacer versos.
Entendía
que existían textos donde lo negro se proponía como
experimento artístico, o distracción sin responsabilidad.
No obstante, el triunfo sólo correspondía:
[...]
a quienes fueron hacia lo negro seriamente viendo allí
la carretera central de la obra, no un sitio de reposo y entretenimiento.
(35)
Comparó
la experiencia poética cubana con la de los Estados Unidos
(antes de llegar a España, había visitado Nueva York).
En Cuba se gestó la búsqueda de una fusión
entre moda y modo, porque
[...]
abrió de un solo golpe el camino propio, permitiendo comprender
que por la expresión de lo negro era posible llegar a la
expresión de lo cubano; de lo cubano ya sin matiz epidérmico,
ni negro ni blanco, pero integrado por la atracción simpática
de esas dos fuerzas fundamentales en la composición social
isleña. Por eso dista mucho de ser fortuito que de inmediato
fuera la sabiduría popular la más rica mina de explotación
artística, ni que en ella hundiera su mano la poesía
para encontrar rápidamente sustancias primarias, vírgenes,
que no hacía falta inventar o explotar, como ha ocurrido
en otras literaturas, donde la moda languideció hasta extinguirse.
(36)
Entre
1930 y 1937, Guillén se desarrolló como poeta y como
intelectual decidido a comprometerse con proyectos de cambio social.
Hizo proselitismo solidario con los republicanos españoles,
con el movimiento antifascista europeo; y cantó a la hermandad
latinoamericana antimperialista.
Como
poeta renovó la literatura cubana. Aceptó ser vicepresidente
de la Sociedad de Estudios Afrocubanos (diciembre de 1936), que
Ortiz constituía para proseguir el atesoramiento de la cultura
popular, que se había comenzado con la Sociedad de Folklore.
La declaración programática asumía como premisa
la mulatez, el mestizaje, y la conveniencia del análisis
de los problemas racistas, que atentaban contra la integración
nacional.
Ortiz
sumaba a Guillén a su nuevo proyecto cultural y sabía
que operaba con valores simbólicos, porque la obra de este
poeta ya se identificaba como una de las formas de lo cubano, representativa
del mestizaje, como matriz del ecumenismo cultural.
Notas
1 Acta
número 1 de la Sociedad de Folklore Cubano. Archivos del
Folklore Cubano (La Habana) (1); 1924.
Esta era la publicación vocera de la Sociedad.
2 Ortiz,
Fernando. Cuentos afrocubanos. Social (La Habana):59,73; mayo, 1927.
Lo
republicó en Archivos de Folklore Cubano, n.4, 1929. Los
subrayados son de Ortiz.
3 Véase
nota 1.
4 Carpentier,
Alejo. En perspectiva. Un concierto típico cubano. La Discusión
(La Habana) 2 de agosto de 1923:3.
Se
ha citado por Cairo, Ana. "La década genérica
del intelectual Carpentier (1923-1933)". En: Letras. Cultura
en Cuba. La Habana : Editorial Pueblo y Educación, 1988.
t. 5, pp. 3-38.
5 Carpentier,
Alejo. La música cubana. El País (La Habana) 1 jul.,
1925.
Se
ha citado por Ana Cairo. "La década
". Op.
cit. (4).
6 Carpentier,
Alejo. Una obra sinfónica cubana. En su: Crónicas.
La Habana : Editorial de Arte y Literatura, 1976. t. 1, p. 42.
7 Guillén,
Nicolás. "La canción del bongó".
En su: Obra poética. La Habana : Instituto Cubano del Libro,
1972. t. 1, pp. 116-118.
El
subrayado es mío. AC.
8 Carpentier,
Alejo. Literatura africana. El País (La Habana) 6 jul., 1925:3.
9 _______.
Le boudha vivant de Paul Morand. Diario de la Marina (La Habana)
11 sept., 1927:42.
_______.
La séptima noche de Paul Morand. Ibídem, 1 en., 1928:33.
10
Guillén, Nicolás. "Palabras fundamentales".
Op. cit. (7), t. 1, pp. 26-27.
Los
subrayados son míos, AC.
11
_______. Mecanuscrito 4 378, apuntes para la conferencia en la sociedad
Lyceum. Fue invitado por Mary Caballero (la esposa de Francisco
Ichaso); declaró que tenía 42 años, medía
1m, 64 cm. y pesaba 148 libras.
Colección Guillén, Archivo Literario del Instituto
de Literatura y Lingüística (AL-ILL). Se agradece la
ayuda de la especialista Marta Pérez para la consulta de
la Colección Guillén y la de la especialista Marcia
Castillo para la Colección Fernández de Castro.
12 Consultada en el libro inédito del investigador y crítico
literario Alexander Pérez: Epistolario de Nicolás
Guillén, bajo el patrocinio del Instituto de Literatura y
Lingüística.
13
Recorte de prensa. Colección Guillén, n. 6 023, AL-ILL.
14
Recorte de prensa. Colección Guillén, n. 6 024, AL-ILL.
15
Idem.
16
Véase nota 12.
17
Colección Guillén, mecanuscrito n. 6 034, AL-ILL.
18
Ortiz, Fernando. Motivos de son. Archivos de Folklore Cubano (La
Habana) 5:222-238; 1930.
19
"Recital de poesías de Nicolás Guillén".
Colección Guillén, mecanuscrito n. 4 233, AL-ILL.
20
Guillén, Nicolás. "Adivinanzas". Op. cit.,
(7). t. 1, pp. 145-146.
Los
subrayados son míos. AC.
21
_______. "Prólogo". Ibídem, pp. 113-114.
Los
subrayados son míos. AC.
22
Urrutia, Gustavo. Cuba, el arte y el negro, III. Diario de la Marina
(La Habana) 16 sept., 1931:2.
23
_______. Cuba, el arte y el negro, IV. Ibídem, 19 sept.,
1902:2.
Los
subrayados son míos. AC.
24
Zea, Leopoldo. Negritud e indigenismo. México D.F : Ediciones
UNAM, 1979.
"Negritud
es un concepto que nace del mismo hombre que ha sufrido dominación
y
discriminaciones en nombre de la supuesta superioridad del hombre
que no es negro sobre el que tiene la piel de este color".
25
Fernández de Castro tuvo amistad permanente con Julio Antonio
Mella (1903-1929) y Rubén Martínez Villena (1899-1934)
líderes antimperialistas y marxistas.
26
Mañach, Jorge. Sóngoro cosongo. El País (La
Habana) 6 oct., 1931.
Recorte
de prensa, Colección Guillén, AL-ILL.
27
Urrutia, Gustavo. Oro virgen. Ibídem, 11 nov., 1931.
Recorte
de prensa. Colección Guillén, AL-ILL.
28
La carta se publicó en el dossier "Marinello en su centenario".
La Gaceta de Cuba (La Habana):2-17; jul.-ag., 1998.
29
Marinello, Juan. "Negrismo y mulatismo". Poética.
Ensayo en entusiasmo. Madrid : Editorial Espasa-Calpe, 1933. pp.
110-112.
30
Ibídem, p. 112.
31
Ídem.
32
Ídem.
33
Ortiz, Fernando. Las confluencias culturales de Cuba. Boletín
de la Unión Panamericana; julio 1943, pp. 373-382.
En
realidad, no fue hasta la conferencia "Los factores humanos
de la cubanidad" (1939) que el concepto del ajiaco se popularizó.
Guillén,
Nicolás. "Cuba, negros, poesía. Esquema para
un ensayo". Colección Guillén mecanuscrito n.
4 678, AL-ILL.
34
Ortiz, Fernando. Más acerca de la poesía mulata I.
Revista Bimestre Cubana (La Habana) 37:33-39; 1936.
35
Guillén, Nicolás. "Cuba, negros, poesía.
Esquema para un ensayo". Colección Guillén, mecanuscrito
n. 4 673, AL-LL.
36
Ídem.
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