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Investigadora del Centro de Estudios Martianos
De una intemperie a otra intemperie: así ejercita ese acto
finísimo de equilibrista Cintio Vitier al traducir el Coup
de dés de Mallarmé a su castellano poético,
isleño por más señas. Al describir el célebre
texto nos dice: "la intemperie trágica, estelar y marina
del Coup de dés [...]" y es, seguramente,
ese imán resueltamente insular de las aguas y los astros
quien lo va empujando por las escuetas palabras pulidas y refulgentes
como gemas, como azotadas por el viento y las olas, en busca de
la equivalencia familiar. Pero, ¿cómo traducir del mallarmeano?
La misma cuestión que despliega José Martí
cuando anota que "Víctor Hugo escribe en Víctor
Hugo", no en francés.
Cintio, el traductor, tendrá que trasvasar los escorzos,
las hipótesis sesgadas de Mallarmé, y tendrá
que hablar la página en blanco, habrá que convocar
los silencios elocuentes y el lenguaje de las valoraciones tipográficas,
tal y como dicta el poeta en el prefacio: "que no queda ninguna
razón para excluir de la Poesía: única fuente".
¿Y cómo se reconoce en ese otro del Coup de dés?
Yo creo que en la intemperie, "transpensada" no "traicionada"
por un texto del cual introdujo su traducción de 1952 en
la revista Orígenes y que lo acompaña aún
como "Prólogo"a Cien años de Mallarmé.
Igitur y otros poemas (Ediciones Igitur, Tarragona, 1998),
donde se lee:
[...] allí donde un poeta enjuicia a otro que por cualquier
motivo le es afín, o se plantea cuestiones fundamentales
sobre la esencia del arte, ¿no intervendrá, junto al
estilo de sus precisiones, un elemento irreductible, caprichoso,
genial, de la misma naturaleza que el silencio de donde saltan las
más profundas sorpresas de la creación?
Vitier siente en lo hondo la angustiosa intensidad del imposible
mallarmeano y por eso es atraído, poderosamente atraído,
hacia uno de los poemas terminados donde ese imposible persigue
su más sintética ilustración, disponiendo lo
escrito a manera de partitura, aunque partitura intervenida continuamente
por los clamores de una significación fragmentaria que el
léxico dispara ¿caprichosamente? sobre las pausas y
los silencios de la página en blanco o en enigmática
complicidad con la valoración tipográfica.
La nueva constelación que construye Cintio del texto de
Mallarmé se inserta con nuevas figuras en otro universo lingüístico.
Primero se desprendió del poemario del francés para
integrarse al cosmos origenista y en 1971 lo vemos donosamente y
en su misterio, navegando en una antología madrileña
de las ediciones Visor que prologa José Lezama Lima y donde
reza: "A veces pienso, como en el final de un coro griego o
de una nueva epifanía, que sus páginas y el murmullo
de sus timbres, serán alzados algún día, como
en un fascistol poliédrico, para ser leído por los
dioses".
Y luego, ahora mismo, y con motivo del centenario de su muerte,
sale de nuevo al infinito poético de sus traducciones españolas.
Y al seguirle los pasos a la jugada críptica del poeta de
Francia, Cintio se mueve en el respeto a su letra respirada y murmura
como para sí, imitando, reinventando más que traduciendo,
como si ejecutara una ceremonia que
le ha sido mostrada y entonces, traduce el último, famoso
verso:
Todo Pensamiento lanza un Golpe de Dados.
donde escribió Mallarmé:
Toute Pensée émet un Coup de Dés.
Y he aquí que entre émet y lanza están
las dos intemperies diferenciadas por una voluntad que no "emite"
sino que "lanza".
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