Carlos Villanueva Llamas (1886-1982), fue Director de la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM) desde 1946 hasta 1948.

La Biblioteca Nacional de Cuba creada el 18 de octubre de 1901, con los fondos donados por su primer director Don Domingo Figarola Caneda vio llegar a sus oscuro y húmedos salones la figura frágil y pequeña de Carlos Villanueva, joven inquieto y laborioso, quien resultaría durante más de seis décadas fiel custodio de aquellos fondos y testigo de excepción de la angustiosa forja que precedió a la BNJM antes de 1959.

La historia laboral de Carlos Villanueva es parte de la historia de la BNJM, así como la historia de la BNJM es parte de la historia de la Cuba republicana. Esta Institución desprovista durante más de 50 años de apoyo oficial y apenas sostenida por exiguos presupuestos, se mantuvo gracias a la obra de buena voluntad y el tesón de los cubanos ilustres que habían hecho posible su creación. Y en esta obra, tareas de fundadores, estuvo presente siempre el esfuerzo, la dedicación y la entrega total de Carlos Villanueva a la Biblioteca y a su servicio: razón de ser su existencia.

Desde muy joven había comenzado a trabajar en dependencias de la Secretaría de Educación; pero a pesar de su disciplina y eficiencia, pronto fue cesanteado, meses después logra su nombramiento para trabajar en la BNJM, donde creyó encontrar su destierro. Sin embargo, el magisterio de Figarola Caneda influyó determinantemente en su proyección futura. Fue tal el interés que este erudito cubano le inculcó por el libro, y el servicio público de la cultura, que años después rechazó mejores propuestas de trabajo por parte de la Academia Nacional de Arte y Letras. El 30 de octubre de 1909, es ascendido a guarda o vigilante del entonces único salón de lectura. En el transcurso de los años, fue designado, estacionario, en 1918, encargado de materiales, en 1924, y bibliotecario, en 1925. Su pasión por servir y el conocimiento de todas las colecciones de la BNC a pesar de la desorganización que la caracterizó en esos años, lo convierte en uno de los mejores referencistas de la cultura cubana.

Posteriormente en 1929 Villanueva sufre el traslado de la BNJM y la colocación en cajas de sus libros, hacia los sótanos de la Cárcel de la Habana, poco después un incendio destruiría la colección.

El despojo perpetuado a la BNJM promovió heroicas campañas por parte de Emilio Roig de Lenchsensing quien en 1936 funda la sociedad Amigos del Libro a la cual se vincula Carlos Villanueva. Esta sociedad reconoció por derecho propio a Villanueva como uno de los mejores amigos de la BNC e hizo pública una declaración pidiendo para él la Cruz de la Orden Carlos Manuel de Céspedes, la cual le sería concedida en los años 40. En 1938 el ignorante y despiadado jefe de Policía José Eleuterio Pedraza trasladó la Biblioteca de la Maestranza de Artillería al Castillo de la Fuerza. Allí Villanueva rodeado de torres de libros y periódicos recorrería durante años los oscuros y húmedos pasillos alumbrados por bombillos de escasa luz, tratando de proteger los fondos de la BNC de todos los peligros.

Permanecía en ella durante las noches de amenaza ciclónica para evitar que se estropearan los fondos más valiosos del país debido al mal estado de los antiguos techos del Catillo.

Por esa época Villanueva apoyaría la creación de la Junta de Patronos por la ley de 21 de marzo de 1941, la cual creaba también el impuesto de medir centavo por cada saco de azúcar de 325 libras, para arbitrar los fondos con los que se construiría años después un nuevo edificio para la BNC.

A fines de 1946 fallece el segundo director de la Biblioteca, Francisco de Paula Coronado, para quien Villanueva había sido siempre el bibliotecario indispensable; unos meses antes José Antonio Ramos renunciaba al cargo de Asesor Técnico. Tocaba entonces a Villanueva la responsabilidad de la Institución. Villanueva acepta la dirección provisional, no así la dirección en propiedad por no considerarse merecedor de sustituir a Coronado. Además sabía que la falta de recursos le impediría fortalecer los libros de Ramos. Logró sin embargo, conservar la reorganización emprendida la cual fue de hecho una gran empresa.

Años más tarde, en 1957, participa en el traslado de la BN a su nuevo edificio. Su pasión por el trabajo le imprimió la fuerza necesaria para empacar fondos, a pesar de sus 71 años de edad. Ya por esta época tenía a su cargo la Homerteca  de la BN a la cual consagró sus últimos años. El catálogo diccionario que logró confeccionar durante años y que aun en nuestros días es obra de obligatoria consulta, es valedero antecedente del Índice de Publicaciones Periódicas Cubanas que aun se compila.

El ímpetu de la Revolución del 59 concedió el privilegio de ver renacer la BNC haciéndose realidad el sueño de su vida.

Unos meses antes de su muerte ocurrida el 22 de abril de 1982 la BNC al celebrar su 80 aniversario se honró con la presenció de Villanueva quien pudo visitar a esta, su casa, por última vez.

Carlos Villanueva transmitió su pasión bibliotecaria a las generaciones que le sucedieron hasta que vencido por la edad se retirara a los 66 años de labor, el 31 de octubre de 1969. La historia de la BNC no podrá escribirse sin incluir el esfuerzo gigante y la pasión de Villanueva, uno de sus más recios forjadores.

 

Dra. Araceli García Carranza